Nº 089 - La Doctrina Social Crisitiana Hermes Dirazar


Artículo escrito por Hermes Dirazar para la
revista “Pulso” - Suplemento de “El Popular”
con el seudónimo de URANO

En nuestras notas anteriores nos referimos a la necesidad de disponer puntos de referencia concretos aceptados por la sociedad como un paso ineludible de toda formulación ética.
En la práctica de la supervisión nos encontramos, decíamos, con la necesidad de elegir caminos, para ello resultaba elemental disponer de principios orientadores en concordancia con la constitución de nuestra personalidad donde la libertad y el amor serían los pilares fundamentales sobre los que podríamos construir un esquema de relaciones que respetara simultáneamente la singularidad de la persona y el bien común.
Afirmábamos que el hombre debe buscar su esencia y no apartarse de ella, considerando la premisa del Cristianismo de que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.
Llegábamos así al concepto de persona como el componente trascendente del hombre que en virtud de su libre elección elaboraba a través del amor el camino a su propia sustancia integrándose al universo.
El Cristianismo a través de sus pensadores y representantes ha elaborado una doctrina social que toma como base el mensaje inequívoco de Jesús; haremos referencia a ella con expresiones concretas que servirán, para el dirigente que comparta estos principios (sea cristiano o no), como conceptos orientadores en la elaboración de políticas y procedimientos, así como, por qué no, en la revisión de conductas personales.
Dice la Doctrina Social Cristiana entre otras tantas cosas:
“En las empresas económicas son personas las que se asocian, es decir, hombres libres y autónomos, creados a imagen de Dios”.
“El orden real debe someterse al orden personal y no al contrario”.
“Quedando a salvo la unidad necesaria en la dirección, se ha de promover la activa participación de todos en la gestión de la Empresa.
“Medidas institucionales y organizativas no bastan por sí solas para hacer de una empresa una unión de hombres libres. Más decisiva es la relación personal entre los directores de la empresa y los trabajadores. La importancia de la acertada dirección del personal en la vida laboral y profesional de la sociedad industrial no ha sido valorada convenientemente”.
“Dirección y educación sirven, rectamente atendidas, a la gran tarea de formar al hombre, es decir, ayudarle a encontrar la estructura de su existencia humana.
Toda dirección humana que merezca realmente ese nombre tiene que basarse en dos fundamentos espirituales: la profesión de la dignidad humana y de la autoridad”.
“Sobre la atención a la dignidad humana se debe pasar de la preocupación por la integridad psico-física del hombre por razones de rentabilidad, en el sentido de un inteligente egoísmo, al ser partidarios de la dirección de hombres por el simple hecho de ver a priori en él a un ser digno de respeto y consideración”.
“La dirección coordinada de hombres no es posible con debilidad o sentimentalismo; supone, más bien, el ejercicio de la autoridad. Esto no significa que el trabajador deba ser considerado como mero súbdito, destinado a ser un mudo receptor de órdenes sin derecho a proponer sus propios deseos y experiencias”.
“Una orden empresarial que atrofiara el sentido de responsabilidad del trabajador o paralizara sus fuerzas creadoras, estaría en contradicción con la justicia incluso en caso de que la producción de bienes fuera muy alta y la distribución se hiciera conforme a derecho y justicia”.
“El trabajador no debe estar presente en la empresa sólo físicamente, como fuerza laboral dirigida al rendimiento, por el salario: es decisiva, más bien, su presencia personal. Por tanto hay que convertir a la empresa en verdadera comunidad humana, cosa que supone: colaboración, respeto humano y buena voluntad.
A la autoridad del superior corresponde, por otra parte, la obediencia en el subordinado. Subordinarse por libre decisión no está en contradición con la imagen cristiana del hombre, ni afecta a la posición del sujeto activo que tiene el hombre dentro de la empresa”.
“Esto solo es posible cuando una prudente y decidida dirección empresaria, orientada en una correcta imagen del hombre, sabe crear un limpio clima dentro de la empresa”.
“La autoridad funcional resultante de las necesidades objetivas de la empresa no se identifica en modo alguno con la autoridad personal que tiene que tomar su forma viva en los dirigentes mismos. Todo el que tenga un puesto directivo en la empresa, además de ser un buen conocedor en cuestiones técnicas, tiene que poseer los no frecuentes dones de comprender a los hombres, poderles mandar acertadamente y ser ejemplo para los demás. Tal autoridad supone valores personales internos y entonces no necesita ser simulada con gritos”.
“Hay que acentuar que a las empresas modernas la ley de dirección unitaria debe ser complementada por la ley de la conveniente división de zona de responsabilidad”.
“Las grandes empresas tienen rasgos anónimos desde el punto de vista de la propiedad y, además, están en gran medida despersonalizadas en las relaciones humanas. Por eso hay que encargar a los empleados directivos que cultiven los valores y contactos humanos y personales”.
“Es asombroso que los conflictos sociales se hayan entendido durante largo tiempo como si no hubiera más funciones que las del capital y el trabajo. El desprecio de la función empresarial, que une capacidad creativa, fantasía real, audacia para apostar por desarrollos llenos de futuro, talento de coordinación y tacto personal, se debe en buena parte a que la marxista lucha de clases se inclinó por el dualismo entre capital y trabajo, poniendo entre paréntesis la función empresarial. Así aconteció que incluso la doctrina social cristiana apenas se ocupó de la función empresarial.
Cuando se hablaba de los empresarios se hacía con no recatada desconfianza. Entre tanto se ha producido el cambio, que ha sido reconocido por el Vaticano ll (Gadium et spes, 64). La función empresarial no solo consiste en producir más y mejor (Popularum progressio, 48), más y racionalmente (Mater et magistra, 168), sino que le corresponde también el cuidado de las relaciones humanas, de modo que las empresas no se reduzcan a lugares de conflictos de autoridad”.
Cuando tenemos claros los conceptos de libertad, persona y amor, los puntos de referencia se clarifican y todo el esquema del pensamiento sensible pasa a ser una verdadera “herramienta” de gestión no solamente social sino también personal.
La Doctrina Social Cristiana es así fuente permanente de conceptos orientadores y ayuda a la comprensión de definiciones tan certeras como la de Juan Pablo ll en Laborem Exercens:
El trabajo debe permitir: “al hombre hacerse más hombre”. Así de simple, así de profundo.

