edición 111 - 20 de Enero - 5000 ejemplares -
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Turismo - Con el Aroma del Vino
Por Alberto Tridone


Desde el advenimiento del ferrocarril, la región de Cuyo fue consolidándose como un área de producción agrícola especializada en vitivinicultura. Sus viñas, que en la actualidad ocupan casi la mitad de las tierras cultivadas, producen más del 70 por ciento de la cosecha total del país. Los premios obtenidos en diversas exposiciones internacionales avalan el prestigio de sus vinos tintos, rosados, blanco y champagnes.

El trabajo paciente y continuado, aplicado al dominio del agua para conquistar el desierto, ha dado a la sociedad mendocina tenacidad para el esfuerzo y conciencia de la importancia que reviste la acción solidaria para toda la comunidad. La expansión territorial y la búsqueda de nuevas soluciones para viejos problemas le han permitido conservar un alto grado de dinamismo

Durante épocas de la Colonia y hasta 1870, los vinos cuyanos se “torcían”, o sea, se picaban. Las fallas técnicas, producidas durante las etapas de fermentación y almacenamiento, generaban procesos incontrolables que daban al vino turbiedad y gusto ácido. No sólo el orujo de la uva, que quedaba al aire libre, producía fermentación acética (vinagre). También los toneles de segunda mano, traídos desarmados desde el litoral y rearmados sin azufrarlos, arruinaban todo el vino que pasaba por ellos porque se mantenían contaminados.

En 1855, Miguel Pouget introdujo en Mendoza las primeras cepas francesas. Progresivamente, los parrales criollos fueron sustituidos por los cabernet, malbeck, pinot (para borgoña y champagne) y para bases de vinos blancos semillón. Posteriormente se introdujo el sauvignon para cortes y vinos sauternes. La influencia francesa original fue modificada por la española y la italiana. Además, el injerto con vides americanas resultó un eficaz control sobre la terrible filoxera, un insecto que ataca la raíz de la vid, principalmente de las cepas europeas, causando enormes daños.

En la localidad de Maipú, reconocida como La Capital del Vino, Juan Giol y Bautista Gargantini se asociaron en 1896 para elaborar un vino casero que vendían a los obreros del ferrocarril trasandino. Dos años más tarde compraron 46 hectáreas y crearon la bodega La Colina de Oro para comercializar los vinos Toro y La Colina. La empresa tuvo un vertiginoso desarrollo y sus dos cuerpos iniciales se ampliaron a veintidós.

La sociedad se dividió en 1911 y Juan Giol, con la participación del Banco Español del Río de la Plata, adquirió la vecina bodega El Progreso. Las dos instalaciones fueron remodeladas y entre ellas se construyó el primer vinoducto aéreo del mundo. Este conducto de 1.700 metros de largo y cinco centímetros de diámetro, que unía la bodega con la planta fraccionadora, permitía el traslado de 100.000 litros de vino por hora. A fines de los ´70 fue enterrado por las habituales pinchaduras nocturnas.

Giol vendió sus propiedades al Banco Español y regresó a Italia, donde falleció en 1936. La sociedad anónima fue adquirida en 1954 por el Estado Argentino, con la finalidad de regular el mercado de producción vitivinícola. En 1988 fue privatizada y se trasformó en cooperativa.

La visita a la bodega dura alrededor de una hora y media. Comienza con una explicación sobre el proceso de elaboración, desde la llegada de los racimos de uva hasta el embotellamiento, y finaliza en la sala de degustaciones, un lugar muy codiciado por los viajeros.

Otros Datos:
La foto:
Los vinos finos se estacionan en toneles de roble antes de ser embotellados para su añejamiento.

El detalle:
Las negociaciones anuales, previas a la vendimia, para consensuar el precio final del vino al consumidor, constituye un asunto muy delicado por tratarse de un producto de consumo popular y masivo. La suba de precios provoca retracción en la demanda, que perjudica a la actividad vitivinícola de la que depende en alto grado la sociedad cuyana.

Para conocer:
La Fiesta de la Vendimia, celebrada durante la primera semana de marzo, constituye el mayor festejo mendocino. Culmina con la elección de la Reina Nacional de la Vendimia en el gran teatro griego Frank Romero Day, al pie del Cerro de la Gloria.

 
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