Transitando los senderos de la vida,
unos rectos, otros torcidos con curvas que van y vienen o que
suben y bajan tal si fueran caminos serranos, recordamos tiempos
idos que comenzaron en algún enero perdido en el tiempo.
Recordamos que, cuando eramos niños, a principios del año,
mandábamos la carta al cielo para que nos trajeran lo pedido.
Así llegó la apreciada escopeta de aire comprimido
marca Diana que sólo utilizábamos para practicar
el tiro al blanco; la réplica del hidroavión bimotor
Packar Cliper; así llegaron las pistas de ferrocarriles,
la de automóviles de carrera y la de caballos de carrera;
así llegó la mágica lancha que funcionaba
con una velita de noche puesta en su interior y que usábamos
en algún lago de la ciudad o en la bañera de casa,
como también el velero que grácilmente se movía
con el más leve viento; así tuvimos la mesita de
billar, nunca jamás como la pool importada que dejó
en el olvido la carambola libre, tres bandas, cuadro, casín
o fantasía, brillantemente ejercitados por aquella época
por los hermanos Navarra, Ezequiel, Juan y Roberto; como entre
otros Pedro Carrera quien fue el triple campeón mundial
en las especialidades del libre, tres bandas y cuadro, al que
en el ‘48 llevó mi padre a Europa cuando era Secretario
de la Federación Argentina de Billar para traerse esos
títulos, caso único en ese entonces. En el ‘49
Ezequiel Navarra, tomó revancha en el país, de la
prefabricada derrota que sufrió en los E.E.U.U a manos
de Willy Hope, campeón del lugar y quien con el fraude
de usar una mesa antirreglamentaria consiguió el éxito;
en agradecimiento de la Federación por haber conseguido
la oportunidad de la revancha, le otorgó a mi padre la
medalla de plata que, a su muerte heredé junto al taco
firmado por los campeones europeos de aquel entonces, a los que
venció Carrera para lograr el triple campeonato; junto
con esos valores, tenía las fotos de encuentros y diversos
botones de solapa de las distintas Federaciones europeas que se
fueron navegando en la inundación del ‘80. Siguiendo
el relato de los regalos llegados del cielo, en diversas épocas,
otros llegaron y en otras, por efecto de la situación económica
que se vivía, no venían por lógica. De esta
manera, cada año llegaba una alegría traída
sobre los camellos de los ausentes Reyes Magos, hoy desplazados
por ese gordinflón rojo y blanco quién con su jo,
jo, jo, importado pretende llenar la auténtica magia del
Medio Oriente; este gordo incluso, no pertenece a nuestro ambiente,
él es habitante del ártico gélido y blanco,
aquí está fuera del lugar y está gracias
a los medios del país que prefieren cobrar los dólares
para acompañar la infancia foránea que seguir acompañando
el mantenimiento de nuestras tradiciones.
Hay que recordar para poder evitar nuevas frustraciones a los
que nos tienen acostumbrados los políticos de siempre,
quienes, al subir a los estrados del poder, olvidan todo, sufriendo
la amnesia de la caradurez. En el ‘46 lo vivimos en directo.
Para conseguir la mentada “Independencia Económica”
se produjo el comienzo de la dependencia nacional. Se cerraron
los lugares que servían y se abrió un gran servicio
para la corrupción. Uno de esos lugares útiles,
eran las Oficinas Químicas Nacionales que controlaban el
ingreso de bebidas entre otras cosas. Expertos químicos,
realizaban las tareas desde hacia muchos años. El Dr. Raúl
D. Candioti, sobrino del conocido nadador, entrerriano como él,
don Pedro Candioti, era el esposo de la hermana de mi madre, por
el que supe la barbaridad que se cometía. No actuaba por
rencor ya que, al cesar en su trabajo, pasó directamente
a una empresa foránea que lo catapultó a primera
línea haciéndolo conocer en todo el país
a través de los medios, como el “Experto” que
todo el mundo conoció. Así que, de arrumbado en
una oficina pública cita en Av. Madero entre Av. Corrientes
y Sarmiento, pasó a ser popular gracias a la permanente
imprudencia nacional que prefiere engordar los vicios en vez de
reconocer los beneficios. Esto es hasta hoy y de gobiernos que
creíamos haber notado algún cambio, luego de un
fructuoso resultado electoral, parece que han caído en
la proverbial costumbre del agradecimiento, casi llevándose
a todo el mundo por delante, como dijeran los reyes franceses
“El Estado soy yo”. La fatuidad es lamentable, cuanto
más en un representante del pueblo, del que depende. Así
lo demuestra el asesino tejano quien al término de la Cumbre
de Mar del Plata el pasado 4/11/05, mientras iba saludando a sus
pares y representantes de cada país, al pasar junto a su
Secretaria de Estado banalmente exhibió un saludo como
lo hacen los basketbolistas festejando el triunfo, batiendo sus
palmas en significativa expresión de triunfo, ¿De
qué? Ya lo sabremos alguna vez, porque, de una forma o
de otra siempre se llega a saber, es cuestión de saber
esperar. Así logramos conocer las consecuencias que habríamos
de tener con las ingerencias de la bebida yanqui, la que con su
sistema de adicción, se fue apoderando de las voluntades
nacionales y ya está a punto de liquidarnos en los tradicionales
festivales los que, de sus hábitos y costumbres, se van
volcando a los hábitos y costumbres del norte perdiéndose,
paulatinamente, los hábitos y costumbres nacionales.
Lástima argentinos, no sólo nos estamos quedando
sin niño Jesús, sin sus padres y los Reyes Magos
sino que también, nos vamos quedando sin tradiciones, gracias
a la permisividad de los gobiernos y el empuje de la bebida provocadora
de adicciones y de pésimas costumbres que influyen a la
juventud.