Una satisfacción, muy pequeña
quizás, pero satisfacción al fin.
Por Luján M. Lorenzo
Si bien cuando escribo un cuento lo hago
con el humilde propósito de entretener, siempre trato, en la
medida de mis posibilidades, de incluir en el mismo un concepto que
pueda proyectarse en el tiempo. Cuando ello ocurre, y más si
no soy yo quien se da cuenta, sino que es el hallazgo de un lector,
llega la satisfacción de comprobar que el trabajo por fin ha
sido completado.
El gobierno nacional ratificó ayer
(23/1/4) que el conflicto con Gran Bretaña por las Malvinas continuará
hasta que las islas “puedan ser otra vez” territorio nacional
y aseguró que “van a volver' a ser argentinas, aunque eso
demande “400 años de paciencia”. Además, el
canciller Rafael Bielsa dejó en claro que no viajará a
las Malvinas junto con otros funcionarios del gobierno nacional, en
ocasión de la inauguración del monumento a los soldados
argentinos caídos en 1982, en caso de que para ingresar a las
islas le exijan presentar el pasaporte.
“Frente a la expresión de que este conflicto va a tardar
400 años en resolverse, tendremos 400 años de paciencia,
pero van a volver a su seno”, afirmó el canciller. Bielsa
visitó por la mañana el monumento que será emplazado
próximamente en el cementerio Darwin, en memoria de los argentinos
caídos en la guerra de 1982, el cual será embarcado el
8 de febrero en una nave de Antigua y Barbuda hacia el Atlántico
sur.
Desde un tiempo sin medida
(Cuento escrito y publicado en 1999)
El día 14 de julio de 1999 los gobiernos de Argentina y Gran
Bretaña firmaban un acuerdo.
Por el mismo los ciudadanos argentinos podían visitar las Islas
Malvinas.
Eso sí... como extranjeros, por supuesto.
Algunos aplaudieron... otros no.
Querido papá:
El abuelo tenía razón. Existe la vida más allá
de la muerte terrenal. Yo, entre millones, soy una prueba más.
A mí me quitaron el cuerpo un día de junio de 1982. Allí
en Malvinas, quedaron mis huesos inservibles y mi carne perecedera,
desgarrada y sucia. Mas nunca estuve muerto. Seguí plenamente
vivo, en espíritu y alma.
Gracias a un tiempo sin medida, creado por Dios, cuando en su infinita
sabiduría estableció la no fragmentación de la
eternidad, hoy es posible que los espíritus podamos escribirle
a nuestros seres queridos.
Se nos ha impuesto una sola condición. No debemos mentir ni actuar
con hipocresía. Luego de esto viene la libertad absoluta, siendo
nosotros los únicos custodios de la misma.
Tengo mucho para contarte pero no lo haré en esta primera vez.
Hoy te pido que tomes mi carta como de necesidad y urgencia. Ya te llegarán
otras más extensas y más lindas.
Quiero agradecerte la visita a la tumba de mis huesos que hicieron mamá
y vos hace dos años.
Debo informarte que en la número 167, frente a la cual vos rezaste
y mamá derramó sus lágrimas, no está mi
cuerpo. En esa tumba está el de Lito, un cordobés macanudo.
El mío está en la 171 junto al de un correntino muy valiente.
Días pasados, con el correntino, hicimos, como dice tu amigo
el poeta, el absurdo inventario de contar lo que está y lo que
no está. Nos sobra un húmero y nos falta un fémur.
No culpamos a nadie por esta desprolijidad. La guerra encierra, en su
contexto y por sí misma, la suma total de las desprolijidades.
Nos hemos enterado, antes que ustedes por supuesto, de dos noticias.
La primera es muy buena. Nos van a construir un monumento. Esto está
muy bien. Todos mis compañeros se lo merecen. Yo, no tanto. No
fui muy buen soldado. Me lo pasaba mirando el cielo, pensando en vos
y en mamá y haciendo un incierto conteo del tiempo que me faltaba
para hacer nuevamente el amor con mi flaca.
Como si esto fuera poco yo no maté ningún inglés.
El arma que me dieron no funcionaba y si hubiera funcionado estoy seguro
que me hubiesen faltado agallas para apretar el gatillo.
Sobre la segunda noticia tengo algunas reservas.
Aquí comprenderás porqué te dije que tomaras esta
carta como de necesidad y urgencia.
Mentira e hipocresía son contrarias a nuestra existencia.
Con profundo dolor, nosotros, los espíritus de la guerra, hoy
nos vemos frente a ambas calamidades: la mentira criolla y la hipocresía
de los ingleses.
Atento a ello, querido papá, yo te pido con todas mis fuerzas...
¡No viajes a Malvinas!...
...considero injusto y tramposo que vos debas pedir permiso para entrar
a tu propia casa.
Hasta la próxima... papá.
P/D
Cuando veas a la flaca contale que te escribí. Decile que yo
estoy “espiritualmente” bien y que soy feliz porque sé
que ella, por fin , también lo es. El pibe que tiene es muy lindo.
Ayer los vi, a vos y a mamá, jugando con él. Pienso, y
me hace bien pensar así, que ustedes lo quieren como seguro hubiesen
querido al nieto que yo no pude darles. Los amo. Besos, besos, besos...