| Nº 084 - Las Comunicaciones - Hermes Dirazar | ||||||||||||||||||||||||||||
Artículo
escrito por Hermes Dirazar para la revista “Pulso” - Es muy sabido que los conceptos fundamentales, por su obviedad, son por lo general más desconocidos que la familiarización con los términos que los definen podrían hacer creer. Hablar de libertad, justicia, vida y amor, por ejemplo, parece ser muy sencillo; a cada rato convivimos con estas palabras y las utilizamos en el lenguaje cotidiano con la mayor naturalidad y solvencia. Sucede que a la primera necesidad de definir con rigor algún concepto relacionado con ellas encontramos que la formulación no es nada sencilla y que, inclusive, hay diferentes interpretaciones para una misma palabra que creíamos unívoca, la cosa se complica no sólo porque los conceptos no son tan sencillos, sino porque partíamos de una posición ligera extremadamente simple. Con las comunicaciones sucede también que se presentaban como algo sencillo que no necesitaba mayores conocimientos para su cabal interpretación y significado; obviamente el estudio sistemático de las mismas nos muestra sus componentes principales, y con su respectiva variedad de interrelación aparecen complejidades que resueltas, nos permitirán comprendernos mejor y elaborar mecanismos de comunicación más eficientes. Normalmente nos comunicamos con naturalidad, y, ciertamente, no es necesario profundizar conceptos sobre semántica, semiótica, etc. para seguir haciéndolo. Pero cuando se trata de estudiar las comunicaciones como una herramienta básica de la gestión administrativa hay que hablar, al menos, de los elementos comunes a toda comunicación que deberán considerarse. Siempre que haya necesidad de transmitir alguna información aparecerá alguna forma de comunicación para satisfacerla, y en este quehacer estamos ocupados continuamente; todas las actividades del conocimiento, el trabajo, el afecto, los entretenimientos, etc., serán posibles a través del intercambio de mensajes, y lo importante es preocuparse para que los mecanismos no los deformen ni los desnaturalicen. Se trata de ideas, hechos, conocimientos o afecto habrá una emisión del mensaje y una percepción receptiva que permitirá comprender cabalmente y recién ahí elaborar la respuesta. Hay comunicación si la comprensión es simultánea e idéntica para el emisor y el receptor, tanto en el contenido como en la intención del mensaje. Cuando hablamos de intención entramos de lleno en la posibilidad del manipuleo que todo mensaje puede tener principalmente en el terreno de la persuasión. El manipuleo es una realidad, todos conocemos la penetración de la publicidad en todos los terrenos y también los engaños personales; el tema es real e importante, pero no caigamos en la sobreestimación del mensaje; todos tenemos conocimientos de esta realidad, y de hecho, estamos alertados, por lo tanto poseemos la capacidad suficiente para asumir nuestra elección y reaccionar con nuestra propia lectura en cualquier campo de nuestras actividades. Las empresas modernas saben de la importancia en las comunicaciones y por ello se preocupan de elaborar procedimientos donde quedan establecidos cómo se manejarán todas las informaciones formales, de carácter técnico, donde la computación juega día tras día un papel central indiscutible. Lamentablemente las comunicaciones, tan atendidas en todo lo mensurable, no han inspirado la misma preocupación en el terreno personal en concordancia con una filosofía administrativa que reconozca el carácter ético-social-participativo de la condición humana, es por ello que persisten políticas anacrónicas de desinformación y deshumanización. El ser humano necesita ser parte, sentirse integrado, y por ello es menester que conozca dónde está qué es lo que hace, por qué lo ejecuta así, cuáles son sus perspectivas, qué potencial tiene, qué es lo que se piensa de él, conocer la crítica y el elogio en la misma medida, estar informado sobre la Empresa a la cual pertenece, cuál es su filosofía de administración de personal, cuáles son los planes de desarrollo establecidos, etc, etc; y todo esto son fallas de comunicación no de orden técnico, sino de caráter ético, porque no pasa por los mecanismos de transmisión del mensaje sino por la voluntad de emitirlos. Evidentemente que toda organización debe manejar cierta cantidad de información confidencial y reservada por razones obvias de estrategia y respeto. Pero asistimos frecuentemente a una aplicación práctica de los conceptos de reserva amplificado hasta extremos asfixiantes, donde todo pasa a ser preferiblemente guardado en atención a una política de desconfianza, donde se argumenta que todo puede ser usado para perturbar, por lo que se escamotea toda información; y la que se transfiere (porque no hay otra alternativa) viene con el rótulo de confidencial. Obviamente todo esto va en desmedro de un buen clima de trabajo, lo cual no significa libre de conflictos; insistimos en que los conflictos son parte natural de la convivencia donde aparecen los diferentes puntos de vista como producto de la libertad de pensar y expresar dicho pensamiento. Los conflictos deben resolverse y no eliminarse por la vía de evitarlos desnutriendo las mentes.
La buena comunicación a su vez es una de las cosas más difíciles de conseguir. El emisor debe ser claro y concreto, considerando la capacidad del receptor y el lenguaje apropiado; el receptor debe poner en práctica un arte difícil: saber escuchar, esto es buena voluntad para interpretar y no interrumpir. Por otra parte las discrepancias no podrán salvarse cuando hay una diferencia de fondo ante escalas de valores disímiles. Toda Empresa que desee saber realmente cómo se encuentra y que piensa de ello su personal tiene una sola forma de saberlo: establecer canales de comunicación que sean utilizados para que el personal se exprese sin temores. Hay directivos que se jactan de que todo anda bien porque no reciben quejas luego de haber establecido políticas donde nadie se atrevería a elevarlas. La buena administración y la buena motivación dependen de una buena comunicación. Esta realidad nadie la discute, lo importante es ver como se implementa el diálogo y la participación y como se capacita el personal de supervisión para que mantenga comunicaciones fluidas con el personal, aprendiendo, fundamentalmente, que sólo puede comunicarse claramente lo que se conoce en profundidad y que difícilmente pueda engañarse a alguien todo el tiempo. Por más perfecto que sea el discurso, el receptor “sentirá” que hay algo que no “le convence”; en última instancia privará la sensibilidad perceptiva que difícilmente se equivoca cuando de autenticidad afectiva se trata. En cuanto a las relaciones personales cotidianas, diariamente participamos y asistimos a discusiones amistosas (y de las otras) en que difícilmente podrá haber acuerdo ya que los interlocutores no están refiriéndose a la misma cosa. Por ello es fundamental clarificar, ante todo, el campo de la discusión. Los enfrentamientos agresivos pasan por lo general por algún tipo de desvalorización real o ficticia, con picos emocionales a veces peligrosos. Aquí es importante medir con objetividad las motivaciones reales de las conductas y veremos que, rara vez, la intención ha sido agredir u ofender gratuitamente; tal vez descubramos que en realidad no estábamos preparados para asumir los acontecimientos. |
||||||||||||||||||||||||||||
|
||||||||||||||||||||||||||||
diseño
y hosting digitalone.com.ar |
||||||||||||||||||||||||||||
AntiCopyright
Toda la información de este sitio puede ser reproducida libremente,
en forma total o parcial, aunque agradeceríamos que citaran la fuente mailingolavarriense.com |