Nº 87 - Coopeléctric: Asamblea y Despúes – Octavio Físner Oliva |
||||||||||||||||||||||||||||||||
Los acontecimientos del antepenúltimo día del año 2003 parecen haber marcado el principio del fin de la hegemonía instalada por la Lista Amarilla en Coopeléctric. En efecto, el escándalo derivado de decisiones evidentemente mal tomadas por la directiva ha puesto, como pocas veces antes, el punto de atracción de la mirada atenta de los miles de accionistas, muchos de ellos extrañados de un proceder que no tiene explicación suficiente, tanto en los prolegómenos de la ya famosa asamblea extraordinaria, como a posteriori de ella. Hasta esa instancia el público dejó hacer al gobierno de la Lista Amarilla sin interiorizarse de los detalles que, en ocasión de cada elección anual, difundía la oposición nucleada en la Lista Celeste de la Comunidad. Por comodidad, por desidia o porque intuía sólo una lucha por el poder en la empresa popular, la gran masa de socios prefirió ignorar lo que pasaba en Coopeléctric y marginarse de participar en el proceso periódico de renovar el Cuerpo de Delegados que, a su vez, debía designar a los consejeros. Apenas unos pocos miles de asociados concurrían a las urnas, más urgidos por la movilización de punteros y allegados de las dos listas rivales, que por un verdadero interés en la revisión de los procederes de la Lista Amarilla. Durante años los casi 40 mil socios de la Cooperativa aceptaron la modalidad de no ser informados de lo que se resolvía en la intimidad del directorio; de ignorar a qué montos alcanzaban los sueldos de los funcionarios y aún los del propio órgano gubernativo; de dejar pasar las memorias y balances que, fina y costosamente editados, se amontonaban en la sede sin despertar su debido interés en el momento oportuno para ello, es decir, en las confrontaciones electorales internas; de conocer pasivamente actos arbitrarios que generaron juicios de cuyas alternativas no reciben noticia oficial; de hacer como que ignoraba actos abusivos de naturalezas varias, tales como políticos (de política partidaria) o discriminación de periodistas por represalias que van desde cesantías caprichosas, hasta la selección capciosa de la publicidad institucional. De estas realidades y de otras muchas que harían más tediosa la nómina hubo durante una larga década que fue conformando una forma veleidosa de conducir la Cooperativa, con un grupo cerrado que se organizó para fundar un polo de poder político concentrador de servicios públicos esenciales, y plataforma de lanzamiento para extenderlo hasta el gobierno mismo de la comunidad municipal. Todo eso lo fue tolerando distraídamente, casi íntegro, el padrón de socios de Coopeléctric. EL IMPREVISTO RECODO DEL 29/12/03 ¿Por qué esta predicción de que ese estado de cosas terminó con la asamblea del lunes 29 de diciembre? Hay varias razones determinantes de la nueva perspectiva en torno de la Lista Amarilla. En primer término, un exceso de arbitrariedad manifiesto en el modo de convocar a una asamblea para determinar asuntos que sorprendieron ingratamente al público, empezando por el abuso del método de la desinformación pertinaz. Pero la idea de asociar la Cooperativa con una empresa foránea que no se ganó la confianza general fue el llamador poderoso de la atención del público, advertido por los mismos miembros del directorio de que la telefónica no va por andariveles que conducen al éxito. La movilización de la lista Celeste de la Comunidad, que alertó sobre un aporte de dos millones de pesos para la sociedad a crearse, más la noticia de que se había efectuado el pago de un cuarto de millón de pesos, más la perentoriedad insoslayable de decidir con una premura llamativamente sospechosa produjeron, en el ánimo vecinal, una inquietud por el futuro que se le estaba armando a la empresa popular. A eso hay que sumar la porfiada actitud de no dar información de orientación, referida a los motivos profundos de promover la reforma de 25 artículos del Estatuto y alguno del Reglamento de Servicios Sociales, que también incidieron para sacar del letargo la atención del vecindario. Pero si algo hacía falta para que la población se viera compelida a interiorizarse debidamente de la situación, eso vino con el pronunciamiento del Intendente Municipal, señor Helios Eseverri. Cuando el jefe político de esta comunidad, que goza de la confianza mayoritaria del vecindario, indicó que había un procedimiento equivocado por el directorio coopeléctrico, y solicitó una prudente y sensata espera de 30 días, para abrir un debate que clarificara las posturas mayoritarias de los socios y se tuviera suficiente información sobre los puntos del Orden del Día, hasta ese momento, digo, no había llegado a lo profundo del interés vecinal lo que pasaba en la Cooperativa. Casi podría señalarse un encolumnamiento