Bajar los días desde los
almanaques, como pétalos de flores que al caer cubren el
suelo de recuerdos, así deshojamos los meses hasta consumir
el año. Mientras tanto, las necesidades y angustias personales,
hacen que se sueñen mejores días y, como consecuencia
de ello, comencemos a imaginarnos tiempos mejores que vendrán
a cambiarnos la historia, sin embargo, la realidad es que, sigue
el baile. Cada Navidad, cada Año Nuevo genera ese potencial
deseo que nos hace creer con fuerza que el futuro será
nuestro y que, en cada día del almanaque lloverán
millones de alegrías y sin embargo, sigue el baile. Algunos
buenos momentos llegan a plasmarse, otros no. A cada festejo nos
decimos que vendrán tiempos mejores y sin embargo, sigue
el baile.
Vuelven a nuestros recuerdos, aquellos días en que comenzábamos
a ingresar en la adolescencia feliz. En esos días en que
la importancia de vivir estribaba en poder conseguir alegrías
sin lastimar a nadie. En esos locos días, soñábamos
con fiestas, música, jarana plena junto a jovencitas bonitas
para poder bailar, charlar o ingresar en amores de un día.
En esos lances me llega a la memoria una anécdota jocosa
que nos ocurrió en momentos en que me despojaba de la adolescencia
para ir ingresando en la juventud ubicada en los alrededores de
la madurez sin llegar a superar los límites que los separa
el uno del otro. Un amigo de aquellos tiempos, hijo del compositor
litoraleño don Pedro Sánchez, autor de muchas piezas
criollas, entre ellas más famosa titulada “Los Arrieros”,
tenía una hija medio feita, algo morochita y porqué
no, un tanto deslucida, es decir, honestamente, no nos gustaba
nada; la mamá cinchaba a favor de la nena, a nuestro pesar.
Cada vez que iba a ver a mi amigo, me deslizaba indirectas directamente
a mi persona, mientras yo sonriendo eludía los embates
maternos con una sonrisa de cumplido. Un día al abrirme
la puerta, la madre tiró un tiro por elevación “La
nena te hizo una torta”, la miré y entrecortadamente
le dije en voz baja “Qué bien” ahora había
que comerla y ahí nomás diciendo y haciendo me pusieron
enfrente un plato con un trozo de ese plastificado pastel. Sufriendo,
entre sonrisas y cumplidos, fui deglutiendo el incomible postre
casi crudo y al concluir me preguntaron “Qué tal?”,
despegándome los dientes de la masa cruda, dije lo mejor
posible con una sonrisa casi dibujada “Bien muy bien, gracias”.
Mi amigo no estaba con lo que, saludando salí lo más
rápido que pude. Pasaron los meses y por diversos motivos,
no volví a lo de mi amigo. Cierto día me invitaron
a la fiesta de las Bodas de Plata del músico cordobés
Ciriaco Ortiz, uno de los grandes bandoneonista de aquellos tiempos,
cuyo hijo era parte de la barra que, semana a semana, azolábamos
los barrios de la ciudad y sus alrededores. En esa fiesta, gozamos
del dúo entre Ciriaco y Anibal Troilo, padrino de mi amigo.
Nos deleitamos con sus milongueras interpretaciones; en un momento,
giramos la cabeza hacia un lado y la vimos. Junto a la puerta
de acceso a la terraza, apartada de todos, estaba una jovencita
muy bonita. Me acerqué para entablar una conversación
y me dijo “Qué tal?”, la sorpresa me paralizó,
era la hermana feucha de mi amigo Sánchez. No lo podía
creer pero era así. Charlamos y nos enteramos que ya era
tarde, estaba por casarse con un joven del sur. Me quedé
paralizado; aquel monito feucho se había convertido en
una preciosa jovencita. “Todo cambia” me dije, con
tristeza y bailamos, charlamos y nos deslumbramos de aquella preciosidad
que, en pocos días dejaría su soltería y
la ciudad. No la volví a ver. Supe que estaba por Bahía
Blanca con hijos y algo gordita. Aquel día nos dijo “Porque
no volviste?”, Mirándola me conteste para mi, solitariamente
“Por estúpido”. Y...siguió el baile.
Después conocimos a quién sería nuestra esposa,
pero es tema de otra anécdota más feliz.
Hoy está por irse otro año, los saludos y deseos
de felicidades se van diseminando a nuestro alrededor y quisimos
dejar en estas instancias, un buen ejemplo que nos cupo compartir
con todo el pueblo; la imagen de David Nalbandian, creímos
que era ese ejemplo que tanto necesita nuestra juventud para aprender
que el tesón y la constancia, son los únicos valores
que dan frutos, por ello lo pusimos para que se miren en ese espejo.
A todos les deseo muy felices fiestas. Una hermosa Navidad y un
próspero Año Nuevo. Que Dios los
bendiga. Gracias por todo. Salud.