Sábado 3 de diciembre al
mediodía. Cinco personas trabajaban en el edificio donde
operó el Cine Olavarría. Colocaban una cenefa de
chapa doblada a lo largo del alero sobre la Vicente López.
Sin casco, sin guantes, sin zapatos de seguridad. Tampoco tenían
arnés. Se ganaban la vida debajo de la lluvia. Cerca del
tendido de cables trifásicos. La tarea finalizó,
en medio de la irresponsabilidad de unos cuántos.
Sábado 26 de noviembre al
mediodía. Alguien concurrió a una farmacia para
comprar una caja de comprimidos. El farmacéutico, previo
cobro de la factura, se comprometió a enviar el producto.
Cuando el moto-mandados arribó al domicilio indicado en
el envoltorio, no fue atendido. Tocó timbre en la casa
de al lado:
- Señora, este medicamento es para su vecina. ¿Lo
podría recibir? Me resultaría difícil poder
volver en otro momento.
-¡Déjelo! En unos minutos, cuando regrese de su negocio,
se lo entrego.
Y así pasó. El farmacéutico cumplió
con el envío, el moto-mandados en la entrega. Y la vecina
caminó hasta el comercio de la destinataria, imaginando
responder a una inminente necesidad.
Pero la tarea no finalizó, en medio de la responsabilidad
de unos cuántos.
-Esto no es mío, respondió la vecina. -Yo no encargue
ningún remedio.
Es probable que el farmacéutico, luego de interrogar al
moto-mandados, certificara:
-¡Lo entregó en la casa de su vecina!
También es posible imaginar la discusión.
Posdata.
Una comunidad se recrea cotidianamente. ¿Qué esperamos
del 2006?
Y si usted compró la caja de comprimidos que nunca recibió,
puede retirarla de nuestro domicilio.