Allá por el final de los
años 40 del siglo XX fueron noticia nacional durante cierto
tiempo dos personajes que atrajeron la atención del público
por un par de razones un tanto fantasiosas. Se llamaba uno de
ellos Viernes Scardulla, en tanto el otro usaba un apellido compuesto:
Baigorri Velar. Uno porque buscaba un tesoro, y el otro porque
decía que había inventado un sistema para hacer
llover. Veamos.
El tal Viernes Scardulla había
obtenido un permiso del gobierno nacional para hacer excavaciones
en la calle frente a la Casa Rosada, porque sostenía que,
según sus estudios, en un lugar no totalmente determinado
de ese sector existía, enterrado desde tiempos del Virreynato,
un tesoro fabuloso integrado por varios cofres contenedores de
monedas de oro, alhajas valiosas y otros elementos de alto precio.
Había gestionado la autorización para ese trabajo
de búsqueda del tesoro, y ofrecido una participación
importante el tesoro nacional en concepto de donación,
además de lo que por imposiciones fiscales se devengare
en caso de que el hallazgo se produjera. Para eso se concedió
un lapso de algunos días, y así fue como el señor
Scardulla adquirió una notoriedad que se plasmó
en los diarios y las emisoras de radio de ese tiempo, posiblemente
anterior a la instalación del peronismo.
Lo cierto es que don Viernes efectuó
numerosas excavaciones que debieron ser prolijamente rellenadas
y reparado el pavimento afectado, pero el mentado tesoro no apareció
nunca. Así fue como decir Viernes Scardulla pasó
a ser una de las formas de la entonces llamada “cachada
criolla” para significar la fantasía, la credulidad
y el fiasco.
Un tiempo más adelante una
noticia resultó de gran atractivo nacional: un ciudadano
argentino había creado un sistema para hacer llover a voluntad.
Diarios, radios y revistas acosaron al señor Baigorri Velar
para inquirir sobre ese increíble invento con el cual dominaría
los ciclos de lluvias, con lo que se terminarían los tiempos
de sequía que tanto castigan a la producción rural.
Es de imaginar el estado de excitación que despertó
el anuncio del extraordinario “inventor”, quien se
comprometió a demostrar las bondades de su creación
un día en que el Servicio Meteorológico Nacional
anunciara que no habría lluvia, poniendo en marcha su dispositivo
para que lloviera a cántaros sobre la Capital. Días
y días previos fue noticia el suspenso colectivo creado
en torno de lo que podría acaecer en la fecha determinada.
Pero no cayó una sola gota de lluvia. Sol radiante. Los
que nunca creyeron en la viabilidad del invento miraban, con sonrisas
socarronas, a los que confiaban, aunque no sin reservas por las
dudas, en que se estaba ante una creación milagrosa.
Ambos, Viernes Scardulla y Baigorri
Velar fueron historia ya olvidada, pero por ahí siguen
impresos sus nombres en las ediciones de sus tiempos. Porque en
su momento fueron personajes que entre bromas y veras hicieron
circular sus identidades en una sociedad que, más que impresionarse
a fondo por estas situaciones, se divertía con ellas y
usaba esos apellidos para la broma intrascendente de las charlas
de café o de la calle.