Nº 088 - Tiempo de escándalos Octavio F. Oliva


Escándalo (Segunda acepción): alboroto, tumulto, inquietud, ruido.
Por Octavio Fisner Oliva

No figura en los anales cercanos de nuestra Olavarría un caso de escándalo de las proporciones y naturaleza del que está planteado entre el Gobierno Municipal y la conducción de la Cooperativa de Electricidad. Tampoco la contemporaneidad con otra situación que no por no exponer tanto nivel de decibeles es menos sorprendente e inquietante: la ruptura entre el jefe ejecutivo de la Comuna y el señor Omar Iturregui.

Estos dos insólitos acontecimientos tienen perturbada la tranquilidad institucional habitual de este vecindario, en el que sólo las cuestiones de política menuda han solido promover estados de ánimo relativamente exaltados que, pasado el momento de la confrontación, vuelve a su cauce sin sobresaltos posteriores.

EL CASO COOPELÉCTRIC
El choque frontal entre la conducción de la Cooperativa de Electricidad con el Gobierno Municipal no puede encasillarse sólo en las divergencias respecto del tema de la telefonía. Ese espinoso asunto fue el banderazo de largada del conflicto que, a estas alturas, finca más en la porfía de qué poder cede primero, o en cuál de ellos hay mayor concentración de fuerza para doblegar al otro. De ahí la gravedad institucional del caso. Cualquiera que pierda provocará una crisis profunda en su seno y un desequilibrio importante en el poder local. Si pierde el Gobierno Municipal, significará un deterioro de la confianza, y aun de respeto, en la autoridad hasta ahora consentida y ratificada por la mayoría del vecindario. Si la Cooperativa fuese derrotada, se resentiría su independencia para actuar según sus propios instrumentos, y crearía casi un estado nuevo en la relación con el Municipio: el de subordinación. Conclusión: en cualquiera de los casos pierde la comunidad.

La Cooperativa está gobernada por un grupo que poco a poco devino más en función de dueño de ella que en representante genuino de los socios. De ahí su empeñoso designio de ocultar información que pudiera servir para conocer los modos de conducirla, incluso con desvío de uno de los compromisos básicos del sistema cooperativo: la prescindencia total en materia de incursión o preferencia partidaria. Se la usó para apuntalar una aventura política de su principal funcionario, generando cierta sospecha de que también entraron fondos patrimoniales en ese desvío. Se conformó un círculo cerrado que absorbió todo el manejo y fundó una suerte de hegemonía armada para sucederse a sí misma por tiempo indefinido. No se dio información clara y precisa en importantes hechos escandalosos ocurridos en su intimidad, y se mantuvo a rajatabla el ocultamiento estricto sobre cuantías de sueldos, comisiones y otros emolumentos que se pagan para cada menester interno.

Todo eso fue creando la ilusión de que las pocas explicaciones que salían a la luz eran coherentes, como ser que no hay que preocuparse porque un ejercicio cierre con tres millones de pesos de pérdida, o porque el consumo de electricidad impago y en mora supere lo que suma un mes de facturación a los usuarios. Sin embargo, hay que admitir que los reparos en cuanto a la conducción de la Lista Amarilla no alcanzaban con igual tenor a la prestación de los servicios, cuya calidad y continuidad ha sido, en realidad, lo que derivó en el poco interés que la comunidad prestó a los otros aspectos, reprochables por las dudas en cuanto a transparencia en el manejo administrativo. También hay que decir que a pesar de las supuestas irregularidades trascendidas, el Gobierno Municipal, que dispone de representación especial en los organismos estatutarios de conducción, nunca se exhibió dispuesto a formular reparos, sino que adoptó una actitud displicente, casi conformista, de la que no salió sino ahora, después de las elecciones en las que el oponente principal era el candidato prohijado por la Cooperativa, y cuando el tema telefónico entró en una espiral de hechos y derivaciones inesperados.

