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EL RINCÓN
DEL HEDONISTA
Hace muchos años,
yo no contaba con los conocimientos que luego fui adquiriendo acerca de
ciertos manjares que la tierra nos prodiga. Inexperto aún, bebía
en una reunión un vino del cual no recuerdo su marca pero que,
desde el paladar, me remitía a otros sabores de la naturaleza,
me transportaba al sabor de las frambuesas salvajes que alguna vez degusté
en mi infancia.
En principio la sensación me pareció engañosa. No
quise comentarla con las personas que estaban en aquella reunión.
Pasó el tiempo, pasaron algunos libros y algunos saberes adquiridos,
para enterarme de que aquellas sensaciones que aquel vino me transmitía
no eran ilógicas.
Es muy usual entre los expertos, usar sabores ya conocidos para comparar
a los sabores de ciertos vinos. En esto no hay diferencia con los que
conocen de quesos o de puros, por ejemplo. Para caracterizar el sabor
significativo de un puro, los comentaristas suelen usar apelativos como
“especiado”, con gusto a ron o con reminiscencia a madera.
En cuanto al vino es muy común la referencia a frutas, flores,
maderas, etc. Puede parecer un modo demasiado figurado de calificar, pero
francamente hay ciertas maravillas con las que uno siente la necesidad
de buscar comparaciones, establecer alguna metáfora.
He aquí algunos de los objetos naturales más usados en la
descripción de la milenaria bebida: Cerezas, moras, frambuesas,
avellanas, almendras, ciruelas, café, rosas, manzana, lima, limón,
frutas tropicales, durazno, vainilla, etc.
Es infinita la paleta de colores, aromas y sabores familiares, que la
naturaleza ha puesto a disposición de los amantes de la cultura
del Vino.
En general es la percepción del color de la bebida la que luego
influye en la opinión de nuestro paladar. Las cepas tintas suelen
compararse con las frutas secas y las de color rojizo oscuro. Las cepas
blancas remiten a frutas y flores donde predomina el verde, el amarillo
y el blanco.
En un Cabernet Sauvignon, por ejemplo, andan jugando notas de cereza,
ciruela, caramelo. En un Chardonnay se expresan reminiscencias de durazno,
frutas tropicales y vainillas.
Pero en esto, lo más importante es confiar en nuestra propia inspiración
para expresar lo que sentimos.
Y por sobre todas las cosas, lo importante es detenerse un sábado
a la noche, como corolario de una ardua semana y concentrarse y disfrutar,
como en un tiempo sin tiempo, dejando de lado las preocupaciones.
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