Nacido: 23 de septiembre
de 1778 en Capital Federal
Muerte dudosa: 4 de marzo de 1811 a los 32 años en alta mar
Resumir en pocas líneas la vida y obra del
“primer mártir” de la nacionalidad, resulta cuasi
imposible. No obstante procuraremos resaltar algunas de sus muchas virtudes
que, a nuestro modesto entender, lo han marcado como un ser excepcional
digno de poder haber vivido en estos difíciles momentos de la
nación para enseñarles a muchos políticos y dirigentes
las formas éticas y morales de conducirse en la vida.
Nacido en una prolífera familia, fue el primero de los catorce
hermanos de los que sobrevivieron al nacer sólo ocho, cuatro
mujeres y cuatro varones.
Luego de cursar sus estudios primarios y medios en Buenos Aires, viaja
a Chuquisaca (Bolivia) para doctorarse de abogado a los 26 años.
Se casa con doña María Guadalupe Cuenca de 14 años
con la que tiene un hijo al que llamaron Mariano. Al regresar a Buenos
Aires, se desempeña en diversos cargos como profesional hasta
que el 25 de mayo de 1810 es nombrado secretario de la Primera Junta
, junto a los cargos de Ministro de Defensa y Guerra. Al cavilar sobre
si aceptaba el cargo, reflexiona en voz alta junto a su hermano Manuel:
“El hombre justo que se encuentra al frente del gobierno será
víctima de la ignorancia y las rivalidades. La calma que he disfrutado
hasta ahora con mi familia y mis libros será interrumpida”.
Presagiaba en sus pensamientos como si fuera una premonición
de lo que tendría que padecer.
Vasto y prolífero fue su accionar público. Entre lo más
relevante figura la sanción del libre comercio, descripto en
la Representación de los Hacendados. A ese respecto razona: “...Señor,
¿qué cosa más ridícula puede presentarse
que la vista de un comerciante que defiende a grandes voces la observancia
de las leyes prohibitivas del comercio extranjero a la puerta de su
tienda...?”
Con la fundación del periódico La Gaceta de Buenos Aires,
consiguió tener el medio que le permitiría informar a
la población sobre el pensamiento y las actuaciones del gobierno
como lo expresa en su primer número: “El pueblo tiene derecho
a saber la conducta de sus representantes y el honor de éstos
se interesa en que todos conozcan la execración con que miran
aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir los
delitos”. Estos pequeños ejemplos marcan la grandeza de
un hombre honorable, creativo, organizado, capaz, decente, honesto,
lúcido que fue perseguido por algunos de los miembros de la Primera
Junta con la connivencia de intereses particulares del momento que se
resistían a ser desplazados de sus comodidades a causa de las
innovaciones propuestas por Moreno para el crecimiento y el cambio necesario.
Por ello escribe en La Gaceta: para expresar lo difícil que resulta
practicar la libertad de expresión: “Seamos una vez, menos
partidarios de nuestras envejecidas opiniones; tengamos menos amor propio,
dese acceso a la verdad y a la introducción de las luces y de
la ilustración; no se reprima la inocente libertad de pensar
en asuntos del interés universal...”
El desgaste físico hace eclosión a fines del año
1810 luego de siete meses de suplicios infernales y ante el fracaso
de su Plan para convocar el Congreso Constituyente que proveería
al país de una Constitución que regiría legalmente
al gobierno. “No tenemos una Constitución y sin ella es
quimera la felicidad que se nos prometa”. Decía esto, 43
años antes de la sanción constitucional en Santa Fe. A
causa de ello, presenta su renuncia a sus cargos la que le es rechazada
y en cambio se lo “designa” como embajador en Inglaterra
para negociar, siendo el primer exiliado oficial con la hipócrita
denominación diplomática. Se embarca y muere en alta mar
en forma dudosa y sin la atención médica idónea.
Antes de entrar en coma expresa: “Viva mi patria aunque yo perezca”.
El diagnóstico de muerte del Dr. Mariano Moreno, sería:
“...valvulopatía reumática secular con endocarditis
infecciosa bacteriana y embolia cerebral, sumada a la posible intoxicación
por tártaro emétio suministrado en exceso por el capitán
del barco inglés...”
Su familia quedó en la miseria con miserables pensiones de treinta
pesos mensuales primero y de mil pesos anuales después que burdamente
supieron mitigar el problema. Dice su hermano Manuel: “Un concurso
inmenso asistió a las exequias que se hicieron en la Catedral
de Buenos Aires por la familia, sin que nadie fuese invitado, ni que
el miedo de las violencias de Saavedra, que tenía ya en destierro
o en prisiones a los amigos de Moreno, estorbase esta demostración
de afecto y piedad”. Como siempre, el 1º de abril de 1877,
66 años después de su muerte, se inaugura la primera estatua
del prócer en el pueblo de Moreno en la provincia de Buenos Aires,
¡Vergonzoso! En este país, es proverbial que las personas
capaces y decentes, sean perseguidas por los inservibles de la política
y la función pública y olvidados por los gobiernos que
los sucedieron. “Si sólo el atributo de ser rico, debe
ser requisito indispensable para recibir ayuda en cuestiones que la
ciudadanía pueda resolver por sí sola, debería
estar por lo menos en situación de elegir líderes inteligentes...”
Mariano Moreno.