El nombre remite a cierta modernidad
o a algo que, al menos, comenzamos a leer en las etiquetas en
los años recientes. Algún distraído podría
creer que se trata del nombre de un nuevo boliche, y sin embargo
las raíces de la palabra se extienden hasta la antigüedad.
Syrah es una cepa tinta con mucha presencia aromática.
Suele dar resultados muy diversos de acuerdo al lugar de plantación,
y dar vinos robustos hasta los de cuerpo medio. La zona cuyana,
en donde mejor se desarrolla en nuestro país, suele ofrecer
un líquido cálido, agradable y con alto grado alcohólico.
Hasta San Juan, provincia en donde esta variedad ofrece su futuro
más prometedor, llegó la syrah que fructificó
en el Oriente hace mucho tiempo, y que por los cruzados se afincó
en el norte del Ródano francés, antes de pasar a
ser la cepa característica de Australia. ¡Cuánto
camino y civilizaciones recorridas!.
¿Será por haber vencido al tiempo que esta cepa,
junto con el cabernet, es de las mejores que se ofrecen para la
guarda? Indudablemente tiene la sapiencia y la paciencia del tiempo.
También, es con el Cabernet Sauvignón con el que
suele ser utilizado en cortes para lograr excelentes bivarietales.
Así como es sincero al gusto, y susceptible de descifrar,
el syrah no parece ofrecer dudas acerca de su origen. Pareciera
haber sembrado las pruebas para ser descubierto.
Se han encontrado semillas calcinadas de la variedad vitis vinífera
(es decir, uvas que sirven para elaborar vino bebible), y vestigios
de plantaciones organizadas, en innumerables ciudades antiguas.
La Syrah es, con cierta certeza, una de las variedades que aún
perduran, y existieron en los albores de la civilización.
Veamos por qué: Chiraz o Shiraz fue una ciudad de la antigua
Persia, cerca del Golfo Pérsico, se supone que de allí
evoluciona la denominación “syrah”. Se sabe
además, que aquella zona posee un clima propicio y en la
antigüedad era tierra de agricultura. El misterio parece
esclarecido si se tiene en cuenta que, desde Chiraz, se repartía
vino al Imperio Persa llegando hasta la India. Los caravaneros
se encargaron de que existan más rastros de Syrah en Siria
(¡vaya similitud!) y en Siracusa (¿algo que ver con
la cepa en cuestión?).
Si bien, como hemos señalado en otras oportunidades, el
vino de aquellos tiempos no era una bebida de calidad (por las
condiciones de elaboración), lo cierto es que podemos deducir
que la variedad Syrah es una de las variedades más antigua
de uva como vitis vinífera.
Desde el Oriente habría sido llevada por los cruzados hacia
Francia. Para que se transformara en la cepa emblemática
de Australia (así como el Malbec lo es de Argentina) tendrían
que llegar algunas estacas en el bolso de viaje de un colono con
ideas claras en cuanto a estilos de vino. En 1832 James Busby
llevó a Australia esquejes de syrah, de la región
del Ródano. Allí la cepa se aquerenció y
alcanzó sus condiciones óptimas, permitiéndole
a la naciente burguesía australiana iniciarse en la cultura
del vino, a la usanza de la aristocracia europea.
Hoy el syrah forma parte del glosario de nuestros vinos y gana
popularidad día a día. Ideal para acompañar
platos más bien fuertes como el cordero, su temperatura
ideal fluctúa entre los 16 y 18 grados. En los días
tórridos de verano, es permisible refrescarlo en un balde
con hielo, pero no lo hiele, como es manía de los argentinos,
hasta empañar la copa.
El viajero exótico está entre nosotros, con reminiscencias
del Oriente, es hora de darle la bienvenida.