edición 111 - 20 de Enero - 5000 ejemplares -
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¿Dónde están?
Por Carlos Arraga


Transitando los senderos de la vida, unos rectos, otros torcidos con curvas que van y vienen o que suben y bajan tal si fueran caminos serranos, recordamos tiempos idos que comenzaron en algún enero perdido en el tiempo. Recordamos que, cuando eramos niños, a principios del año, mandábamos la carta al cielo para que nos trajeran lo pedido. Así llegó la apreciada escopeta de aire comprimido marca Diana que sólo utilizábamos para practicar el tiro al blanco; la réplica del hidroavión bimotor Packar Cliper; así llegaron las pistas de ferrocarriles, la de automóviles de carrera y la de caballos de carrera; así llegó la mágica lancha que funcionaba con una velita de noche puesta en su interior y que usábamos en algún lago de la ciudad o en la bañera de casa, como también el velero que grácilmente se movía con el más leve viento; así tuvimos la mesita de billar, nunca jamás como la pool importada que dejó en el olvido la carambola libre, tres bandas, cuadro, casín o fantasía, brillantemente ejercitados por aquella época por los hermanos Navarra, Ezequiel, Juan y Roberto; como entre otros Pedro Carrera quien fue el triple campeón mundial en las especialidades del libre, tres bandas y cuadro, al que en el ‘48 llevó mi padre a Europa cuando era Secretario de la Federación Argentina de Billar para traerse esos títulos, caso único en ese entonces. En el ‘49 Ezequiel Navarra, tomó revancha en el país, de la prefabricada derrota que sufrió en los E.E.U.U a manos de Willy Hope, campeón del lugar y quien con el fraude de usar una mesa antirreglamentaria consiguió el éxito; en agradecimiento de la Federación por haber conseguido la oportunidad de la revancha, le otorgó a mi padre la medalla de plata que, a su muerte heredé junto al taco firmado por los campeones europeos de aquel entonces, a los que venció Carrera para lograr el triple campeonato; junto con esos valores, tenía las fotos de encuentros y diversos botones de solapa de las distintas Federaciones europeas que se fueron navegando en la inundación del ‘80. Siguiendo el relato de los regalos llegados del cielo, en diversas épocas, otros llegaron y en otras, por efecto de la situación económica que se vivía, no venían por lógica. De esta manera, cada año llegaba una alegría traída sobre los camellos de los ausentes Reyes Magos, hoy desplazados por ese gordinflón rojo y blanco quién con su jo, jo, jo, importado pretende llenar la auténtica magia del Medio Oriente; este gordo incluso, no pertenece a nuestro ambiente, él es habitante del ártico gélido y blanco, aquí está fuera del lugar y está gracias a los medios del país que prefieren cobrar los dólares para acompañar la infancia foránea que seguir acompañando el mantenimiento de nuestras tradiciones.
Hay que recordar para poder evitar nuevas frustraciones a los que nos tienen acostumbrados los políticos de siempre, quienes, al subir a los estrados del poder, olvidan todo, sufriendo la amnesia de la caradurez. En el ‘46 lo vivimos en directo. Para conseguir la mentada “Independencia Económica” se produjo el comienzo de la dependencia nacional. Se cerraron los lugares que servían y se abrió un gran servicio para la corrupción. Uno de esos lugares útiles, eran las Oficinas Químicas Nacionales que controlaban el ingreso de bebidas entre otras cosas. Expertos químicos, realizaban las tareas desde hacia muchos años. El Dr. Raúl D. Candioti, sobrino del conocido nadador, entrerriano como él, don Pedro Candioti, era el esposo de la hermana de mi madre, por el que supe la barbaridad que se cometía. No actuaba por rencor ya que, al cesar en su trabajo, pasó directamente a una empresa foránea que lo catapultó a primera línea haciéndolo conocer en todo el país a través de los medios, como el “Experto” que todo el mundo conoció. Así que, de arrumbado en una oficina pública cita en Av. Madero entre Av. Corrientes y Sarmiento, pasó a ser popular gracias a la permanente imprudencia nacional que prefiere engordar los vicios en vez de reconocer los beneficios. Esto es hasta hoy y de gobiernos que creíamos haber notado algún cambio, luego de un fructuoso resultado electoral, parece que han caído en la proverbial costumbre del agradecimiento, casi llevándose a todo el mundo por delante, como dijeran los reyes franceses “El Estado soy yo”. La fatuidad es lamentable, cuanto más en un representante del pueblo, del que depende. Así lo demuestra el asesino tejano quien al término de la Cumbre de Mar del Plata el pasado 4/11/05, mientras iba saludando a sus pares y representantes de cada país, al pasar junto a su Secretaria de Estado banalmente exhibió un saludo como lo hacen los basketbolistas festejando el triunfo, batiendo sus palmas en significativa expresión de triunfo, ¿De qué? Ya lo sabremos alguna vez, porque, de una forma o de otra siempre se llega a saber, es cuestión de saber esperar. Así logramos conocer las consecuencias que habríamos de tener con las ingerencias de la bebida yanqui, la que con su sistema de adicción, se fue apoderando de las voluntades nacionales y ya está a punto de liquidarnos en los tradicionales festivales los que, de sus hábitos y costumbres, se van volcando a los hábitos y costumbres del norte perdiéndose, paulatinamente, los hábitos y costumbres nacionales.
Lástima argentinos, no sólo nos estamos quedando sin niño Jesús, sin sus padres y los Reyes Magos sino que también, nos vamos quedando sin tradiciones, gracias a la permisividad de los gobiernos y el empuje de la bebida provocadora de adicciones y de pésimas costumbres que influyen a la juventud.

 
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