Daniel N. Hoxmark Obras son Amores
Ocatvio Físner Olvia Meditación Necesaria
Eduardo A. López La Materia por Recuperar
Marcos Rodríguez Hacia una humanidad Dual
Carlos Zángara Deportes... Ajedrez - Sergio “el científico”
Carlos Arraga De nuestra Fauna - El Chimango

María Elena Dapello de
Berterreix

¿Por qué es importante dialogar?
Virginia Bevegno No para festejar... Sí para avanzar
Hedono A la luz de las velas
Luján M. Lorenzo Despacito... ¡ Pero bien!
Retrovisor Estampas con aroma Antiguo
Ceferino D. Lazcano Roberto Forte Escritor
María Zulema Pierri Pájaro de agosto
María Esther Gattella Salud - Movete por tu salud
María Elisa Echaide Salud - Comer variado es bueno
Carlos A. Schonfeld Salud - “Dejar de Fumar” Asma y cigarrillo, ¡pésima combinación!.
Eugenia Randazzo Salud - Los hijos ¿pueden “educar” a sus padres?
Andrea yunes Salud - Dieta rica en grasas y vida sedentaria
Alberto Tridone Turismo - El Palacio del Oro - Ajedrez - Era una artesanía
Hermes Dirazar Memoria Presente - La doctrina social cristiana

diseño y hosting digitalone.com.ar

AntiCopyright Toda la información de este sitio puede ser reproducida libremente, en forma total o
parcial, aunque agradeceríamos que citaran la fuente mailingolavarriense.com