Nº 87 - Más Alegres, más Humanos - María Elena Dapello de Berterreix
Abogada

Empezar el año leyendo un buen libro es una muy buena manera de hacerlo y si además un tema tan complejo como parece la “ética” llega de manera sencilla y simple como para charlarlo con nuestros hijos, doblemente bueno. Tal la publicación de “Ética para Amador”, en donde el profesor de Filosofía Fernando Savater piensa y escribe para su hijo Amador, haciéndolo extensivo a todos los adolescentes.
Su objetivo en el libro, es el de desarrollar librepensadores y cuando define a la ética lo hace como “el saber vivir o arte de vivir” y ahí más de uno pensará que tarea fácil, pero la misma se enreda cuando el autor agrega, “que no es más que el intento racional de averiguar cómo vivir mejor... una buena vida humana... que será buena vida entre seres humanos, de lo contrario puede que sea vida, pero no será buena ni humana”.
A continuación nos invita a reflexionar cuando señala, “que si queremos ser tratados como humanos, porque eso de la humanidad depende en buena medida de lo que los unos hacemos con los otros...” Y ahí va mi pregunta, cómo tratamos a los otros? Con respeto, los escuchamos cuando hablan, nos ponemos en su lugar? “Lo del trato es importante porque los humanos nos humanizamos unos a otros... y sólo podemos obtener la amistad, el respeto, y el amor de las otras personas, en resumen esa complicidad fundamental que sólo se da entre iguales...”. Y con respecto a este tema agrega palabras de Erich Fromm de Ética y Psicoanálisis cuando dice “No hagas a los otros lo que no quieras que te hagan a ti” y además afirma “todo lo que hagas a los otros te lo haces también a ti mismo”.
Más adelante se refiere a la libertad y nos dice “que de ella vienen los remordimientos. Si no fuésemos libres, no podríamos sentirnos culpables (ni orgullosos, claro) de nada... Por eso cuando sabemos que hemos hecho algo vergonzoso, procuramos asegurarnos que no tuvimos otro remedio que obrar así, que no pudimos elegir: yo cumplí órdenes de mis superiores”. Y de esto tristemente, cuánto sabemos los argentinos. El autor agrega “que de lo que se trata es de tomarse en serio el tema de la libertad, o sea ser responsable,... esto es saberse auténticamente libre para bien y para mal...”.
En otro párrafo Savater alude “a esos que llamamos -malos-, es decir, los que tratan a los demás humanos como enemigos en lugar de procurar su amistad y para ello toma el ejemplo de la película Frankestein y la parte en la que el monstruo hace esta confesión a su ya arrepentido inventor -soy malo porque soy desgraciado-. Y al respecto el autor nos dice que tiene la impresión de que la mayoría de los supuestos -malos- que corren por el mundo podrían decir lo mismo cuando fuesen sinceros. Si se comportan de manera hostil y despiadada con sus semejantes es porque sienten miedo, o soledad, o porque carecen de cosas necesarias que otros muchos poseen, desgracias, como verás, o porque padecen la mayor desgracia de todas, la de verse tratados por la mayoría sin amor ni respeto... no conozco gente que sea mala de puro feliz ni que martirice al prójimo como señal de alegría... aunque hay bastantes que para estar contentos necesitan no enterarse de los padecimientos que abundan a su alrededor y de algunos de los cuáles son cómplices. Pero la ignorancia, aunque esté satisfecha de sí misma, también es una forma de desgracia”.
“Ahora bien: si cuanto más feliz y alegre se siente alguien menos ganas tendrá de ser malo, no sería prudente intentar fomentar todo lo posible la felicidad de los demás en lugar de hacerlos desgraciados y por lo tanto propensos al mal? El que colabora con la desdicha ajena o no hace nada para ponerle remedio... se la está buscando. Que no se queje luego de que haya tantos malos sueltos!”.
Frente a este análisis del autor de cara a una Argentina con mucho seres necesitados, qué bien nos viene este párrafo. Es indispensable dar y devolver a quienes la perdieron, la alegría, consideración y bienestar para que puedan sentirse nuevamente libres.
Hoy, una bocanada de aire puro me nutre de esperanza..., Pareciera que nuestros nuevos gobernantes así lo entienden. Es tiempo entonces de asumir la responsabilidad que a cada uno nos cabe para hacer que la Argentina cambie. Así... reforzaremos y ampliaremos nuestra humanidad.
A través de sus páginas este hermoso libro continúa desmenuzando palabras como alegría, templanza, dignidad, asistencia, justicia ética y política entre otras. Y ya casi al final el autor nos recuerda que “la Tierra no es un conjunto de parches ni de parcelas: mantenerla habitable y hermosa es una tarea que sólo puede ser asumida por los hombres en cuanto comunidad mundial, no desde el ventajismo miope de unos contra otros”.
Es este un comienzo de siglo convulsionado, pero que nos ofrece el desafío de colaborar en la construcción de un mundo mejor, lo aceptamos? De ser así, seguramente nos sentiremos más alegres y seremos más humanos.

 
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María Elena Dapello de
Berterreix

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