Sin embargo, y a pesar de la derrota, la aventura política de Mario Cura puso en la vidriera la fuerza potencial de la Cooperativa para una confrontación electoral, lo que no escapó a la sagacidad del jefe comunal y habría avivado en él alguna especulación de conquista de ese territorio. Con cautela y suavidad felinas esperó el momento propicio para dar el zarpazo. Cualquier cazador conoce que la presa, aun la más confiada, en algún momento comete un error. Los amarillos de Coopeléctric sobrevaluaron su papel de dueños arbitrarios y cayeron en desacierto al comprometerse en un negocio de difícil calificación todavía, pero de tramitación que deja sitio para toda clase de dudas y suspicacias. De manera sólo explicable en la soberbia que los reviste, los amarillos actuaron de manera extraña en el mundo de los negocios, saltando por encima de todas las apariencias de buena fe que debe exponer este tipo de asociación. Rápido, el gobierno municipal advirtió que era el momento de intervenir para cuidar que los servicios concesionados no se resientan y pudieren perjudicar el prestigio de que goza en la comunidad. Así se vio que era la ocasión de juntar las dos cosas: vigilar la prestación de los servicios, y atacar a la dirigencia coopeléctrica poniendo en evidencia los entresijos de tramitación de un negocio de dudosa conveniencia. De ahí en más, todo le resultó viable al Ejecutivo, siempre con el escudo de la vigilancia del interés y buen servicio comunitario. Y ahí lo tenemos ahora, parado en la loma desde donde contempla lo que presuntamente será el fin de la hegemonía amarilla en ese fuerte centro de poder que es la Cooperativa.

Para eso le bastó poner en conocimiento del público lo que de manera insensata no quiso difundir el Consejo de Administración, por lo que paga ahora un alto precio que bien pudo evitar si en la primera andanada oficial, cuando sólo se le pidió que postergara por un plazo prudencial la asamblea del 29/12/03, en vez de responder con pedantería soberbia se hubiera avenido a alguna forma de amistosa conciliación de diferencias. Eso habría desarmado el lazo que finalmente se cerró y los puso en situación de presa de un cazador avezado. La auditoría, obligadamente consentida, suma la mayor cantidad de puntos para Eseverri, y aunque no encuentren nada importante para reprochar en las prestaciones concesionadas, y lo de Infracom quede en una nebulosa como cosa ajena a las incumbencias del Municipio, el solo hecho de que los auditores oficiales hayan entrado por la puerta principal abierta para ellos de par en par constituye, a todas luces, el primer tanto ganado de modo contundente por el hombre del Palacio.

Les queda a los amarillos hacer buena letra y rogar a todos los santos que Infracom sea un negocio redituable, que justifique y proteja la inversión contratada, para que la próxima elección interna cooperativa no les cueste otro fiasco. Pero entonces habrá otro ingrediente, netamente político, que incidirá en el resultado de esa jornada.

EL OTRO ESCÁNDALO
La ruptura de la alianza Eseverri-Iturregui tiene algún tinte de sainete o de enredo entre gitanos. Seguramente ningún radical de los que asistieron la noche inaugural de la sede electoral de la calle Vicente López ,el año pasado, habrá olvidado el panegírico que Eseverri pronunció para exaltar las virtudes y dotes especiales de Omar Ciriaco Iturregui, presente allí casi como figura principal después de la del otra vez candidato a intendente. Tampoco se les habrá pasado a otros radicales, los “de cuna”, las dificultades que tuvieron para digerir ese sapo. Finalmente Iturregui pasó a ser aliado porque así lo decidió el jefe.

Es claro que esa alianza no habrá sido producto de la generosidad y el desinterés de uno y otro aliado, sino de un acuerdo que estableció beneficios a percibir y obligaciones a cumplir, es decir los premios a distribuir equitativamente y los compromisos a que diere lugar. De ese tipo de acuerdo cuidadosamente subrepticio salen los pactos políticos, de los que no queda constancia escrita porque no se escribe nada, no se firma nada, no se encarpeta nada porque así se cuidan, las partes, de eventualidades no deseables.

Esta alianza terminó ya en escándalo porque alguien incumplió alguno de los puntos de reparto de ganancias, o alguno quiso tener más que lo convenido. Ahí se disolvió la sociedad. Iturregui se siente el más perjudicado y ahora va por represalias que darán largas al escándalo. Es lógica consecuencia de lo que se trama para lograr ganancias políticas. Bien decía el inglés John Gay que “el que se une en amistad con un pillo, por todos es considerado como su consocio”.

 
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