En estos convulsionados días de
la vida institucional de Coopeléctric cabe hacer referencia a
algunos objetivos perdidos que deberían reciclarse para beneficio
de todos.
Faltan pocos días para que se cumplan doce años de aquellas
declaraciones del Ing. Luis Lázaro, como presidente de la cooperativa,
en las que mencionaba textualmente a El Popular (8/3/92-pág.
16) lo siguiente: “Comunico que se está trabajando en el
seno del Consejo de Administración, en la elaboración
de proyectos alternativos de creación de nuevas cooperativas
para que participen en las futuras licitaciones de servicios públicos
a privatizar”Esta idea -que nunca se llevó a cabo- de la
que estuvo imbuida gran parte de los actores de aquella crisis del 91
y 92 en la que se renovaron dirigentes como Visotto y más tarde
Di Nisio y que entraron por la lista Azul (luego Amarilla, al integrarse
con la lista ex-oficialista, por los colores de Boca) con la participación
del mencionado Lázaro, Miretzky, Moya, Núñez y
el Síndico Cura, entre otros, representaba el espíritu
de un trabajo desinteresado (nadie cobraba excepto el Síndico
por sus tareas anuales de Auditoría), cooperativista por lo antes
mencionado y con muchas ganas de mejorar el servicio eléctrico,
pero sin abarcar otras actividades, sólo apoyando nuevas iniciativas.
A Visotto se lo removió ganando las elecciones con ese discurso
y proponiendo en una Asamblea su destitución por cobrar como
gerente. A Di Nisio que estaba dentro y armó la Azul en contra
de Visotto se lo removió con otra asamblea, a los pocos meses,
por venderle servicios de Oftalmología a la Cooperativa siendo
autoridad de la misma.
Hoy no cobra uno sino todos los consejeros y muchos le venden sus servicios
profesionales a Coopeléctric siendo parte de la lista oficialista.
Edgardo Cavalli se sumó al grupo anterior en el 92 y al poco
tiempo renunció sin cobrar como consejero. Luego volvió
al resolverse este tema.
Mienten los amarillos cuando dicen que hace doce años que públicamente
tienen la idea de la multiempresa. Esa concepción fue producto
de la ola de neoliberalismo y jolgorio menemista que se vivió
unos pocos años después y de la que estamos pagando las
consecuencias.
Teniendo el dinero disponible que tenía Coopeléctric en
su momento (años 1992 al 1996) que superaba los 6 millones de
dólares líquidos se podrían haber impulsado un
sinnúmero de emprendimientos laborales cooperativos con la gente
que comenzaba poco a poco a irse de las fábricas y de las empresas
que iban cerrando. Pero no, la tesitura fue sumarse a conquistar servicios
públicos que hoy son deficitarios como el caso de Obras Sanitarias.
Y así se fue agregando la empresa fúnebre Carmelo Blando
e hijos, Coopenet, Gas a granel, Servicio Educativo Satelital, algunos
negocios en San Luis con los Saá que no se concretaron (por suerte),
algunas licitaciones en la Ciudad de Buenos Aires que tampoco se ganaron
pero que insumieron mucho tiempo y dinero para preparar los pliegos
y otras que seguramente se escapan a la memoria.
Todos fueron “grandes” negocios, la administración
fue “exitosa”, pero lo cierto es que hoy Coopeléctric
tiene nada más que cinco de los dieciocho millones de pesos de
aquella época y casi caucionados en su totalidad para obtener
créditos para la compra de un trocito de la empresa Infracom
de Olavarría.
¿Qué ha mejorado? -Absolutamente nada, ni siquiera los
obsoletos programas informáticos que nunca pudieron hacer funcionar
a pesar de haberlos pagado fortunas.
¿Qué ha mejorado? -La desinversión en transformadores
y materiales eléctricos varios es apabullante. Ahora no sólo
hay que pagar las horas extras (desde el sector privado) para reemplazar
los materiales que no funcionan, sino que también se utilizan
algunos transformadores de otro lugar sin ser nuevos. El Gerente Técnico
viene alertando a la conducción de estos problemas reiteradamente
pero no encuentra receptividad para sus quejas.
¿A dónde quiere llegar la administración de Coopeléctric?
-Seguramente si cualquiera quisiera poner una pizzería, una tintorería,
un boliche bailable, un supermercado, una regalería y alguna
cosa más probablemente le dirían que está loco
por más solidez económica que tuviera. Todo a la vez podría
resultar bien pero lo más probable es que no suceda eso, provocando
la caída del conjunto.
El negocio de la energía da pérdidas de varios miles de
pesos mensuales, el de Obras Sanitarias también. El de Carmelo
Blando que tenía expectativas de cambios se mantiene sólo
con la buena voluntad de algunos porque nunca se hizo ninguna otra cosa
que mantener las viejas salas y los viejos automóviles. Qué
sería de nosotros si en lugar de una empresa fúnebre tuviéramos
una empresa de salud. Lo importante es recordar también el alto
costo pagado para comprar la empresa sin que hasta el momento se haya
encontrado una verdadera justificación económica.
Y ahora a todo esto le agregamos la perlita de la telefonía que
está siendo analizada por mucha gente preocupada por la solidez
de Coopeléctric. Como dijimos al principio quizás hay
que recuperar algunos valores y entre ellos el cómo debería
haber sido la propuesta de una sociedad para la telefonía.
Hubiéramos propuesto lo siguiente (y todavía no es tarde):
1) Constituir una Cooperativa aprovechando la experiencia de la Cooperativa
Telefónica de Loma Negra (VAF) a la que no le va nada mal y la
tenemos acá cerquita.
2) Apuntar a una VERDADERA rebaja en el costo del llamado local del
orden de por lo menos el 50% real para todos.
3) NO diferenciar entre los pulsos originados por una necesidad familiar
a los de un comercio. A nadie le importa para qué usamos el teléfono.
Esto debe ser así tanto como el coche, la mesa y la cama. Uno
paga por la cantidad usada y no por su contenido. (Los clubes como Estudiantes
y otros pagan abono como negocio. O sea que si un pibe suyo lo llama
desde el club para que lo vaya a buscar porque ya terminó su
actividad, el club paga tarifa como negocio)
4) Beneficiar a los accionistas cumplidores de Coopeléctric con
el no pago del abono mensual o una considerable rebaja.
5) Aliviar del pago a las instituciones de bien público, a la
policía, las llamadas al hospital, los bomberos, las escuelas
y tantos otros ejemplos de lo que tendría que ser un vuelco de
las “utilidades” a beneficios comunitarios.
6) Quizás instrumentar una especie de ¡Hola Susana! con
contenidos benéficos y probablemente muchas cosas más.
Queda librado a la imaginación del lector. Todo sería
factible si nos metiéramos bien en la cabeza nuestras posibilidades
trabajando mancomunadamente con una COOPERATIVA en serio y con mayúscula
y con gente capacitada de buena voluntad.