Hoy escriben
mis hijos
DE CUANDO LA PRINCESA ELIGIÓ
Decidió el rey casar
a su hija con quien diera la respuesta más satisfactoria, a juicio
de ella, a la pregunta que ella misma debería efectuar.
Los postulantes rechazados serían decapitados.
Quizás por ello sólo tres se presentaron: un Conde, un Duque
y un Juglar.
- ¿Qué me ofrecéis? - preguntó la Princesa.
- Mis tierras del norte y las montañas que las circundan - respondió
el Conde.
- Mis tierras del sur y el mar que les pertenece - respondió el
Duque.
- Yo, Princesa - dijo el Juglar- para evitarte penas y dolores te ofrezco
la libertad para que te enamores.
En un canasto, al amanecer, dos cabezas cayeron.
Dicen que las de un Conde y de un Duque fueron.
Jorgelina Lorenzo
CUANDO REGRESE
¡No!... Peludín...
¡No!
No digas eso.
¡No es cierto!
Mi mamá no está muerta. Nada más pasó que
porque mi hermanito tardaba mucho en llegar ella fue al cielo a buscarlo.
Como es muy linda y muy buena, Dios nos mandó al bebé y
decidió que se quede un tiempo a su lado reposando sobre nubes
de algodón.
Seguro que la vio un poco cansada a mi mamá.
¡Ah!... Peludín, te pido que le digas a los chicos que me
saquen del equipo. Yo, por un tiempo, no podré ir al campito. Mi
papá trabaja hasta muy tarde y debo atender a mi hermanito.
Lo tendré siempre limpito. Le pondré crema en la colita,
aceites en el pecho y mucho talco en las bolitas. Le compraré un
osito de peluche, un trompo y una pelota. Le daré mucho cariño
y veré que siempre está correctamente alimentado, así,
cuando regrese, mi mamá me dará un beso grandote por lo
bien que lo he cuidado.
Marcelo Lorenzo
BESTIA
Aquí estoy, esperando,
como siempre, acechando a mi presa, desesperado, atormentado por mi sed
de devorar y aun así de que escape, que corra y escape, que cambie
de opinión.
A veces puedo vencer mi sed y lograr un humano sentimiento de satisfacción
al poder vencer, como humano, mi propia bestia, que no sé ni como
nombrarla, pero sí sé cómo se siente, cómo
se vive ligado a ella y no puedo decir que a veces no la disfruto. Últimamente
cada vez más. Pareciera que se apodera de mí. Yo sólo
me dejo llevar cegado por la sed y ataco. Siento la satisfacción,
absorbo cada segundo de vida, los dejo disfrutar sólo una nada
de liberación, sólo una fracción de libertad para
que el tormento sea aún mayor, atormentándome a mi mismo
por no poder librarme de la bestia que me consume, saboreando libertades
ajenas.
Las siento entrar, siento a la bestia crecer con cada víctima,
con cada inocente, con cada uno de ellos que sin saber eligen y eligen
mal. Siento su transformación, dentro de mí, de la bestia,
ahora también su bestia, que poco a poco los consumirá,
atormentados en una lujuria de violencia, de canibalismo, los vencerá.
Vencerá sus cansados seres, sucumbirán a ella y se dejarán
llevar cada vez más. ¡Adiós a la libertad!...
No sé como lo sé.
Sólo estoy ahí.
Vago y vago, como un sabueso, buscándolos, oliendo desesperación,
frustración, desesperanza.
Puedo oler sus corazones derrotados.
Puedo hablarles, convencerlos de la elección y atacarlos para saciar
con ellos mi propio tormento.
Lo veo, soga, un pequeño susurro, al oído, para que no haya
un arrepentimiento, para parar mi tormento, un paso, el chasquido de la
soga al tensarse , el ruido del cuello al quebrarse, su cuerpo con espasmos,
su cara, sus ojos, ellos dicen todo, falta de oxígeno, no hay un
último suspiro, relax, el fin. Lo veo salir, liberarse de ese cuerpo
moribundo, mirarlo con estupor, conmoverse ante su decisión, el
horror de verme, de enfrentarme, enfrentarse a sus destino, un segundo,
esa ínfima fracción de libertad antes de empezar a devorarlo.
Lo siento arrepentirse, pero ya es tarde. Mi tarea comenzó y con
eso mi pequeña satisfacción y mi tormento, ahora tormento
humano.
La bestia está saciada pero el humano desesperado.
Si solo no le hubiese hablado, si no hubiese aparecido ante él
como una conciencia atormentadora, si solo no le hubiese hablado al oído,
quizás no lo hubiera hecho, no tendría que alimentarme de
él, quizás lo hubiese salvado por el momento de mis garras.
Deseo parar mi tormento pero sé que es imposible...
¡Ya es tarde!
Hice mi elección, errada, lo sé y lo recuerdo todavía.
Aunque he perdido mucho de mi humanidad, aún está en mi
memoria. Recuerdo que mi dedo sintió la presión, como también
mi piel, mi cuerpo inalterado sintió la velocidad, estupefacto,
el vacío y la libertad, disgregación de masa, y las paredes
lloraron ser las contenedoras de semejante revoltijo de desesperación.
Volé.
Me liberé.
Volé y sentí la libertad, a un precio alto... ¡Demasiado!
Vi desde mi propia excarcelación mi cuerpo convulsionarse, llorar
y morir... para poder vivir, eternamente, liberado, siendo parte de la
muerte... ¡Siendo muerte por propia voluntad!
Julio Lorenzo
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