Las últimas luces electorales se iban apagando
en la noche del domingo 24 de octubre. Los grandes medios de comunicación
enfocaban a los ganadores, los candidatos triunfantes esgrimían
sus mejores discursos. Los televisores ametrallaron sus cifras
abrumadoramente mayoritarias del oficialismo, y se apagaron en
varios hogares con la certeza incontrastable del logro kirchnerista.
La única verdad, es la última imagen televisiva;
hace un tiempo “la única verdad era la realidad”,
ahora la realidad la moldean, procesan y diseñan, los grandes
medios de comunicación gráficos y televisivos.
Hasta ahí, una historia bastante conocida por todos. En
cambio, la historia que narraré a continuación,
no está tan difundida; más bien es algo que ha transcurrido
en las bambalinas de la realidad, de esa realidad que editan los
grandes medios de comunicación.
Un estudio elaborado por el Instituto de Estudios y Formación
(IDEF) de la CTA, tomó las cifras del escrutinio electoral
del 24 de octubre, puras, sin el filtro mediático. Del
total del padrón nacional habilitado para votar (26.098.099
personas), concurrieron a las urnas 16.861.982 votantes. La suma
de aquellos que no concurrieron a sufragar, votaron en blanco
o impugnaron, alcanza al 35%, lo que equivale 9.236.117 personas.
Los números redondos, contundentes, 40%, 45%, o 46%, que
despacharon progresivamente las pantallas de TV, y los cazadores
de primicias, eran porcentajes calculados sobre el total de votos
válidamente emitidos.
En cambio, si las cifras se calculan sobre el total del padrón
electoral, la reducción es evidente e irrefutable. El Frente
para la Victoria y sus aliados, obtuvieron el 26,1% de los votos,
superados por el difuso “conjunto” de los ausentes
y de los que votaron en blanco o cuyo voto fue nulo.
Esto también deja una enseñanza para el futuro,
aquellos que impugnan su voto o pertenecen al Club 501 (contingente
unido por el objetivo de recorrer esa cantidad de kilómetros
-501- desde su lugar de residencia para quedar exceptuados de
votar) no son tenidos en cuenta y lo único que logran es
achicar la base sobre la que se calculan los sufragios emitidos.
Por lo tanto, lo que expresan esos votantes que no ejercieron
su derecho al sufragio, es indignación, apatía,
desencanto, pero no podemos saber que piensan o que esperan para
el país.
El recorte de ese padrón ausente, de ese 35,4%, permite
cincelar el 40% que enmarcó el triunfo kirchnerista. La
sola referencia al total del padrón, hace que los votos
kirchneristas se reduzcan al 26,1%.
Por otra parte, el domingo electoral se habló de record
de asistencia. Se trata de un mensaje voluntarioso, pero que desmiente
el 29% de ausentes, y que supera al 22% que se abstuvo en la última
elección presidencial, y en 2001 (26%).
La sociedad teledirigida descripta por Sartori no es imaginación
futurista, ni un desvelo intelectual, es el pan nuestro de cada
día. La imagen se instala. La noticia ya digerida es recibida
sin espíritu crítico. Finalmente, a esas imágenes
elocuentes y triunfales de la noche del 24 le sucederían
otras imágenes, las que a su vez serían reemplazadas
por nuevas noticias.
(*) Sociólogo. Graduado en la Univ. de
Buenos Aires
Fuente: Elaboración IDEF en base al
Ministerio del Interior