Empezar el año leyendo un buen
libro es una muy buena manera de hacerlo y si además un tema
tan complejo como parece la “ética” llega de manera
sencilla y simple como para charlarlo con nuestros hijos, doblemente
bueno. Tal la publicación de “Ética para Amador”,
en donde el profesor de Filosofía Fernando Savater piensa y escribe
para su hijo Amador, haciéndolo extensivo a todos los adolescentes.
Su objetivo en el libro, es el de desarrollar librepensadores y cuando
define a la ética lo hace como “el saber vivir o arte de
vivir” y ahí más de uno pensará que tarea
fácil, pero la misma se enreda cuando el autor agrega, “que
no es más que el intento racional de averiguar cómo vivir
mejor... una buena vida humana... que será buena vida entre seres
humanos, de lo contrario puede que sea vida, pero no será buena
ni humana”.
A continuación nos invita a reflexionar cuando señala,
“que si queremos ser tratados como humanos, porque eso de la humanidad
depende en buena medida de lo que los unos hacemos con los otros...”
Y ahí va mi pregunta, cómo tratamos a los otros? Con respeto,
los escuchamos cuando hablan, nos ponemos en su lugar? “Lo del
trato es importante porque los humanos nos humanizamos unos a otros...
y sólo podemos obtener la amistad, el respeto, y el amor de las
otras personas, en resumen esa complicidad fundamental que sólo
se da entre iguales...”. Y con respecto a este tema agrega palabras
de Erich Fromm de Ética y Psicoanálisis cuando dice “No
hagas a los otros lo que no quieras que te hagan a ti” y además
afirma “todo lo que hagas a los otros te lo haces también
a ti mismo”.
Más adelante se refiere a la libertad y nos dice “que de
ella vienen los remordimientos. Si no fuésemos libres, no podríamos
sentirnos culpables (ni orgullosos, claro) de nada... Por eso cuando
sabemos que hemos hecho algo vergonzoso, procuramos asegurarnos que
no tuvimos otro remedio que obrar así, que no pudimos elegir:
yo cumplí órdenes de mis superiores”. Y de esto
tristemente, cuánto sabemos los argentinos. El autor agrega “que
de lo que se trata es de tomarse en serio el tema de la libertad, o
sea ser responsable,... esto es saberse auténticamente libre
para bien y para mal...”.
En otro párrafo Savater alude “a esos que llamamos -malos-,
es decir, los que tratan a los demás humanos como enemigos en
lugar de procurar su amistad y para ello toma el ejemplo de la película
Frankestein y la parte en la que el monstruo hace esta confesión
a su ya arrepentido inventor -soy malo porque soy desgraciado-. Y al
respecto el autor nos dice que tiene la impresión de que la mayoría
de los supuestos -malos- que corren por el mundo podrían decir
lo mismo cuando fuesen sinceros. Si se comportan de manera hostil y
despiadada con sus semejantes es porque sienten miedo, o soledad, o
porque carecen de cosas necesarias que otros muchos poseen, desgracias,
como verás, o porque padecen la mayor desgracia de todas, la
de verse tratados por la mayoría sin amor ni respeto... no conozco
gente que sea mala de puro feliz ni que martirice al prójimo
como señal de alegría... aunque hay bastantes que para
estar contentos necesitan no enterarse de los padecimientos que abundan
a su alrededor y de algunos de los cuáles son cómplices.
Pero la ignorancia, aunque esté satisfecha de sí misma,
también es una forma de desgracia”.
“Ahora bien: si cuanto más feliz y alegre se siente alguien
menos ganas tendrá de ser malo, no sería prudente intentar
fomentar todo lo posible la felicidad de los demás en lugar de
hacerlos desgraciados y por lo tanto propensos al mal? El que colabora
con la desdicha ajena o no hace nada para ponerle remedio... se la está
buscando. Que no se queje luego de que haya tantos malos sueltos!”.
Frente a este análisis del autor de cara a una Argentina con
mucho seres necesitados, qué bien nos viene este párrafo.
Es indispensable dar y devolver a quienes la perdieron, la alegría,
consideración y bienestar para que puedan sentirse nuevamente
libres.
Hoy, una bocanada de aire puro me nutre de esperanza..., Pareciera que
nuestros nuevos gobernantes así lo entienden. Es tiempo entonces
de asumir la responsabilidad que a cada uno nos cabe para hacer que
la Argentina cambie. Así... reforzaremos y ampliaremos nuestra
humanidad.
A través de sus páginas este hermoso libro continúa
desmenuzando palabras como alegría, templanza, dignidad, asistencia,
justicia ética y política entre otras. Y ya casi al final
el autor nos recuerda que “la Tierra no es un conjunto de parches
ni de parcelas: mantenerla habitable y hermosa es una tarea que sólo
puede ser asumida por los hombres en cuanto comunidad mundial, no desde
el ventajismo miope de unos contra otros”.
Es este un comienzo de siglo convulsionado, pero que nos ofrece el desafío
de colaborar en la construcción de un mundo mejor, lo aceptamos?
De ser así, seguramente nos sentiremos más alegres y seremos
más humanos.