Nombre científico Rhea Americana.
Pertenece a la familia de las Rheidae. Se distribuyen por todo el norte
del país hasta la Prov. de Río Negro. Se lo reconoce fácilmente
por su gran tamaño que suele alcanzar una altura de 1,70 mts.
Tiene una coloración gris con la corona y parte dorsal del cuello
negras o negruzcas. El vientre es blancuzco. Son incapaces de volar.
Su cuello es largo y cuenta con patas muy largas; varias hembras ponen
huevos desperdigados por el suelo y algunas en nidos, y el macho las
agrupa en cantidades de más de 30 huevos para luego incubarlos.
Frecuentan campos pelados, terrenos arbustivos o algo boscosos como
en la zona chaqueña. En nuestro país existen 3 especies
y subespecies.
Los asesinos que ordenaron matar a ciudadanos a mansalva y torturar
a gente indefensa, en varios lugares del país, salían
de caza, como lo solían hacer habitualmente en los campos linderos,
propiedad de su ministro de economía en el 76, linderos, decimos,
al viejo hotel de Ventana al fondo de la Villa Ventana donde se sacrificaban,
impunemente sobre camas de chapa a los desprotegidos, desaparecidos,
aplicándoseles picanas de corriente de 220 volt. Yo lo vi en
mis viajes por esos lados. También vi, en el patio del lugar
vigilado con personajes armados que nos invitaron a irnos, una casilla
rodante con cobijas de la Armada Nacional que tapaban las ventanas.
Yo lo vi mientras los instigadores del horror y la muerte vestidos con
botas militares y armas de caza mayor, mataban animales en el predio
personal del ministro.
Años después, cuando estábamos cuidando unos campos
al pie de las Sierras de Pillahuinco de la cadena de la Ventana, cerca
de la Ciudad de Cnel. Pringles al lado del pequeño pueblo de
Pensamiento, diariamente observábamos a Ñandúes
y Ciervos con sus crías abrevar en el arroyo que bajaba de las
sierras. Vivían felices hasta que por la noche aparecían
los cazadores con sus equipos de luces montados sobre mochilas y repartían
tiros por doquier. Varias veces les salimos al paso para impedir sus
aviesos propósitos. A veces lo conseguíamos, otras no.
Era cuestión de suerte. Cuando los veíamos, disparábamos
tiros al aire y ellos, casi siempre nos contestaban. Por suerte no nos
acertaban. Al otro día, veíamos animales muertos sin que
se los hubieran llevado ni cuereado ni siquiera haberle sacado las cornamentas
a los que las tenían. Mataban por el gusto de, tal vez, contarle
a sus amigos que habían sido los “héroes”.
Viviendo aquí en Olavarría, escuché a algunos que
relataban sus aventuras por aquellos lugares gozándose de sus
mal dadas cacerías.
Donde hoy vivimos, a la vera de la ruta 76 que la llaman 51 no se porqué,
otros amantes de la caza indiscriminada, sobretodo en los tiempos de
veda, sin ninguna consideración ni respeto, entran en los campos
privados ya sea de día como de noche para matar animales indefensos.
Algunas veces, los hemos visto como matan a sus presas desde sus coches
en movimiento o parándose en las banquinas sin darles oportunidad
de que corran o emprendan su vuelo. Son muy machos y “machumenos”
se comportan como tales con la más valiente cobardía.
Un día, unos 5 chicos de apenas 8 ó 9 años provistos
de rifles tuvieron el tupé de entrar al lugar. “Adónde
van” les preguntamos. Sin mirárnos nos dijeron que iban
a cazar pájaros. “Aquí no” les advertimos.
“Pero si no molestamos”. Contestaron. “Si matan animales
sí”. “Se encogieron de hombros y pretendieron seguir
adelante. Nos interpusimos y les exigimos que se fueran. Nos miraron
con fastidio y rabia y salieron mascullando palabras irreproducibles
como buenos mal educados. Los “papis”, tan mal educados
como ellos, esperaban en el auto sin intervenir. No bien los chicos,
abordaron el coche, salieron altaneramente a gran velocidad como si
quisieran decir “Y a mí que me importa”. Lo importante
fue que los pájaros se salvaron.
Otro día un personaje adulto se metió en el predio sin
permiso para colocar, alegremente, unas trampas para pájaros
sobre los árboles interiores. Le llamamos la atención
y le dijimos que allí no se podía hacer eso. Nos replicó
que él era libre de poner esas cosas donde quería. “Si-
le dijimos - pero si lo hace fuera de aquí”. Refunfuñando
toda clase de maldiciones, sacó las trampas y se fue con cajas
destempladas para otro lugar lejos de allí. Una vez más
se salvaron los pájaros.
Un día 3 individuos venían cruzando el campo lleno de
vacunos con armas bajo el brazo.
Los llamamos y le dijimos que allí no se podía cazar.
Autoritariamente un tipo mal entrazado nos dijo. “Yo soy policía
y es tiempo de caza”. Le respondimos “Sí pero aquí
hay hacienda y se la puede lastimar”. Maldiciendo salieron del
campo. Estos personajes abundan en la fauna nacional. Creen que la placa
los autoriza a transgredir las leyes y las normas de convivencia ciudadana.
Estos hacen honor al anagrama sobre la palabra argentinos ya que son
unos perfectos “ignorantes”. Hay algunos que, equivocadamente,
suelen denominarlos como animales y la verdad que están errados
ya que, los bichos, son muchos más generosos que esos badulaques.
Antiguamente los nativos de estas tierras cazaban para comer. Hoy, salvo
algunas honrosas excepciones, se caza para hacerse ver de que son muy
machos, capaces, certeros y grandes personajes de la fauna nacional.
Otros, para vender las presas arruinando el ecosistema por la forma
indiscriminada con que lo hacen sin guardar las pautas de reproducción.
Ya en los campos casi no hay perdices, ni martinetas, ni liebres, sólo
quedan alimañas, unas que alimentan a los chimangos y otras que
vienen caminando en dos patas depredando todo sin tener la más
mínima inteligencia para saber medir las consecuencias de sus
irresponsabilidades. De ésta manera la fauna se perjudica estúpidamente.
Los que amamos a la naturaleza, sentimos gran pena por todo lo que estamos
perdiendo día a día en manos de esos personajes irresponsables
a los que ninguna autoridad sabe ponerle coto y por ello se mueven con
total impunidad y desvergüenza. Dios quiera que alguna vez todo
cambie y volvamos a vivir la alegría de poder gozar a la naturaleza
rodeándonos con todos sus habitantes animales, vegetales y humanos
sin la interferencia de individuos malignos. Que así sea.