Gracias a los planeadores, el hombre llevó a cabo uno de sus más importantes desafíos: volar como los pájaros utilizando la fuerza del viento para oponerse a la ley de gravedad. Una historia que comenzó en Asia y en el antiguo Egipto, cuando por medio de una cuerda se sujetó un aparato volador llamado barrilete. Hoy, el arte del vuelo a vela, deporte que consiste en moverse por el aire con un aparato sin motor, es la síntesis de hechos gloriosos dignos de ser contados.
Desde 1870, pioneros en aeronáutica experimentaron con éxito aeronaves capaces de proporcionar información acerca del diseño de las alas y de los sistemas de control. Los inventos del alemán Otto Lilienthal, del británico George Cooley y de los estadounidenses Octave Chanute, Orville y John Joseph Montgomery generaron las bases para la experimentación del primer aeroplano con motor realizado el 17 de diciembre de 1903 por los hermanos Wright.
Sin embargo, el empujón decisivo al desarrollo de los planeadores vino desde Alemania, durante los años que siguieron a la I Guerra Mundial. El Tratado de Versalles prohibía a los alemanes fabricar aviones, por ser de utilidad militar. Por eso, sus ingenieros aeronáuticos descubrieron las eficientes naves ligeras con largas alas y estudiaron las condiciones meteorológicas más aptas para realizar vuelos sin motor. Durante la II Guerra Mundial las utilizaron para el transporte aéreo de víveres y tropas. Entre las operaciones militares de primer orden, donde las aeronaves desempeñaron papeles de importancia, se destaca la invasión alemana de Creta en 1941.
Semejante historia tenía que repercutir. Al finalizar la guerra, el vuelo a vela se convirtió en el deporte nacional de Alemania, formando a cientos de pilotos capaces de sobresalir en competencias de alto nivel, disputadas con desfavorables condiciones meteorológicas.
La actividad, que explota la permanente energía de la atmósfera, depende de la astucia del piloto. Se vale del fenómeno conocido como “sustentación”, que es el accionar conjunto de fuerzas físicas producidas por diferencias de presión. Son de dos tipos: las corrientes térmicas (que se encuentran siempre bajo nubes tipo cúmulos) y las corrientes de alta presión que se forman cuando un viento sopla contra las laderas de una cadena montañosa. Estas pueden ser bastante fuertes, pero su radio de acción se limita al área que queda a barlovento de las elevaciones.
La Cordillera de los Andes es el mejor lugar para practicar el vuelo a vela en corrientes de alta presión, pero también el más peligroso. Se realiza a más de 5.000 metros de altura, usando oxígeno y con temperaturas que pueden ser de 40 grados bajo cero. Durante noviembre y diciembre se dan las mejores condiciones climáticas. Todos los años, la llegada de pilotos provenientes de Alemania, Italia, Suiza, Francia, Australia, Chile, Brasil, Bélgica, España, Usa y Nueva Zelandia, producen impactos económicos muy favorables en las ciudades donde se instalan: San Martín de los Andes, Bariloche, Neuquén, Cutral-Có y Chos Malal.
Otros Datos:
La foto
Volar es el pasatiempo de fin de semana de muchos pilotos que aman la paz y la libertad que dan las alas de un planeador. Más de 460.000 personas en el mundo practican vuelo a vela, de los cuales 300 son argentinos.
El detalle
El primer cruce de los Andes en planeador se realizó el 30 de octubre de 1956. El piloto argentino Juan Claudio Dori con “Sky” y el alemán Scheidahuer en “Ala Volante Horten 3” partieron desde Bariloche (Argentina) y aterrizaron junto al lago Llanquihué (Chile), luego de recorrer 110 kilómetros en 2 horas y 53 minutos. Jamás en la historia del volovelismo mundial se había intentado superar con aparatos de esta índole, al amparo de las leyes aerodinámicas, murallas naturales de tal magnitud.
Para conocer
La Federación Argentina de Vuelo a Vela (FAVAV), nació en 1951 como organismo que nuclea a los clubes de todo el país y los representa ante organismos internacionales como la Federación Aeronáutica Internacional. En 1963 organizó, en el Club Planeadores de Junín, el IX Campeonato Mundial de Vuelo a Vela, la mayor competencia de la especialidad llevada a cabo por primera vez en América. |