La política internacional en la última década se ha caracterizado a menudo por estar en transición y a la vez desafiada por renovadas y crecientes tendencias. Hay un sentimiento general de incertidumbre en relación a la naturaleza exacta, estructura y configuración del sistema internacional que se ha traducido en una incesante búsqueda por comprender algunos de estos nuevos procesos, como la interdependencia económica, el avance progresivo de los procesos de integración regional o la proliferación de los nacionalismos.
Considerando la magnitud de estos problemas y los significativos eventos subyacentes (el fin de la Guerra Fría, la profundización de la integración europea, etc.), es sorprendente que otro proceso haya permanecido, aunque no inadvertido, ampliamente subestimado: como es la creciente presencia internacional de entidades sub-estatales, como las provincias, los estados federados, las comunidades autónomas y los gobiernos locales. No obstante, la actividad internacional de dichas entidades ha adquirido importancia desde la década del noventa, y el alcance e intensidad de esta actividad ha aumentado ampliamente en los últimos años.
Dicho accionar resulta plasmado en la firma de documentos con Naciones extranjeras, Organizaciones Internacionales, Estados miembros de Estados Federales, Entidades Gubernamentales extranjeras, etc. Las razones de esta práctica relativamente reciente de las entidades subnacionales se debe al dinamismo de la vida internacional que comprende factores como la creciente interdependencia, la tendencia a la integración fronteriza, la globalización y la velocidad de las comunicaciones. En línea con esta realidad, varias son las opiniones que han postulado que en el presente, la diplomacia no puede ya ser considerada monopolio del Estado Central, por cuanto resulta evidente que los entes componentes de los Estados Nacionales han ido desarrollando en el mundo un rol antes reservado exclusivamente a los Estados Nacionales, en favor de la protección y la promoción de sus intereses locales. Estos se han esforzado por establecer vínculos significativos con el exterior en materias que abarcan cuestiones económicas, comerciales, culturales, de turismo, salud, medio ambiente, control fronterizo, prevención y represión del delito, regulación del tráfico y tránsito, la realización de visitas de delegaciones oficiales, entre otras. En este sentido, es imperioso estimular la realización de políticas públicas municipales que contemplen las transformaciones internacionales y los desafíos que las mismas generan.
No se puede examinar más la realidad local sin una comprensión de la naturaleza de las interrelaciones entre lo doméstico y la economía y política mundial. Incluya o no a la convergencia y la homogenización de los impactos de la internacionalización, el análisis no puede dejar de lado como sus efectos son intermediados por factores políticos domésticos, reflejando la singularidad político institucional y la experiencia histórica específica.
Es que las instituciones en la medida que reflejan valores y opciones políticas previamente constituidas por parte de los principales actores políticos, pueden al menos en el corto plazo, bloquear o minimizar los impactos directos de las transformaciones internacionales. En ese contexto, resulta prudente la conformación de un debate más abarcador y sistematizado en cuanto a los impactos de la internacionalización/globalización sobre las fuerzas y procesos domésticos y las instituciones y políticas gubernamentales.
Actualmente hay más de 200 naciones soberanas y cerca de 300 estados federados o unidades sub-estatales, sin contar a los gobiernos municipales. Esta nueva preeminencia es el resultado tanto de un cambio a nivel doméstico como a nivel internacional. Internamente se debe a los procesos de regionalización y las transformaciones institucionales hacia la descentralización que se han operado al interior de los Estados-Nacionales, mientras que a nivel internacional se corresponden con la mentada globalización económica y la construcción de instituciones supranacionales. De vital importancia es el hecho que estos procesos se retroalimentan mutuamente y muchas veces ponen presión a los estados centrales.
Cada cual ve el mundo desde su propia ciudad. El mundo es, ante todo, un mundo de ciudades. Y esto es cada vez más así, pues la población del siglo XXI será, por primera vez en la historia, mayoritariamente urbana. Así, se hace necesario adentrarse en la gestión desde la proximidad, conocer los alcances de los procesos internacionales contemporáneos para aprovechar las oportunidades que se presentan y enfrentar, desde lo local, los aspectos negativos. Es decir, desarrollar estrategias destinadas a responder a los desafíos y oportunidades que presentan los procesos internacionales
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