Nº 088 - ¡Hola Susana! Daniel N. Hoxmark


En estos convulsionados días de la vida institucional de Coopeléctric cabe hacer referencia a algunos objetivos perdidos que deberían reciclarse para beneficio de todos.
Faltan pocos días para que se cumplan doce años de aquellas declaraciones del Ing. Luis Lázaro, como presidente de la cooperativa, en las que mencionaba textualmente a El Popular (8/3/92-pág. 16) lo siguiente: “Comunico que se está trabajando en el seno del Consejo de Administración, en la elaboración de proyectos alternativos de creación de nuevas cooperativas para que participen en las futuras licitaciones de servicios públicos a privatizar”Esta idea -que nunca se llevó a cabo- de la que estuvo imbuida gran parte de los actores de aquella crisis del 91 y 92 en la que se renovaron dirigentes como Visotto y más tarde Di Nisio y que entraron por la lista Azul (luego Amarilla, al integrarse con la lista ex-oficialista, por los colores de Boca) con la participación del mencionado Lázaro, Miretzky, Moya, Núñez y el Síndico Cura, entre otros, representaba el espíritu de un trabajo desinteresado (nadie cobraba excepto el Síndico por sus tareas anuales de Auditoría), cooperativista por lo antes mencionado y con muchas ganas de mejorar el servicio eléctrico, pero sin abarcar otras actividades, sólo apoyando nuevas iniciativas.
A Visotto se lo removió ganando las elecciones con ese discurso y proponiendo en una Asamblea su destitución por cobrar como gerente. A Di Nisio que estaba dentro y armó la Azul en contra de Visotto se lo removió con otra asamblea, a los pocos meses, por venderle servicios de Oftalmología a la Cooperativa siendo autoridad de la misma.
Hoy no cobra uno sino todos los consejeros y muchos le venden sus servicios profesionales a Coopeléctric siendo parte de la lista oficialista.
Edgardo Cavalli se sumó al grupo anterior en el 92 y al poco tiempo renunció sin cobrar como consejero. Luego volvió al resolverse este tema.
Mienten los amarillos cuando dicen que hace doce años que públicamente tienen la idea de la multiempresa. Esa concepción fue producto de la ola de neoliberalismo y jolgorio menemista que se vivió unos pocos años después y de la que estamos pagando las consecuencias.
Teniendo el dinero disponible que tenía Coopeléctric en su momento (años 1992 al 1996) que superaba los 6 millones de dólares líquidos se podrían haber impulsado un sinnúmero de emprendimientos laborales cooperativos con la gente que comenzaba poco a poco a irse de las fábricas y de las empresas que iban cerrando. Pero no, la tesitura fue sumarse a conquistar servicios públicos que hoy son deficitarios como el caso de Obras Sanitarias.
Y así se fue agregando la empresa fúnebre Carmelo Blando e hijos, Coopenet, Gas a granel, Servicio Educativo Satelital, algunos negocios en San Luis con los Saá que no se concretaron (por suerte), algunas licitaciones en la Ciudad de Buenos Aires que tampoco se ganaron pero que insumieron mucho tiempo y dinero para preparar los pliegos y otras que seguramente se escapan a la memoria.
Todos fueron “grandes” negocios, la administración fue “exitosa”, pero lo cierto es que hoy Coopeléctric tiene nada más que cinco de los dieciocho millones de pesos de aquella época y casi caucionados en su totalidad para obtener créditos para la compra de un trocito de la empresa Infracom de Olavarría.
¿Qué ha mejorado? -Absolutamente nada, ni siquiera los obsoletos programas informáticos que nunca pudieron hacer funcionar a pesar de haberlos pagado fortunas.
¿Qué ha mejorado? -La desinversión en transformadores y materiales eléctricos varios es apabullante. Ahora no sólo hay que pagar las horas extras (desde el sector privado) para reemplazar los materiales que no funcionan, sino que también se utilizan algunos transformadores de otro lugar sin ser nuevos. El Gerente Técnico viene alertando a la conducción de estos problemas reiteradamente pero no encuentra receptividad para sus quejas.
¿A dónde quiere llegar la administración de Coopeléctric? -Seguramente si cualquiera quisiera poner una pizzería, una tintorería, un boliche bailable, un supermercado, una regalería y alguna cosa más probablemente le dirían que está loco por más solidez económica que tuviera. Todo a la vez podría resultar bien pero lo más probable es que no suceda eso, provocando la caída del conjunto.
El negocio de la energía da pérdidas de varios miles de pesos mensuales, el de Obras Sanitarias también. El de Carmelo Blando que tenía expectativas de cambios se mantiene sólo con la buena voluntad de algunos porque nunca se hizo ninguna otra cosa que mantener las viejas salas y los viejos automóviles. Qué sería de nosotros si en lugar de una empresa fúnebre tuviéramos una empresa de salud. Lo importante es recordar también el alto costo pagado para comprar la empresa sin que hasta el momento se haya encontrado una verdadera justificación económica.
Y ahora a todo esto le agregamos la perlita de la telefonía que está siendo analizada por mucha gente preocupada por la solidez de Coopeléctric. Como dijimos al principio quizás hay que recuperar algunos valores y entre ellos el cómo debería haber sido la propuesta de una sociedad para la telefonía.
Hubiéramos propuesto lo siguiente (y todavía no es tarde):
1) Constituir una Cooperativa aprovechando la experiencia de la Cooperativa Telefónica de Loma Negra (VAF) a la que no le va nada mal y la tenemos acá cerquita.
2) Apuntar a una VERDADERA rebaja en el costo del llamado local del orden de por lo menos el 50% real para todos.
3) NO diferenciar entre los pulsos originados por una necesidad familiar a los de un comercio. A nadie le importa para qué usamos el teléfono. Esto debe ser así tanto como el coche, la mesa y la cama. Uno paga por la cantidad usada y no por su contenido. (Los clubes como Estudiantes y otros pagan abono como negocio. O sea que si un pibe suyo lo llama desde el club para que lo vaya a buscar porque ya terminó su actividad, el club paga tarifa como negocio)
4) Beneficiar a los accionistas cumplidores de Coopeléctric con el no pago del abono mensual o una considerable rebaja.
5) Aliviar del pago a las instituciones de bien público, a la policía, las llamadas al hospital, los bomberos, las escuelas y tantos otros ejemplos de lo que tendría que ser un vuelco de las “utilidades” a beneficios comunitarios.
6) Quizás instrumentar una especie de ¡Hola Susana! con contenidos benéficos y probablemente muchas cosas más. Queda librado a la imaginación del lector. Todo sería factible si nos metiéramos bien en la cabeza nuestras posibilidades trabajando mancomunadamente con una COOPERATIVA en serio y con mayúscula y con gente capacitada de buena voluntad.

 
Daniel N. Hoxmark ¡Hola Susana!
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