Nº 083 - Las Compañias Conflicitvas de nuestros Hijos- Eugenia Randazzo |
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No es extraño
escuchar a madres preocupadas por la conducta de sus hijos expresar que
está cambiando, no le hace caso, contesta y que ya no es el mismo
desde que se hizo amigo de un chico de la escuela que tiene muchos problemas.
Muchas veces, en el intento de encontrar un motivo que justifique un cambio
desfavorable, no encontramos nada mejor que ubicar la causa afuera. Es
por el otro. Y si es por el otro, guardamos la ilusión de que si
el otro no está, el conflicto desaparece. En la escuela se convive con las diferencias. Hay chicos más inteligentes, más revoltosos, más torpes que otros, más contestatarios y la lista sería infinita. En ese mundo cotidiano y diverso que la escuela ofrece, los chicos se agrupan para compartir juegos y tareas. Y lo hacen de acuerdo con preferencias que no siempre son permanentes. Por las afinidades, por las circunstancias particulares por las que están pasando, por los momentos evolutivos, etc, los chicos se agrupan y reagrupan cuantas veces sienten la necesidad de hacerlo. En el devenir de la escolaridad, los chicos se socializan y aprenden a convivir con pares que tienen realidades y circunstancias muy distintas. Las relaciones con sus pares enriquecen a los chicos. Es cierto que muchas veces copian e idealizan a sus compañeros sobre todo sí estos son líderes y se ofrecen como modelos para seguir. Es cierto también que no todos los modelos son buenos. Pero en un grado escolar hay tantos modelos para imitar como chicos que lo componen. Habría que pensar, entonces, por qué se elige cierta compañía y no otra. Por cierto, nadie imita ni hace aquello que no quiere o no puede. La pregunta que habría que hacerse es si por juntarse con ciertos amigos, se cambia profundamente una conducta o, si por el contrario, es la elección de esos compañeros como modelo lo que delata alguna dificultad. Dicho de otro modo, ¿es por las malas compañías que un chico desobedece o son sus propios conflictos los que lo llevan a buscar como amigos a chicos que desobedecen? Es ilusorio pensar que el conflicto desaparece si se evitan ciertas amistades. Además, si un chico necesita acercarse a compañeros que tienen determinadas características, los buscará hasta encontrarlos. Si no es en la escuela, será en el club o en el barrio. Poner el acento y la dificultad en los otros puede llevarnos por camino equivocado. Los pensamientos se suceden unos a otros: mi hijo no sería agresivo si no estuviera en la clase ese chico tan conflictivo o sería buen alumno si todos sus compañeros lo fuesen. Y el tema lleva a pensar que hay que excluir a los diferentes. Y no se trata de eso. Los chicos son distintos y cambian. Nadie merece ningún rótulo y menos el de difícil, inadaptado, desobediente o agresivo. En todo caso, además de..., serán alegres, divertidos o buenos compañeros. ¿Por qué no dejar que nuestro hijo descubra los otros aspectos de aquel que se descalifica? Pero la inquietud de los padres es legítima y no se trata de estar al margen de las amistades de los hijos sino de tratar de entender por qué camino transitan para poder acompañarlos. En la diversidad del grupo escolar está, su riqueza. No se trata de segregar ni de segregarse sino de conocer, intercambiar, elegir, incorporar y saber mantener las diferencias. Se puede ser muy amigo tanto de los iguales como de los distintos. Y esto es todo un aprendizaje. |
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