de la opinión pública o, al menos, de su interés por conocer más de aquellas ocurrencias, detrás de la actitud frontal del señor Eseverri, lo que ha dado un vuelco perceptible en la sociedad en cuanto a su apreciación de la gestión de los consejeros, delegados y funcionarios de la Lista Amarilla. Por otra parte, y no con menor influencia en el ánimo público, la participación, un tanto exagerada del gremio de Luz y Fuerza que irrumpió con una bulliciosa concentración y fuego de neumáticos en plena calle, hizo que los ecos promovidos por el escándalo de una determinación equivocada de la conducción cooperativa llegaran a la totalidad de la comunidad olavarriense. Podrá tildarse de oportunista la movilización del sindicato, pero no se la podrá relevar de motivaciones justicieras porque sus reclamos tienen procedencia incluso legal (quieren el cumplimiento de algo que está dispuesto por las autoridades superiores de la Nación). Ante ese reclamo, que el gobierno de la Cooperativa dice que es incumplible porque carece de fondos para ello, se convoca a una asamblea para autorizar la asociación con una empresa no confiable todavía, y hacer en ello un aporte de dos millones de pesos encima de los que ya se han hecho, que son cuantiosos. Los excesos y los amagos de violencia causaron estupor y extrañeza. Estupor y extrañeza porque esa clase de explosiones populares no forma parte de nuestra cultura de vecindario tranquilo y pacífico. Pero si no es justificable ese tumulto inusual, sí es comprensible su origen atribuible, exclusivamente, a la arbitrariedad con que el directorio manejó este asunto, tan delicado como de proyecciones de riesgo para la institución. INSISTENCIA EN EL ERROR El día después de los hechos el Consejo llamó a conferencia de prensa. Se suponía que, habida cuenta de que el cargo principal que se le endilga es la falta de información sobre lo que trataría la Asamblea, se aprovecharía para proporcionarla, en un intento de blanquear en parte ese aspecto restallante de la cuestión. Nada de eso ocurrió. Todo se redujo a hablar de la reacción popular y a lamentarse por lo que debieron soportar, poniendo en evidencia una absurda intención de atribuirle a la postura del Intendente Municipal el origen del tumulto en la vía pública. No se decidieron a salir del error de proteger el secreto y los verdaderos motivos del plan, el por qué y el para qué de lo que se decidió; no se dieron detalles de asistentes, de posiciones y votos positivos y los otros. La única salida fue la ingenuidad de calificar lo resuelto en el caso Infracom, como una simple autorización que no implica compromiso de asociación comercial, la que se decidirá después de estudios y análisis que cuadran a la circunstancia. Es para preguntarse si una simple “autorización” justificaba tanta premura que hizo impostergable la Asamblea, el escándalo público y ese descomedido desaire a la autoridad del Municipio. Se volvió sobre el error de eludir la información. Hay un pasaje de la conferencia de prensa que ilustra sobre la idea que se tiene en el Consejo de lo que debe saber cada socio respecto de lo que actúa. El presidente, Dr. Ignacio Aramburu, se mostró extrañado y perturbado por el cargo de falta de información sobre lo que debía tratar la Asamblea. Para desmentirlo dijo esto que es para la historia: “El Orden del Día contenía una serie de temas que eran de conocimiento no sólo de este Consejo sino de al menos los 51 delegados que fueron convocados. Al menos 70 personas sabían lo que iba a pasar”. Se ufanaba así el Dr. Aramburu creyendo que el conocimiento de los temas por 70 (setenta) personas basta para que casi cuarenta mil socios se den por enterados y no deban reclamar más información. Es tan disparatada esa creencia, que nos deja estupefactos, pero explica el modo egoísta y mezquino de proceder de esa cúpula coopeléctrica, basado en que con que lo sepa la decena de consejeros que rodea al presidente y alguno más del entorno político es suficiente. El resto, la masa de los dueños verdaderos de la Cooperativa, debemos conformarnos con que esos grupitos selectos y supuestamente sabios nos oculten qué están tramando y qué proyectos tienen para el futuro de la empresa. Esos procederes y aquellos
acontecimientos señalan el punto de arranque de una nueva apreciación
de la gestión de la Lista Amarilla en Coopeléctric. Recuperar
solidez de instalación y prestigio será, desde entonces,
una larga y empinada cuesta que hay que repechar. Si da el tiempo suficiente
para ello. |
||||||||||||||||||||||||||||||||
|
||||||||||||||||||||||||||||||||
diseño
y hosting digitalone.com.ar |
||||||||||||||||||||||||||||||||
AntiCopyright
Toda la información de este sitio puede ser reproducida libremente,
en forma total o parcial, aunque agradeceríamos que citaran la fuente mailingolavarriense.com |