Durante el año escolar, los
chicos están llenos de obligaciones y exigencias. Cumplir
con los horarios, las tareas y exámenes es para ellos,
sin dudas un gran compromiso. Por eso necesitan descansar, recuperar
fuerzas estar distendidos y, por sobre todo, tener tiempo para
jugar y estar con los amigos. Lo que ocasiona, en muchos casos,
que en los meses de verano, los padres pierdan el control sobre
las cosas que realizan sus hijos. Salen de casa para jugar con
los amigos, andar en bicicleta o ir al cyber, pero lo cierto es
que después nunca se sabe realmente dónde están
ni a que hora regresan. No lo hacen de desobedientes o irresponsables,
pero como un programa trae el otro y el reloj no los apremia,
lo que comenzó siendo “un vamos a jugar a la pelota”
se transforma en un “como hacía calor nos fuimos
al club y después se nos ocurrió ir al centro a
tomar un helado y no nos dimos cuenta de que era tarde”.
Los chicos se entretienen con lo que están haciendo, para
ellos los horarios no existen y confunden a menudo el tiempo libre
con tiempo de responsabilidades.
¿Cómo nos manejamos con los límites en verano?
¿Hay que permitirles, porque están en vacaciones,
que no rindan cuentas de sus actividades y horarios o hay que
exigirles, como siempre, responsabilidad?
Los límites no se toman vacaciones, un niño debe
sentir que está controlado y sostenido siempre por sus
padres, que son ellos los que lo autorizan y prohíben y
que son a ellos a los que deben darles las explicaciones pertinentes.
Más allá que los chicos se encuentren en un tiempo
vacacional, no significa que tenga que ser caótico o descontrolado
y, mucho menos sin límites. Los chicos necesitan crecer
con límites y además es un buen momento para que
aprendan a hacer un buen uso de su independencia creciente, sin
la presión escolar externa, y a adquirir responsabilidades
por ellos mismos.
Seguramente los permisos y las prohibiciones serán distintos
durante el verano, porque las exigencias son otras y la familia
entera modificó sus rutinas. Por dicha razón, no
estaría mal que los padres al comienzo de las vacaciones,
reprogramen el tiempo libre de sus hijos y evalúen y aclaren
cuáles, en función de los riesgos, no están
permitidas. Que puedan conocer a los amigos ocasionales y los
lugares que frecuentan los chicos.
Revisar estos aspectos ayudará a organizar las nuevas rutinas
sin que cada situación nos tome por sorpresa y para que
las vacaciones sean disfrutadas sin tropiezos.
Es bueno que los chicos dispongan de su tiempo libre, realicen
las actividades que elijan según sus preferencias, organicen
planes y salidas con amigos, pero esto no significa que no deban
informar de sus planes o cambios de los mismos a sus padres. Estos
tienen que saber siempre dónde están sus hijos y
eso no tiene nada que ver con privarlos de su libertad e independencia
sino, por el contrario, dejarlos crecer, sin abandonarlos a su
propio cuidado.