Por estos días esta pasando,
y despidiendose el cumpleaños de “mi ciudad”,
Olavarría, que mejor que dedicarle una poesía, que
escribí con el corazón en 1973 a los dos escalones
(de 17 mts. de largo) que están ubicados en Brown y Belgrano
donde estuvo la usina (eléctrica) vieja donde trabajó
mi papá teniendo de compañero a Don Torcuato Emiliozzi,
padre de Dante y Tito.
Los dos escalones
Hay dos escalones en Olavarría
que están todavía de hace mucho tiempo
los abraza el sol, los moja las lluvias
los castiga el viento.
Son dos escalones que no dicen nada
el sol de mañana le da bien de frente
la espalda a la tarde el sol del poniente
están ahí clavados en Brown y Belgrano
casi junto al puente.
Son dos escalones de color grisáceos
que quedaron solos, que viven despacio,
parece un desierto, el arroyo pasa
tan cerquita de ellos, y...ellos no lo ven,
tan sólo escucha que el agua les canta
un triste concierto, con coros de plantas.
Ahí hubo una usina, trabajó
mi viejo
en el año treinta, está aquí sentado
a tres pasos míos...ya tiene ochenta.
como escalones él y yo vivimos
así siempre juntos sintiendo lo mismo
haciendo un esfuerzo para subsistir
distintas edades y el mismo sentir.
Como escalones se vive la vida
unos allá arriba, otros sepultados,
cuando lo subimos corriendo lo hacemos
hasta de a tres juntos pa’ poder llegar...
cuando descendemos lo hacemos despacio,
es como en la vida, a nadie le gusta llegar tan abajo.
Si un día dios mio me lleva
a mi viejo
le pido señores que a los escalones
lo saquen no más, por que ahora siento
penetrarme el frío, ya no quiero verlos
ni quiero sentir el aroma espeso
que mana el cimiento, ¡pero no!... no quisiera
que nadie los toque, que sigan ahí juntos
a la eternidad, me traerán recuerdos
de color grisáceos, pero haré de cuenta...
que mi viejo está.
También en este ínterin, pasó como acariciándome...
El día del canillita. Escribí un día una
poesía al canillita del año ‘40 (de Buenos
Aires) y me tomo la facultad de dedicarsela a mi diariero de más
de 30 años, que me imagino lo que Dios lo ayuda en su estado
de salud, pues este querido “Negro Avila”, no falta
casi nunca a su reparto; además como persona tiene demasiadas
cualidades humanas, que ventila en las madrugadas, de frío,
calor, viento y lluvia, y que va dejando una estela de sacrificio.
Por eso el diría: ¡Qué tiempos aquellos!;
Pensando en su primer día de reparto.
“Canillita del ‘40”
Corazón de niño...
es tu sentimiento hecho de algodón,
como una caricia es tu voz sonora
que se vuelve ronca
gimiendo un pregón...
igual que los sapos, vivís en la esquina
y el verde esperanza en tu corazón,
el mismo que luce, tu kiosco porteño
hoy, vos sos el dueño de esta evocación.
Boy Scout, de esquina...
que ayudas a un niño, la calle cruzar
le explicas a un joven, cual es ese micro
que debe tomar,
le vendes el diario a una pebeta
y con una sonrisa, el vuelto le das,
te fumas un pucho, con aire porteño
y silbas un tango para matizar.
Sos guía de Buenos Aires...
canilla adulto
filósofo honorario de mi ciudad
cuando todos mostramos
nuestros problemas...
vos en tu cara buena, los ocultas,
Dios te hizo de barro, igual que a todos,
pero vos sos distinto...
que los demás.