edición 110 - 19 de Diciembre - 3975/5000 ejemplares -
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Y siga el baile…
por Carlos Arraga


Bajar los días desde los almanaques, como pétalos de flores que al caer cubren el suelo de recuerdos, así deshojamos los meses hasta consumir el año. Mientras tanto, las necesidades y angustias personales, hacen que se sueñen mejores días y, como consecuencia de ello, comencemos a imaginarnos tiempos mejores que vendrán a cambiarnos la historia, sin embargo, la realidad es que, sigue el baile. Cada Navidad, cada Año Nuevo genera ese potencial deseo que nos hace creer con fuerza que el futuro será nuestro y que, en cada día del almanaque lloverán millones de alegrías y sin embargo, sigue el baile. Algunos buenos momentos llegan a plasmarse, otros no. A cada festejo nos decimos que vendrán tiempos mejores y sin embargo, sigue el baile.
Vuelven a nuestros recuerdos, aquellos días en que comenzábamos a ingresar en la adolescencia feliz. En esos días en que la importancia de vivir estribaba en poder conseguir alegrías sin lastimar a nadie. En esos locos días, soñábamos con fiestas, música, jarana plena junto a jovencitas bonitas para poder bailar, charlar o ingresar en amores de un día. En esos lances me llega a la memoria una anécdota jocosa que nos ocurrió en momentos en que me despojaba de la adolescencia para ir ingresando en la juventud ubicada en los alrededores de la madurez sin llegar a superar los límites que los separa el uno del otro. Un amigo de aquellos tiempos, hijo del compositor litoraleño don Pedro Sánchez, autor de muchas piezas criollas, entre ellas más famosa titulada “Los Arrieros”, tenía una hija medio feita, algo morochita y porqué no, un tanto deslucida, es decir, honestamente, no nos gustaba nada; la mamá cinchaba a favor de la nena, a nuestro pesar. Cada vez que iba a ver a mi amigo, me deslizaba indirectas directamente a mi persona, mientras yo sonriendo eludía los embates maternos con una sonrisa de cumplido. Un día al abrirme la puerta, la madre tiró un tiro por elevación “La nena te hizo una torta”, la miré y entrecortadamente le dije en voz baja “Qué bien” ahora había que comerla y ahí nomás diciendo y haciendo me pusieron enfrente un plato con un trozo de ese plastificado pastel. Sufriendo, entre sonrisas y cumplidos, fui deglutiendo el incomible postre casi crudo y al concluir me preguntaron “Qué tal?”, despegándome los dientes de la masa cruda, dije lo mejor posible con una sonrisa casi dibujada “Bien muy bien, gracias”. Mi amigo no estaba con lo que, saludando salí lo más rápido que pude. Pasaron los meses y por diversos motivos, no volví a lo de mi amigo. Cierto día me invitaron a la fiesta de las Bodas de Plata del músico cordobés Ciriaco Ortiz, uno de los grandes bandoneonista de aquellos tiempos, cuyo hijo era parte de la barra que, semana a semana, azolábamos los barrios de la ciudad y sus alrededores. En esa fiesta, gozamos del dúo entre Ciriaco y Anibal Troilo, padrino de mi amigo. Nos deleitamos con sus milongueras interpretaciones; en un momento, giramos la cabeza hacia un lado y la vimos. Junto a la puerta de acceso a la terraza, apartada de todos, estaba una jovencita muy bonita. Me acerqué para entablar una conversación y me dijo “Qué tal?”, la sorpresa me paralizó, era la hermana feucha de mi amigo Sánchez. No lo podía creer pero era así. Charlamos y nos enteramos que ya era tarde, estaba por casarse con un joven del sur. Me quedé paralizado; aquel monito feucho se había convertido en una preciosa jovencita. “Todo cambia” me dije, con tristeza y bailamos, charlamos y nos deslumbramos de aquella preciosidad que, en pocos días dejaría su soltería y la ciudad. No la volví a ver. Supe que estaba por Bahía Blanca con hijos y algo gordita. Aquel día nos dijo “Porque no volviste?”, Mirándola me conteste para mi, solitariamente “Por estúpido”. Y...siguió el baile. Después conocimos a quién sería nuestra esposa, pero es tema de otra anécdota más feliz.
Hoy está por irse otro año, los saludos y deseos de felicidades se van diseminando a nuestro alrededor y quisimos dejar en estas instancias, un buen ejemplo que nos cupo compartir con todo el pueblo; la imagen de David Nalbandian, creímos que era ese ejemplo que tanto necesita nuestra juventud para aprender que el tesón y la constancia, son los únicos valores que dan frutos, por ello lo pusimos para que se miren en ese espejo.
A todos les deseo muy felices fiestas. Una hermosa Navidad y un próspero Año Nuevo. Que Dios los bendiga. Gracias por todo. Salud.

 
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