Nuestra civilización esta amenazada
por muchos enemigos. Terrorismo, degradación del ambiente, SIDA,
superpoblación, imperialismo, muerte de culturas y biodiversidades.
Pero rascando un poco más profundamente creo que hay sólo
dos enemigos.
El primero es la codicia.
La codicia, bueno es recordar, es uno de los siete pecados capitales
según la doctrina católica (los restantes son la ira,
la gula, la soberbia, la pereza, la envidia y la lujuria) de todos ellos,
hay algunos que tienen límites, la gula y la lujuria tienen el
límite físico de nuestro propio cuerpo, otros también
tienen límites de otro tipo, como la pereza, que es una especie
de muerte en vida.
Los demás no tienen límites pero no inciden en forma directa
sobre el mundo. La codicia si.
Hace algunos años, se dio una película que aun anda dando
vueltas por las pantallas de TV que era “Wall Street”. Allí
Michael Douglas hacia un encendido alegato a favor de la codicia. En
forma sorprendente, ningún obispo levantó su voz (cosa
que hubiera ocurrido en forma inmediata de haberse hablado bien de la
lujuria). La codicia ha sido reemplazada en versiones más nuevas
de la película por la avaricia, que es otra cosa totalmente distinta.
Avaro es quien no quiere gastar, sea rico o pobre. Codicioso es el que
quiere más, sea rico o pobre. Se puede ser codicioso y no ser
avaro, como los ricos que dilapidan sus fortunas. Para nuestro mundo,
la avaricia es un valor negativo, algo opuesto al frenético consumo
al que se nos induce todos los días.
La avaricia es enemiga de la sociedad capitalista, la codicia es su
motor esencial.
La codicia puede ser un factor poderoso de crecimiento económico,
pero al mismo tiempo un factor de destrucción de la personalidad.
Se puede ser inmensamente rico y estar enfermo de codicia. Ergo, la
codicia es la madre de la prosperidad y también la madre de la
infelicidad.
Cuando en la película se habla bien de la codicia se la menciona
como madre del capitalismo y eso es correcto.
Nuestro mundo siempre ha sido codicioso. Lo que ocurre es que en la
antigüedad para ser más rico que otro había que robarle
las riquezas. El comercio enriquecía luego de largos años;
la industria no existía y la guerra se hacia para apoderarse
del oro y la plata del adversario. La codicia existía, pero tenía
límites muy estrechos de desenvolvimiento. Hoy día, la
codicia está al alcance de todo el mundo. La sociedad capitalista
se sustenta en el lucro.
Por otra parte, la tecnología aporta lo suyo. Y existe una política
desenfrenada de consumo perfectamente orquestada, por lo tanto, quien
acierte en vender algo que la gente apetezca, se hará rico y
podrá satisfacer su codicia.
Por ejemplo, hubo alguien que descubrió que las computadoras
podrían ser algo más que una herramienta de laboratorio
científico. y gracias a ese descubrimiento un Sr. se llenó
de oro y hoy estoy escribiendo con una de ellas.
¿Satisfizo Bill Gates su codicia?
Satisfacer la codicia es una fórmula autocontradictoria, pues
la esencia de la codicia es que no puede ser satisfecha, siempre se
quiere más y más y más...
Gracias a la codicia, cimiento de la sociedad capitalista emprendemos
nuestra acción productiva. Invadimos países ocupamos áreas
antes desérticas, exploramos el subsuelo del mar y de la tierra,
exploramos otros planetas, llenamos el espacio exterior de chatarra
satelital, llenamos de chatarra industrial los alrededores de nuestras
ciudades, creamos toneladas de basura que no sabemos donde poner, destruimos
animales, plantas y lagos de agua potable, degradamos el medio ambiente,
destruimos la capa de ozono, hacemos subir la temperatura de la tierra.
Todo gracias a la codicia. Codicia que permite decir que este año
el dividendo de las accionistas de la empresa XX es del tanto por ciento.
Todo se mide en pesos o dólares. Hasta los golfistas son medidos
no por su desempeño deportivo sino por el dinero que han ganado.
La codicia está en la médula de nuestra civilización,
éste es el primer enemigo.
Nuestro segundo enemigo es la irresponsabilidad.
Podríamos pensar en una codicia inteligente que reflexione “yo
quiero ganar y hacerme rico, pero quiero que mis hijos y mis nietos
también tengan la posibilidad de hacerlo” Pero no.
En vez de una codicia inteligente, reina una codicia irresponsable.
Sacrificamos el futuro en aras al placer suicida de ser multimillonarios
hoy, y así devastamos el planeta. Se acaba el petróleo.
No importa, hay países para invadir. Se acaba el agua potable,
no importa ya invadiremos los países necesarios para tener agua.
Se recalienta el planeta, no importa, nosotros los ricos y poderosos
ya encontraremos la forma de transferir estos riesgos a los países
miserables. El cigarrillo produce cáncer. No importa, sigan fumando
hasta que legalicemos la cocaína. Y como la producción
esta organizada en sistema piramidal y cada capa de inferiores trata
de satisfacer a los superiores para obtener mayor ganancia (es decir
codicia), empleados estúpidos trabajan para que jerárquicos
estúpidos le digan a directores estúpidos y al presidente
de la Cía. estúpido que puede presentar un balance favorable
a accionistas estúpidos. Estúpidos. No se dan cuenta que
con su codicia están destruyendo el planeta. Mejor dicho se dan
cuenta, pero nadie quiere decir una palabra peligrosa para no ser mal
visto en esta organización dominada por la codicia de tener más
y más y más.
Se intenta conservar el empleo tratando de no sembrar dudas acerca de
la ventaja de ser codiciosos-estúpidos en vez de ser codiciosos-inteligentes.
Se conserva el empleo pero se pierde el del hijo, nieto o bisnieto.
Porque la irresponsabilidad es hija de la estupidez.
Este es un tema lejano, se dirá. No tiene nada que ver con Olavarría
y nuestra forma de explorar la naturaleza.
Más o menos. Con el tema de la basura (ya sea que la traiga el
Municipio o empresas privadas) nos manejamos con idénticos parámetros.
La codicia de tener un canon de $ 20.000.000 por año ilumina
los ojitos de los funcionarios municipales. También se iluminan
los ojos de muchos que creen que la basura en Olavarría traerá
fuentes de riqueza y puestos de trabajo y reactivación. Codicia.
¿Y la irresponsabilidad?. Hagamos un agregado para que no sea
tan ofensiva. Obsecación irresponsable. La obsecación
irresponsable sostiene que 1.500.000 toneladas al año (o sea
el equivalente a una...pirámide de Keops en dos años)
no va a contaminar. Este es el mismo grado de optimismo suicida de muchos
vecinos que durante la inundación de 1980 decían “El
agua acá no va a llegar”. ¿Cómo terminaron
esos vecinos?. Arriba del techo. Y con la contaminación pasará
lo mismo; es imposible recibir esa cantidad monstruosa de basura sin
que el medio ambiente se degrade. Todo esto sin contar los nefastos
efectos culturales que tendrá semejante montaña en nuestra
ciudad. Y sin contar otro pensamiento más estúpido y malvado
que anda circulando por ahí “No importa que contamine si
vienen los $ 20.000.000”.
Esta auténtica coima, que se exhibe ante los ojos olavarrienses
para despertar su codicia y activar su irresponsabilidad debe ser rechazada.
No podemos regalar el futuro de nuestros hijos y nietos en aras de la
codicia de hoy.
El futuro de la humanidad se juega en todos lados. También en
Olavarría.