La semana próxima se hace en la
escuela la anteúltima reunión de padres del año.
¿Podrías venir esta vez?, pregunta con calma y cautela
una mujer a su marido durante una tranquila sobremesa. Ante el silencio
como toda respuesta y con la solución de facilitar un sí,
agrega: “en esta oportunidad es en un horario en el que vos no
trabajas”... y como todavía no has podido conocer a la
maestra y ya falta poco para que terminen las clases... sería
bueno que me acompañaras”. Y es así como el pedido
con el que la madre inicia la conversación se transforma en reproche.
O así lo interpreta el marido, quien se defiende y ataca, iniciándose
en la mayoría de las veces una discusión.
Cabe preguntarse si esta pareja no está repitiendo, tal vez sin
haberlo pensado mucho, frases hechas sobre los lugares que deben ocupar
padre y madre en relación con la escolaridad de los hijos. La
madre prioriza el compartir la educación mientras el padre entiende
que delegar es posible. Pero compartir y delegar no significan lo mismo
para todas las parejas, vale la pena reflexionar al respecto.
La presencia y la importancia del padre durante el crecimiento y la
crianza de los hijos es algo que actualmente no se discute. La sociedad
moderna, fundamentalmente por la inclusión de la mujer en el
mercado laboral, modificó la estructura de la familia, particularmente
en lo que hace a la cotidianidad doméstica de los chicos. Por
lo tanto, hoy en día es habitual que sean tanto la mamá
como el papá los que se ocupen indistintamente del cuidado y
la crianza de sus hijos. Pero es cierto que la escuela, tal como lo
expresa la madre del ejemplo, queda a veces fuera de ese compartir cotidiano.
Tal vez porque es ésta una institución gobernada y poblada
fundamentalmente por mujeres o por no sentirse idóneos o interesados
en los temas que se tratan o sencillamente porque lo sienten como una
exigencia que los excede, lo cierto es que muchos hombres prefieren,
a veces, no participar de la vida escolar. Pero no participar no significa
necesariamente no compartir. Hay otros modos de acompañar a la
mujer en los problemas escolares y de estar al tanto de lo que ahí
sucede. Y hay otras maneras, de disfrutar de los aprendizajes sistemáticos
de los hijos. Las conversaciones, las preguntas y la mirada diaria de
los cuadernos pueden ser una posibilidad.
Elegir no participar de la vida escolar y delegar esa función
absolutamente en la mujer implica quedar afuera de aspectos importantes
y placenteros que hacen a la vida de los niños. Es, además,
tiempo irrecuperable. Los años, pasan rápidamente, así
también como la escolaridad. Para los hijos la presencia del
papá en la escuela es gratificante. Es suficiente para ellos
mostrarles su aula, su patio, su lugar de juego, su docente a sus amigos.
Tal vez no se pueda cumplir todo, evaluando las preocupaciones, ocupaciones
y dificultades de la familia actual, pero siempre se podrá, si
se quiere, elegir algún momento para compartir.
No todas las parejas se hacen cargo ni comparten del mismo modo los
aspectos que hacen a la crianza. Por eso, cuando el pedido de mayor
participación se convierte en reproche, para saber si es válido,
será necesario pensar, más allá de la concurrencia
o no a una reunión de padres.