EL RINCÓN DEL HEDONISTA
"El que no considera
lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque
sea dueño del mundo". (Epicuro)
Al pobre filósofo Epicuro se le
ocurrió decir en el año 200 A.C. que el “fin último
del hombre es el placer”, y encendió una polémica
que hizo temblar a la Vieja Atenas. Sus amigos y enemigos lo trataron
de vago, indecente, haragán y otros epítetos que el mármol
no ha salvado.
Pero como muchos pioneros de la historia, este simpático filósofo
fue un incomprendido. Según autorizados comentaristas, la palabra
placer, en la filosofía de Epicuro, equivale a felicidad, y así
su teoría del placer por el placer mismo se compendia en la siguiente
frase: “El fin último del hombre es la felicidad”.
En este sentido todo se debe supeditar a conseguir la felicidad, tanto
en el conocimiento, en la ciencia, como en la virtud. ¡Vamos Epicuro
todavía!
Parece ser que los antiguos pensadores de las costas del Mar Egeo, la
tenían clara en lo que hace a placeres y felicidades.
Tuvo que ser un griego quien nos enseñase que hemos venido a
ser dichosos en este mundo. Y como todo antiguo griego, la desmesura
y el exceso le molestaba, siempre hay un equilibrio. No promovía
Epicuro una vida de desenfreno: “el sumo bien es la prudencia
(…) de ella se desprenden las demás virtudes, pues sin
prudencia, sin moralidad y sin justicia, no es posible vivir dichoso,
como viceversa, sin placer tampoco se puede vivir racional, moral y
justamente”.
Aunque hasta nuestros días la filosofía de Epicuro, fundador
del hedonismo, ha llegado de la manera más banal y no menos interesante.
Se lo conoce como “El filósofo del placer”, entendiendo
placer por las gratificaciones más mundanas. Así su frase:
“El fin último del hombre es la felicidad” se puede
traducir como: “El fin último del hombre es comerse un
buen asado”.
Hoy “Epicuro” suele ser nombre de logias de catadores y
cofradías de amantes de varietales de exportación, o de
lugares de comidas exóticas.
¡Qué le vas a hacer Epicuro!, ¡Se usa mal tu nombre
y tu filosofía!. Se sabe que los placeres son pigmeos y las felicidades
son gigantes, pero tu nombre sugiere, evoca y alegra.
Aún para los que lo interpretaron su filosofía a medias,
Epicuro dejó una frase que seguramente les irá como anillo
al dedo: “Debemos buscar a alguien con quien comer y beber antes
de buscar algo que comer y beber, pues comer solo es llevar la vida
de un león o un lobo”.