Lic. en Psicología María
Eugenia Randazzo
“Se aprende mucho con ellos,
se aprende mucho de ellos,
se aprende mucho por ellos”.
Cuando se habla de educación por
lo general el pensamiento se dirige a imaginar a los padres, maestros
y educadores de diversos ámbitos de la sociedad ejerciendo la
tarea de educar niños, adolescentes y jóvenes. En efecto,
tradicionalmente la educación era pensada exclusivamente como
la acción de transmitir a las nuevas generaciones los contenidos
académicos de la formación escolar y las normas para la
vida personal, familiar y social. La educación concebida de este
modo formaba un sujeto “bien educado” e instruido cuando
éste lograba interiorizar los contenidos y formas de los valores
transmitidos para vivirlos en la sociedad sin producir alteraciones
en el orden preestablecido en ella.
Sin embargo, se puede pensar en otro tipo de educación, es decir,
tomando en consideración el rol educativo que ejercen las jóvenes
generaciones sobre los adultos y en particular de los hijos sobre los
padres. Nunca antes como en los últimos tiempos los jóvenes
han influido tanto sobre los adultos: en el lenguaje, en las modas y
en tantas otras costumbres.
¿Pero cómo desarrollan este rol educativo los chicos sobre
los grandes?¿Qué es lo que aprenden los padres de y con
los hijos?.
Muchos padres coinciden en afirmar que sus hijos les han ayudado a aprender
muchísimo, fundamentalmente por los estímulos que han
representado. Algunos reconocen que con sus hijos han aprendido una
tolerancia que nunca hubieran imaginado en sí mismo. Otros admiten
que con sus chicos han descubierto que en la vida también existe
el “gris”, dado que en su educación las cosas eran
simplemente o “blanco” o “negro”, o bueno o
malo, en cambio hay muchas cosas que no son ni buenas ni malas, son
simplemente diferentes de cómo uno las ha aprendido, de como
uno creía que tenían que ser. La gran mayoría de
los padres afirman que sus hijos le han enseñado a acariciar,
a abrazar y a decir “te amo”más de una vez por día.
Los hijos conducen a los padres a asumir responsabilidades a nivel social,
de las cuales se encontraban alejados o simplemente desinteresados,
como a los compromisos asumidos en la escuela, las parroquias y los
clubes. Muchos papás se acercan a estas instituciones sólo
para acompañar a sus hijos, y terminan asumiendo un compromiso
que se prolonga independientemente de la continuidad o no del propio
hijo en dicha institución.
Los hijos traen también muchas novedades de la escuela, del grupo
de amigos, del barrio, y hasta de la misma televisión o radio.
Estas pequeñas novedades cotidianas producen sutiles y constantes
cambios en la familia.
Cuando en un hogar entre padres e hijos existe un clima de comprensión,
tolerancia, diálogo, y sobre todo amor, podrá afirmar
respecto de sus hijos: “Se aprende mucho con ellos, se aprende
mucho de ellos, se aprende mucho por ellos”.