La crisis
en el matrimonio puede originarse, a veces, por una defectuosa comunicación.
Es decir la dificultad se manifiesta cuando el trato y el diálogo
dejan de existir.
Lo que se pretende es que estos momentos de desacuerdo conyugal, normales
por otra parte en la convivencia matrimonial, sean leves y transitorios,
para eso se necesita de la buena voluntad de los cónyuges.
Algunos consejos para poner en práctica:
Tiempo de oro: dedícale tiempo al otro pero no confundas la cantidad
con la calidad.
Salidas frecuentes: sal con tu cónyuge con alguna frecuencia. No
te limites a “sacar” a tu mujer de casa, preocúpate
de “salir con ella” a algo que le agrade.
Oír y escuchar: cuando él/ella te hable, no te limites a
oír, deja de trabajar, o deja el periódico a un lado, mírale
a los ojos.
Como novios: mantén viva la ilusión del primer día
de noviazgo. Conquístale a diario. Preocúpate de tu arreglo
personal.
Buenos recuerdos: recuerda con frecuencia los momentos felices compartidos
por los dos.
Sueños de enamorados: sueña como los enamorados pero ten
los pies en tierra como los esposos.
La importancia de las celebraciones: recuerda las fechas importantes.
Si las celebráis juntos, ¡mejor!.
Ayuda: pide a tu cónyuge soluciones prácticas para tus problemas,
puede ayudarte mucho y además servirá para unirlos.
Sorpresas: sorpréndanse con pequeños detalles inesperados:
un regalo, una cena especial, una noticia agradable, una golosina, unas
flores, etc.
Beso de despedida: no olvides despedirte antes de salir. Un beso todos
los días es una práctica muy recomendable.
La armonía familiar depende de que la relación entre los
cónyuges sea amorosa, amable y sólida. Si los esposos se
aman, se comprenden y se apoyan mutuamente, la unión familiar se
dará.
Si esa relación conyugal brilla por la entrega, la generosidad
y el amor, los hijos crecerán sanamente, llenos de seguridad, pues
saben que sus padres se aman. Desgraciadamente, en muchos matrimonios
se olvida la relación conyugal como base de la armonía familiar.
Es importante mantener el diálogo, la ternura y la confianza entre
esposos. Si padre y madre están unidos como esposos y como padres,
la familia quedará revestida del verdadero amor, y los hijos crecerán
aprendiendo a amar al ver el amor de sus padres.
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