Nº 088 - El Faro del Fin del Mundo - Alberto Tridone |
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“...Convengo en que estos parajes no tienen nada de buenos; que la triste reputación de los mares del cabo de Hornos está bien justificada y que los naufragios menudean... Pero todo esto va a cambiar, Felipe: Aquí tienes la Isla de los Estados con su faro, que todos los huracanes no lograrían apagar. Los barcos lo verán a tiempo para rectificar su ruta, y guiándose por su claridad se librarán de caer en las rocas del cabo San Juan, de la punta Diegos o de la punta Fallows, aún en las noches más obscuras...” Y aunque jamás visitó nuestro país, el escritor francés Julio Verne (Nantes, 1828 Amiens, 1905) recreó a pura imaginación y sueño, la historia de tres torreros (Vázquez, Felipe y Moriz), que llegaron a la isla para hacerse cargo del primer faro argentino construido en el Atlántico Sur, sin saber que allí se refugiaba una banda de piratas capitaneada por Kongre, a quien un tal Carcante servía de segundo. El emblemático faro, erigido en la base del monte Richardson a 60 m de altura sobre el nivel del mar, fue inaugurado el 25 de mayo de 1884 por una Expedición de la Armada Argentina al mando del Coronel Augusto Lasserre (la misma que fundó Ushuaia el 12 de octubre de ese año) con el nombre de San Juan de Salvamento. Permaneció en actividad durante 18 años. Finalmente, el 1 de octubre de 1902, fue reemplazado por otro más adecuado en la isla Año Nuevo, a metros del observatorio magnético construido por pedido de la Real Sociedad Geográfica de Londres al Gobierno del General Roca, para colaborar con la Comisión Internacional Organizadora de la Expedición Antártica. El establecimiento fue desmantelado en su totalidad el 31 de diciembre de 1917. Hoy está deshabitado y sólo quedan el faro, la baliza Olla y un pilar de observación. La Isla de los Estados es una reserva provincial conformada por un grupo de islas e islotes ubicados al este de Tierra del Fuego, en el extremo sur de nuestro continente. Sus costas están formadas por bahías y fiordos, con acantilados que caen abruptamente sobre el mar, y algunas playas de canto rodado y de arena. El centro de la isla está atravesado por dos hileras de montañas rocosas, últimas estribaciones de la Cordillera de los Andes, cuya altura máxima alcanza los 823 metros. Reúne todas las condiciones para hacer de ella un presidio natural. Allí no se precisan murallas ni fortificaciones; un solo buque de la armada sería suficiente para hacer imposible toda tentativa de evasión. El estrecho de Le Maire es demasiado ancho (cerca de 20 millas) y las corrientes tan violentas que impide su travesía a nado Además, abunda el material para las construcciones y el combustible es inagotable; las condiciones higiénicas son excelentes, y los presidiarios gozarían de relativa libertad, de la vida campestre, exentos de la atmósfera desmoralizadora de las penitenciarías y dedicados a un trabajo benéfico y productivo (Julio Popper Conferencia dictada en el Instituto Geográfico Argentino el 26 de julio de 1891). Sin embargo, los que tomaron la decisión de construir la cárcel de reincidentes, prescindieron de las observaciones científicas de la época. "El clima de Los Estados no es soportable para los seres humanos, lo demuestran las observaciones meteorológicas que tenemos a la vista, no hay un solo día en el año que no haya llovido o nevado, agregado a una temperatura que raras veces ha pasado de 12º sobre cero en verano y que fluctúa en invierno entre los 5º y 15º bajo cero". El presidio funcionó en precarias instalaciones, primero en San Juan de Salvamento y luego en Puerto Cook, hasta el crudo invierno de 1902, fecha en que tomó estado público la noticia sobre la cantidad de reclusos fallecidos. Ese mismo año, y por razones humanitarias, fue trasladado a Ushuaia, que para entonces sólo tenía catorce casas. El faro de San Juan de Salvamento, totalmente destruido por las inclemencias del tiempo, fue transportado a Ushuaia por el rompehielos ARA Almirante Irizar el jueves 27 de febrero de 1997. Con la colaboración de especialistas en piezas históricas, se construyó en el Museo Marítimo una maqueta en escala 1:1, “para que quedara a la vista de todos”. Cuando la isla quedó sin las escasas ruinas del legendario faro, el navegante André Broner, en compañía de un grupo de ciudadanos franceses, decidió reconstruir su leyenda. Conforme con un plano original y una foto histórica tomada por la expedición belga de Adrién de Gerlache, se edificó una réplica exacta, que fue entregada a las autoridades de Tierra del Fuego en febrero de 1998. Desde entonces, cada cinco segundos, el Faro del Fin del Mundo continúa emitiendo destellos en el extremo oeste del Atlántico Sur.
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