Nº 084 - Algunas Reflexiones sobre las elecciones del 14 de Septiembre
- Dr. Eduardo Malamud


De los temas planteados respecto a las últimas elecciones existen al menos tres acerca de los cuales se puede ser más preciso que la generalidad de lo hasta ahora leído y/o escuchado, sin entrar en partidismo alguno. Se trata del ausentismo electoral, las encuestas, y la atribución de intenciones a otros.

Ausentismo: ni tanto ni tan poco
En estas elecciones ha votado, según el distrito, (Capital Federal, Provincia de Buenos Aires, Provincia del Chaco, Provincia de Jujuy, Provincia de Santa Cruz) entre el 65 y el 70% del padrón habilitado para hacerlo.
Y en algunos comentarios hay quienes interpretan dicho dato como un desinterés electoral por parte de un tercio de la población. Sin embargo, no se tiene en cuenta que en las elecciones del 30 de octubre de 1983, cuando se dio la mayor concurrencia porcentual a las elecciones, en el inicio del actual ciclo democrático, se alcanzó una concurrencia del 84% del padrón electoral nacional, cifra que indica el máximo absoluto de asistencia a las urnas, y presumiblemente, el óptimo a lograr. Podrían incluirse como causa del faltante la no actualización del padrón, (fallecidos), enfermos, personas alejadas de su lugar de votación o por falta de domicilio actualizado, etc.
De modo que la abstención de septiembre de 2003 disminuye a un 15 a 20% real, que no es despreciable, pero de ninguna manera involucra a un sector mayoritario.
Además hay un antiguo dicho del derecho: “no hay infracción sin sanción”. En efecto, aquellas infracciones que no son penalizadas pierden ante la sociedad ese carácter. Y en 20 años de elecciones reiteradas, nadie ha oído que alguien sufriera una multa o inhabilitación por no haber emitido el voto, ni siquiera quienes luego no lo justificaron ante la Justicia Electoral. De hecho, si no de derecho, el voto ha perdido su carácter de obligatorio a los ojos de los vecinos.
De forma que esos electores que no han votado, así como aquellos que votaron en blanco, son absolutamente respetables, pero el hecho de que a ellos no les guste nadie, no obliga a la mayoría a quedarse sin administración. Después de todo tenemos actualmente un Presidente de la Nación legal y legítimo, que obtuvo el 22% de los votos válidos, descontando el ausentismo de esa elección, que no fue mucho menor que el de septiembre, y nadie cuestiona su derecho a ejercer el cargo.

Encuestas: realización e interpretación
Se han efectuado todo tipo de encuestas, científicas y de las otras, en todos los territorios en que se produjeron las elecciones. El dato curioso es que en algunos casos los mismos realizadores de la encuesta, como en la única encuesta conocida públicamente en nuestra ciudad, obtuvieron resultados que no tuvieron en cuenta al momento de sacar conclusiones.
Es diferente el caso de ciertos candidatos, que, conociéndose perdidosos en las encuestas, les negaron objetividad, o escondieron los números y afirmaron que los resultados eran diferentes. En este caso es obvio que, como en el caso de un juicio, nadie está obligado a declarar en su contra. ¿ Y a quién puede gustarle declarar que se sabe perdedor?
Y en el caso de las encuestas menos científicas, así como el voto no es demasiado obligatorio, tampoco es ya demasiado secreto, pues se apela a dirigirse a la gente en la calle para que exponga, ante micrófono y cámara televisiva, su intención de voto. Lo que se dice un voto precantado, con total pérdida de la anonimidad. Todo en aras de la presunta noticia.
La adivinación de intenciones
Otro interesante fenómeno del que hemos tenido muestras orales y escritas estos días es el de insertarse en el cerebro de los demás para interpretar sus intencionalidades. Como un candidato a concejal que afirmó rotundamente que en nuestro distrito las elecciones serían un plebiscito sobre determinado tema (basura). Si uno siguiera su línea de razonamiento, debería indicar a la Universidad Nacional del Centro que suspendiera el estudio que está efectuando, porque la cosa ya está resuelta. A todas luces absurdo. Pero es una muestra de la adivinomancia que mencionamos.
Como también lo es la insistente afirmación de que un intendente estaba cada vez más nervioso por el posible resultado adverso de la elección, no confirmado por ningún hecho concreto. Aunque en este caso la afirmación tal vez dependa de un punto de vista muy especial, ya que es capaz de ignorar totalmente el desarrollo de una cena de campaña con más de dos mil asistentes.
En síntesis: el porcentaje de voto positivo tiene un descenso gradual desde el reinicio de la democracia, exceptuando la brusca caída de diciembre de 2001, aunque una proyección optimista, que no comparto, podría presumir que seguirá creciendo. Parece más probable que se aproxime a los niveles de los países que llevan siglos eligiendo a sus gobiernos por medio del voto, alrededor del 50% del padrón, como Suiza y EEUU.
Y en cuanto a las encuestas, sería razonable efectuarlas con la mayor precisión técnica posible, y confiar en sus resultados, o si no se cumple uno o los dos requisitos, no realizarlas.
Por último, es preferible analizar los hechos a presumir las intenciones ajenas. La realidad nos dará menos sorpresas.

 
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