Nº 089 - El Palacio del Oro – Alberto Tridone |
En el año 1858, el Congreso Nacional reunido en Paraná acordó un subsidio durante tres años al cordobés Jonás Larguía, que había sido prosecretario de la Cámara, para costear sus estudios de arquitectura y escultura en Europa. De regreso a Buenos Aires, fue encargado en 1862, para dirigir la construcción del inmueble de la calle Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) entre Defensa y Balcarce, destinado al Congreso Nacional, en cumplimiento de la Ley dictada ese mismo año. Desde las primeras sesiones celebradas en abril y mayo de 1864 hasta el 12 de diciembre de 1905, el Congreso funcionó en ese edificio, con la sola interrupción de la revolución del ochenta (Carlos Tejedor se levantó en armas luego del fraude electoral de Roca) que obligó a trasladar el Gobierno y la Legislatura al actual barrio de Belgrano (hoy Museo Sarmiento), donde se dio la Ley que declaró a Buenos Aires Capital de la República. En ese primer recinto se aprobó la construcción de un nuevo Palacio Legislativo. Cabe recordar que, durante la última década del siglo XIX y en los primeros años del siglo XX, el Estado Argentino quiso demostrar ante el mundo la solidez de su sistema político mediante la concreción de grandes proyectos. Había una clase social que deseaba ser vista en la cúspide de la pirámide. Y esto tuvo que ver con las dimensiones de esa arquitectura que los representaba, con un ropaje académico que obedecía las normativas de la Escuela de Bellas Artes de París. Esa imagen simbólica se perpetuó en obras como la Casa de Gobierno, el Palacio de Justicia, el Teatro Colón, la escuela Petronila Rodríguez, el puerto militar de Bahía Blanca, los depósitos de puerto Madero y el Hospital Militar. Gran parte de esta magna tarea fue impulsada desde el Ministerio de Obras Públicas de la Nación, repartición creada en 1898 como consecuencia de una reforma constitucional que elevó a ocho los cinco ministerios tradicionales. El presidente Roca llamó para ejercer la flamante cartera a Emilio Civit, un político mendocino que se había destacado como ministro de Hacienda en su provincia natal. El actual Congreso Nacional, que tardó más de catorce años de proceso legislativo y ocho en construirse, fue inaugurado en 1906 por el presidente José Figueroa Alcorta. Allí funciona el parlamento o legislatura: Cámara de Diputados y Senadores nacionales, cuyas sesiones ordinarias se extienden entre el 1º de marzo y el 30 de noviembre de cada año. Su estilo arquitectónico es un tardío academicismo italiano, destacándose en su interior, los recintos de sesiones de los congresales y los lujosos salones Azul y de los Pasos Perdidos. La monumental cúpula central se alza 85 metros desde la calle. Conforma un conjunto de alta complejidad, trabajado en mármol y revestido en cobre. El origen del diseño fue un concurso internacional
de proyectos, llevado a cabo en 1895, donde participaron 28 arquitectos.
Vittorio Meano, egresado de la Academia Albertina de Turín, ganó
con una propuesta distinta a las tipologías parlamentarias de
principios de siglo. A pesar de las despiadadas críticas, la
edificación tuvo lugar entre 1898 y 1906. En un informe publicado en 1915, la comisión investigadora presidida por Alfredo Palacios denunció graves irregularidades. El presupuesto inicial de seis millones de pesos (una fortuna para la época) se convirtió finalmente en 35 millones. Era el palacio del oro. Muchos dijeron que a Vittorio Meano lo mataron por los intereses económicos de la época. Datos Útiles: Para conocer: El detalle: Informes: |
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