Nº 045 - El Filicidio Matanza de los Hijos - Silvia Petacco |
||||||||||||||||||||||||||||||||
La matanza o asesinato de los hijos, y sus formas atenuadas en todas sus variantes (negligencia, maltrato, denigración, mutilación y abandono), va en aumento en el mundo contemporáneo de acuerdo al desarrollo del proceso socio cultural. Las estadísticas, estudios y la crónica cotidiana hacen referencia a estos hechos que se los encuentra en todos los panoramas de la vida diaria y está en la estructura misma de la condición humana. La historia y la antropología nos muestran múltiples formas dentro de un amplio espectro que va desde el asesinato directo de los hijos, en un extremo, hasta formas atenuadas y leves de filicidio en el otro. Esta gama de actitudes agresivas de los padres existe en todas las sociedades, tanto en las primitivas como en las contemporáneas. Puede decirse que el sacrificio del hijo, el cual expresa el horror más profundo, es universal y apenas ha cesado en los actuales pueblos semi civilizados. La matanza de los hijos recién nacidos puede considerarse un hecho común en muchas culturas. Entre los aborígenes australianos cuando una mujer se veía forzada a trasladarse debido a la falta de alimento o agua y no podía llevar consigo a sus hijos, mataba generalmente al menor. Los polinesios mataban a los 2/3 de sus hijos antes de ver la luz del día ahogándolos en razón de la densidad de población. En la India en el siglo XIX las seis séptimas partes de la población practicaba sistemáticamente el filicidio de las niñas. Entre los esquimales las condiciones de vida eran tan difíciles que se daba muerte a las niñas después de nacer porque se pensaba que no encontrarían marido para mantenerlas. En Hawai todos los hijos después del tercero o cuarto era estrangulados o enterrados vivos. En China era frecuente el infanticidio de las niñas. Platón recomendaba la eliminación de los hijos inadaptados, en la República. También encontramos numerosas referencias en la Biblia que indican sobre la matanza de los niños; por ejemplo, cuando el Faraón condena a ser ahogados, en el Nilo, a todos los niños judíos en ocasión del nacimiento de Moisés. El mismo proceso se repite en relación con los primogénitos egipcios cuando se produce el éxodo y durante la matanza de los niños nacidos en Belén ordenada por Herodes en persecución de Jesús. En todos estos casos la figura representativa del padre es desplazada al faraón, o al rey quien exige la matanza de los hijos. Iván El Terrible mató a su hijo en un ataque de furia. Si nos remitimos a la mitología griega, vemos como Cronos devora a sus hijos para evitar que éstos hagan lo mismo que él hizo con su padre (mutiló sus genitales y los arrojó al mar). Ifigenia muere a manos de su padre Agamenón, para obtener la gracia de los dioses en la expedición a Troya. El asesinato masivo de los niños en la época contemporánea se produjo en la Alemania nazi, cuando la Comisión del Reich ordenaba matarlos porque eran difíciles de educar, o porque se orinaban en la cama, o porque tenían “orejas deformes”, etc. Otro ejemplo para tener en cuenta es el fenómeno de la guerra, si bien el asesinato de los hijos y el “síndrome del niño apaleado” constituye una prueba elocuente de la magnitud y persistencia del filicidio, más importante aún resulta el estudio de los motivos inconscientes de la guerra, por el creciente número de muertes que produce, como lo señala Bouthoul G. en “Las guerras, Tratado de Sociología”, la guerra es el homicidio organizado que se ha hecho lícito, sería un sistema para la matanza sacrificial permanente de los hijos. La guerra mantiene la amenaza de muerte sobre la juventud que debe someterse al ejército. Es organizada y decretada por la generación vieja que no combate, en tanto sí lo hacen los jóvenes que no tienen la posibilidad ni capacidad ni interés para realizarla. La finalidad consciente de la guerra siempre es desastrosa, pero la finalidad inconsciente que consiste en someter, atemorizar y matar a la nueva generación siempre se cumple independientemente del resultado final. Desde una perspectiva psicológica, se puede decir que en la actualidad, cuando se comete filicidio o alguna forma atenuada, el hijo es utilizado como depositario de los conflictos y desequilibrio de los padres. En las descripciones del “síndrome del niño apaleado”, fenómeno bien conocido por los médicos, los tipos de lesiones varían, desde los hematomas, quemaduras, fracturas hasta lesiones internas graves. Estas agresiones son el resultado de simples medidas disciplinarias y educativas o de crisis de irracibilidad. Mueren más niños menores de cinco años como consecuencia de los malos tratos de los padres o de los que los tienen a cargo que como consecuencia de enfermedades infecciosas. Se puede concluir diciendo que las relaciones entre padres e hijos están gobernadas por tendencias protectoras y amorosas y tendencias filicidas, ya que el ser humano en condiciones de extremo stress puede hacer regresiones a estadios muy primarios y desde esta primitiva estructura asesinar a los hijos porque se pierde la capacidad amorosa que sirve para la preservación y cuidado de los mismos, dando lugar a la agresividad más extrema. Cuando sucede esto nos encontramos frente a una severa patología de los progenitores. |
||||||||||||||||||||||||||||||||
|
||||||||||||||||||||||||||||||||
diseño
y hosting digitalone.com.ar |
||||||||||||||||||||||||||||||||
AntiCopyright
Toda la información de este sitio puede ser reproducida libremente,
en forma total o parcial, aunque agradeceríamos que citaran la fuente mailingolavarriense.com |