El próximo
domingo definiremos el camino político de Olavarría y para
ello es importante que hagamos un pequeño análisis sobre
las motivaciones esenciales de los candidatos. Muchos vemos como se pelean
para ganar una elección y nos preguntamos por qué. Pensamos
mal y creemos que hay intereses oscuros, pero a veces no es tan así.
No se puede pretender que a todos les guste el juego de gobernar. Obviamente
algunas personas poseen una inclinación natural a ejercitar el
poder. A esas les sale fácil, gozan con hacerlo. Disfrutan cada
instante. Cuando el tema es difícil buscan soluciones prácticas
para poder resolverlo, a veces en segundos, a veces con todo el tiempo
necesario. Y cuando encuentran el camino, logran su objetivo de regodearse
con el acierto de las decisiones tomadas y nada más que eso.
¿Qué características especiales tienen estas personas
a las que hacemos referencia? - Indudablemente una de ellas es su visión
humanista. Tienen un profundo respeto por los seres humanos, sin importar
la cantidad de sus bienes ni la cantidad de sus conocimientos. No hacen
discriminaciones ni ideológicas, ni políticas, todos pueden
sumar al objetivo de mejorar la calidad de vida y para ello invitan a
colaborar sin prejuicios ni condicionamientos.
Otra característica es su dedicación absoluta. Hoy ningún
gobernante o aspirante puede pensar en alternar su función pública
con la privada. Es condición necesaria que el que nos gobierne
nos dedique su vida. Y lo decimos así porque a veces no nos damos
cuenta de ello y no reconocemos cuantas cosas debe postergar aquel que
está en el poder, ni tampoco nos damos cuenta de lo que puede llegar
a sentir al haberse dedicado a pleno, al haber dado todo de sí
y luego no poder hacerlo más por cualquier razón. Pero insistimos:
el que nos desee gobernar debe hacerlo con todo su tiempo. A medias no
sirve.
Los conocimientos amplios y actualizados son una necesidad insoslayable.
Aunque no se pueda saber todo, sí se puede conocer el camino por
donde encontrar la información y esa facilidad sólo se tiene
si se ha leído mucho y se ha logrado tener, gracias a ello, una
visión equilibrada del mundo en lo que respecta al análisis
de las actitudes, de los avances y retrocesos, de los egoísmos
y las pasiones escritas en la historia de los seres humanos. Sólo
de esa forma se podrán tomar las decisiones más acertadas.
La actualización implica también la necesidad de separar
la paja del trigo cuando llega la modernidad avasallante y en su huracanado
andar intenta resolver la vida de todos en un instante, cosa que generalmente
termina muy mal, haciendo retroceder lo avanzado y aún mas.
La capacidad de liderar es fundamental. A veces no importa si se es menos
o más participativo siempre que se respeten las normas y leyes.
Lo que también es muy importante es que se tenga la nobleza de
espíritu de reconocer las virtudes circunstanciales de los adversarios,
manteniendo por sobre todas las cosas ese respeto por los seres humanos
que hablábamos al principio. Las bajezas políticas son rápidamente
olvidadas junto con los hombres que las realizan. Los gestos nobles son
imborrables y hablan de un buen liderazgo.
No mentir ni disimular para no tener que dar definiciones en el momento
que hay que hacerlo, es una de las condiciones que enaltecen al gobernante.
La verdad hay que decirla aunque moleste y sea causa de una bronca irremediable.
La gente debe saber qué piensa su gobernante. No se debe ocultar
tras ninguna máscara.
Estar cerca de la gente cuando es necesario. En más de una oportunidad
hay que poner la cara para aliviar la ira y el desenfreno de las multitudes
ante situaciones de inseguridad o hechos conmocionantes. También
hay que hacerlo en un hospital o en otro lado ante el dolor y la necesidad
de quien debe sentirse protegido. No es para nada fácil, porque
por sobre todas las cosas deben ser actitudes sinceras, sin contenidos
eleccionarios.
Ser desinteresado económicamente. Todos somos conscientes de que
de algo hay que vivir, pero el gobernante debe ser absolutamente idealista.
Si le interesa el dinero es preferible que no nos gobierne. Aunque parezca
mentira hay mucha gente a la que realmente el dinero no la transforma,
analizan la vida de un modo diferente. Son los servidores natos por excelencia.
Capaces de dar todo a cambio de nada.
Buscar permanentemente caminos nuevos para resolver los viejos problemas
de trabajo y seguridad que tanto nos preocupan hoy en día gracias
a la terrible crisis que hemos vivido durante cinco años y que
parecería que desea terminar. Un gobernante local no puede hacer
maravillas en estos rubros porque no dependen de él, pero si proponer
soluciones y ayudar en todo lo posible para que los que son responsables
se hagan cargo.
En el acelerado desarrollo de la ciencia, la tecnología y las comunicaciones,
un gobernante activo debe estar preparado para adecuarse a cualquier cambio
que pueda redundar en beneficio de sus gobernados.
Pero por sobre todas las cosas, hoy, cualquiera que desee gobernar nuestra
ciudad debe tener alegría en su vida, debe ser feliz y debe quererse
a sí mismo para poder querer y ayudar a ser felices a los que desee
gobernar. No se puede de otro modo. Esto no significa que hay que vivir
sonriendo sino sentir ese verdadero gozo interno que se logra cuando uno,
en el afán de servir y disfrutar del mando (como los líderes
de la manada) llega a... dar hasta que duela.
Ojalá que, entre todos, elijamos al mejor.
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