| Nº 87 - El Dormilón o el Atajacamino - Carlos Arraga | ||||||||||||||||||||||||||||||||
De nuestra fauna - Pájaros - Serie 2004 Es un ave de la familia Caprimulgidae. Científicamente, es denominada Caprimulgos Longirostris. Tiene una coloración gris ocráceo manchado de negro con la garganta blanca en el macho y de color ocráceo en la hembra; tiene la cola casi negra con pintas blancas; la cabeza grande con cuello corto y alas largas como así la cola generalmente larga. Es difícil de distinguir en la oscuridad de la noche donde suele moverse con comodidad; tiene boca muy grande y patas débiles; normalmente se alimenta de insectos; frecuenta montes, selvas, bosques, pantanos; no construye nidos sino que pone sus huevos, uno o dos, en el suelo; la punta blanca de la cola suele diferenciarlo entre las doce especies y subespecies que hay en el país desde el norte hasta el sur de Chubut. Durante el día suelen ocultarse en la espesura como para cobijarse del sol, aunque son de ámbitos ambiguos, tanto diurnos como nocturnos. Lo conocimos cuando viajábamos por negocios por el norte. Al llegar a las cercanías del Pte. Gral. Belgrano, que une Resistencia con Corrientes en el Chaco. Al parar en una estación de servicio para reparar las luces del coche, lo vimos encaramado sobre una tupida rama. Nos llamó la atención y lo miramos atentamente cuando, de improviso, extendió sus alas levantando vuelo para desaparecer en la oscuridad. Nunca más tuvimos la oportunidad de verlo. Sí tuvimos la presencia de otros personajes de nuestra fauna nacional, habituados a costumbres más ambiguas. Por ejemplo, aquel cabo de la policía riojana, que con sus artimañas para dar y recibir, logró llegar hasta la presidencia de la Suprema Corte Provincial y, luego, accionando con ese generoso toma y saca, por obra y gracia de la ambigüedad de las leyes, desde la Constitucional hasta las que “reglamentan su ejercicio”, arribó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El Congreso Nacional, a los diez años, entendió que había anormalidades en el desempeño del alto magistrado e inició los trámites de un juicio político, conforme a la ambigüedad de las leyes vigentes. Alertado el interesado, presentó su renuncia en “salvaguarda de su buen nombre y honor” y también, siempre conforme a la ambigüedad de las leyes, se “acogió” al beneficio de la jubilación bajo la bonita asignación de catorce mil pesos. Cosa que no pudo hacer el ciudadano común, en razón de las rigideces que tienen las leyes previsionales para la generalidad de la gente aún, aunque haya sufrido un desastre climatológico, como lo fue la inundación que tuvimos aquí el 27 de abril del 80. Reclamando, en el ANSES le dijeron que “no hay leyes que contemplen soluciones a catástrofes como esas”, por lo que, quienes las sufren y no tienen recursos, se deben ajustar a las ambiguas normas que señalan las leyes vigentes, permisivas para unos, partiendo del medio para arriba dentro de la sociedad argentina, o impertérritas e inamovibles para los otros que subyacen en los niveles bajos de la misma sociedad. “Sean eternos los laureles que supimos conseguir” cantan a voz en cuello los legisladores que lograron regresar al Congreso para ocupar sus bancas luego de aquel grito del 20 de diciembre del 2001 y que decía “que se vayan todos”. Gracias a la ambigüedad de las leyes “que supieron conseguir” les permitió el retorno con toda impunidad y con el tiempo les permitirá acogerse a los beneficios de una abundante jubilación. Jubilación que no podrán gozar los siete muertos de la fábrica militar de Río Tercero en la provincia de Córdoba, ni las variadas decenas de heridos, lesionados, mutilados, amputados o descalabrados habitantes de ese lugar que sufrieron las consecuencias de la explosión del 3 de enero de 1995, presuntamente provocada con la intención de tapar las ventas ilegales de armas. Graves represalias se tomaron contra técnicos, investigadores y personal capacitado que denunció el hecho y que recibieron las condignas sanciones legales, apoyadas por “las insospechables” opiniones del propio presidente de la Nación de aquel entonces, quien salió libre de toda culpa gracias a la proverbial ambigüedad de las leyes. Sin lugar a dudas, mientras no se ataquen las ambigüedades actuales, la existencia de los ciudadanos continuará navegando por los mares de la más cerrada oscuridad como en los tiempos más bárbaros de la humanidad. Así lo denotan los sucesos acaecidos en la provincia de Santiago del Estero donde la delincuencia oficial, amparada por la falta de leyes, cubrían sus delitos alimentando a los animales del zoo privado con los restos de sus víctimas una vez trozadas meticulosamente para hacer desaparecer rastros. Lo que es ser, ordenadamente legal. Según un conocido jurisconsulto nacional “el derecho no es una ciencia exacta como la matemática” lo que justificaría la ambigüedad en todo el ámbito legal. “Si opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello, porque sobre el alto vigila otro más alto y uno más alto está sobre ellos”, dice Salomón en el Libro del Eclesiastes del Antiguo Testamento. Por suerte la Ley de Dios es Justa y Verdadera y a la hora de rendir cuentas, según se haya hecho se pagará sin lugar a dudas. Hay que saber esperar. Allí, no caben las ambigüedades, reina la Justicia Divina, guste a quien guste. |
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