Desde el advenimiento del ferrocarril,
la región de Cuyo fue consolidándose como un área
de producción agrícola especializada en vitivinicultura.
Sus viñas, que en la actualidad ocupan casi la mitad de
las tierras cultivadas, producen más del 70 por ciento
de la cosecha total del país. Los premios obtenidos en
diversas exposiciones internacionales avalan el prestigio de sus
vinos tintos, rosados, blanco y champagnes.
El trabajo paciente y continuado, aplicado al
dominio del agua para conquistar el desierto, ha dado a la sociedad
mendocina tenacidad para el esfuerzo y conciencia de la importancia
que reviste la acción solidaria para toda la comunidad.
La expansión territorial y la búsqueda de nuevas
soluciones para viejos problemas le han permitido conservar un
alto grado de dinamismo
Durante épocas de la Colonia y hasta 1870,
los vinos cuyanos se “torcían”, o sea, se picaban.
Las fallas técnicas, producidas durante las etapas de fermentación
y almacenamiento, generaban procesos incontrolables que daban
al vino turbiedad y gusto ácido. No sólo el orujo
de la uva, que quedaba al aire libre, producía fermentación
acética (vinagre). También los toneles de segunda
mano, traídos desarmados desde el litoral y rearmados sin
azufrarlos, arruinaban todo el vino que pasaba por ellos porque
se mantenían contaminados.
En 1855, Miguel Pouget introdujo en Mendoza las
primeras cepas francesas. Progresivamente, los parrales criollos
fueron sustituidos por los cabernet, malbeck, pinot (para borgoña
y champagne) y para bases de vinos blancos semillón. Posteriormente
se introdujo el sauvignon para cortes y vinos sauternes. La influencia
francesa original fue modificada por la española y la italiana.
Además, el injerto con vides americanas resultó
un eficaz control sobre la terrible filoxera, un insecto que ataca
la raíz de la vid, principalmente de las cepas europeas,
causando enormes daños.
En la localidad de Maipú, reconocida como
La Capital del Vino, Juan Giol y Bautista Gargantini se asociaron
en 1896 para elaborar un vino casero que vendían a los
obreros del ferrocarril trasandino. Dos años más
tarde compraron 46 hectáreas y crearon la bodega La Colina
de Oro para comercializar los vinos Toro y La Colina. La empresa
tuvo un vertiginoso desarrollo y sus dos cuerpos iniciales se
ampliaron a veintidós.
La sociedad se dividió en 1911 y Juan Giol,
con la participación del Banco Español del Río
de la Plata, adquirió la vecina bodega El Progreso. Las
dos instalaciones fueron remodeladas y entre ellas se construyó
el primer vinoducto aéreo del mundo. Este conducto de 1.700
metros de largo y cinco centímetros de diámetro,
que unía la bodega con la planta fraccionadora, permitía
el traslado de 100.000 litros de vino por hora. A fines de los
´70 fue enterrado por las habituales pinchaduras nocturnas.
Giol vendió sus propiedades al Banco Español
y regresó a Italia, donde falleció en 1936. La sociedad
anónima fue adquirida en 1954 por el Estado Argentino,
con la finalidad de regular el mercado de producción vitivinícola.
En 1988 fue privatizada y se trasformó en cooperativa.
La visita a la bodega dura alrededor de una hora
y media. Comienza con una explicación sobre el proceso
de elaboración, desde la llegada de los racimos de uva
hasta el embotellamiento, y finaliza en la sala de degustaciones,
un lugar muy codiciado por los viajeros.
Otros Datos:
La foto:
Los vinos finos se estacionan en toneles de roble antes de ser
embotellados para su añejamiento.
El detalle:
Las negociaciones anuales, previas a la vendimia, para consensuar
el precio final del vino al consumidor, constituye un asunto muy
delicado por tratarse de un producto de consumo popular y masivo.
La suba de precios provoca retracción en la demanda, que
perjudica a la actividad vitivinícola de la que depende
en alto grado la sociedad cuyana.
Para conocer:
La Fiesta de la Vendimia, celebrada durante la primera semana
de marzo, constituye el mayor festejo mendocino. Culmina con la
elección de la Reina Nacional de la Vendimia en el gran
teatro griego Frank Romero Day, al pie del Cerro de la Gloria.