Supervisando
Artículo escrito por Hermes Dirazar para la revista “Pulso”
- Suplemento de “El Popular” con el seudónimo de
URANO
Hoy hablaremos de los mandos medios, esos
hombres y mujeres que por esas cosas de la vida, circunstancias, quedaron
un día ubicados en la cadena de mando justo en el lugar donde
se pasa del dicho al hecho.
Se elaboraron programas, se definieron políticas, se eligieron
procedimientos y técnicas, se estudiaron conductas, se establecieron
objetivos y metodologías, circuitos de comunicaciones y cien
detalles más. Con todo ello se armó un hermoso paquete
de instrucciones, en el mejor de los casos comprensible. Se le adjudicó
un grupo de gente y se le dijo:
He aquí vuestras herramientas: equipos, materiales y personal;
es todo lo que necesita para obtener resultados, manos a la obra.
Y allí va el último eslabón de la cadena ejecutiva
a luchar contra toda clase de obstáculos para poder cumplir con
su responsabilidad.
Por empezar ha quedado “acorralado” entre las directivas
y los hechos concretos, no tiene espacio para ninguna derivación,
ni dilación, ni deformación de ningún tipo que
le permita presentar resultados inexistentes.
Aquí no hay lugar para la “guitarra” y la “sanata”,
los hechos concretos, los “productos”, son generalmente
bien sólidos y visibles, y todo el mundo verá si son pocos
o muchos, chicos o grandes, buenos o malos.
Ha llegado la hora de la verdad; no hay discurso, ni informe, ni charla
que pueda esconder la dolorosa realidad de la ineficiencia. Las cosas
hablarán por sí solas, inexorablemente y habrá
que trabajar duro para obtenerlos. Sus frentes son diversos y complejos.
Ante los operarios es la cara visible de la empresa y como tal recibirá
todas las quejas, justas e injustas, que el personal tiene contra la
dirección.
Como representante de la empresa será señalado por los
más exaltados como servil brazo ejecutor de los designios capitalistas
explotadores de la clase trabajadora.
Como vocero de su grupo de trabajo ante la empresa será señalado
por los directivos más reaccionarios como sensiblero demagogo
con “mentalidad de peón”.
Deberá ser filtro en doble sentido para no transferir todo aquello
que su sentido común le dice solo serviría para ensuciar
las buenas relaciones.
Discreto y mesurado, todas sus actitudes deberá calibrarlas permanentemente
para no caer en ningún tipo de comentario que podría comprometer
a alguien, esto en un medio donde se le pide constantemente que su arma
fundamental sea hablar permanentemente con el personal, orientando,
capacitando y controlando.
El mando medio, por ser el hombre visible por excelencia, deberá
ser ejemplo permanente en todo sentido. Deberá cuidar su aspecto
externo, su lenguaje, su puntualidad, sus costumbres y hasta su vida
privada.
Deberá ser un hombre de acción; se le exigirá dinamismo
contagioso y entusiasmo constante.
Tendrá que disimular todo, no podrá darse el lujo de ir
a trabajar con pocas ganas de comunicarse. Inevitablemente recibirá
y transferirá instrucciones; esto exige ojos bien abiertos y
mente despierta. Para ello deberá dejar los problemas personales
al entrar y recogerlos al salir.
Él es el último responsable de todo y por lo tanto el
primero en pagar los “platos rotos”.
Cualquiera sea el problema él estará involucrado directamente
porque, como ejecutor final, debe detectar y denunciar todo lo que llega
a sus manos mal elaborado; tendrá que adecuar las cosas a la
realidad, transformar la instrucción engorrosa en práctica
rechazar los materiales mal adquiridos, modificar los métodos
peligrosos y frecuentemente luchará con los “ajustes en
obra”.
Con muy poco tiempo perdido en capacitación deberá ingeniarse
para interpretar normas elaboradas por quienes desconocen los problemas
reales que existen en la práctica.
Será responsable de cada uno de sus subordinados en todo sentido;
inevitablemente tendrá a su cargo personal con problemas de conducta,
adaptación o inteligencia; él sabe y siente que eso no
se resuelve pidiendo que le saquen de encima ese personal. Deberá
luchar para encuadrarlos dentro de lo aceptable y tener el coraje de
pedir medidas disciplinarias que en ocasiones hasta pueden causar el
despido de alguien; por supuesto para quien sufre el rigor de la medida,
el “culpable” es su supervisor inmediato acusándolo
sí de inhumano e insensible.
Frecuente “cabeza de turco”; en muchos arreglos de cúpula
se justificarán conductas maquiavélicas con la excusa
de que el supervisor no interpretó bien las directivas u obró
por su cuenta y riesgo en contra de lo dispuesto.
Ellos no gozan de prestigio, no tienen mucho tiempo para autopublicitarse
como lo hacen muchos de sus hermanos mayores, los ejecutivos; no asisten
a convenciones, no viajan al exterior, ni reciben correspondencia especializada.
Su imagen durante la jornada de trabajo está siempre opacada
por la grasa y suciedad que se le pega a la anatomía.
Lo apabullarán con conceptos no muy claros sobre psicología
del mando, en cursos super-rápidos de los cuales se llevará
algunos apuntes que nadie se tomará el trabajo de clarificarle.
Deberá luchar constantemente para hacer oír sus opiniones,
tendrá que hacer oídos sordos a murmuraciones en su contra,
no dejarse afectar por las inscripciones ofensivas en los baños
y paredes, escuchar confidencias, callarse alguna incorrección
tragarse algún sapo, soportar alguna reprimenda, vigilar, controlar,
fiscalizar y trabajar, trabajar, trabajar.
Cuando decidimos elaborar estas notas para transferir nuestras experiencias
luego de muchos años de trabajar y reflexionar sobre estas cosas
de la conducción y administración de personal; seguramente,
entre las tantas motivaciones que nos impulsaron había una relevante:
divulgar algunos aspectos de las vicisitudes que a diario viven los
mandos medios.
Muchos de nuestros esfuerzos tendientes a profundizar la naturaleza
de la condición humana rescatando sus necesidades intrínsecas,
su constitución trascendente su cualidad de persona únicamente
realizable en la consumación del amor en el ejercicio pleno de
su libertad, están dirigidos a dignificar organizativamente la
figura de los mandos medios.
Y decimos organizativamente porque humanamente ya lo están; todos
tienen, en mayor o menor medida, jefes o subordinados, el conocimiento
cabal de lo que valen para la organización, para la sociedad
y para la raza humana en general.
Los que vemos en el trabajo organizado un medio de desarrollo imprescindible
para profundizar las ciencias, las técnicas y las artes que nos
ayudaran a ser más libres y capaces de integrarnos a la esencia
misma del universo sentimos que, mientras tanto, nos justificaremos
con el solo hecho de haber tenido oportunidad de vivir nuestros afectos
con toda la intensidad que observamos en estos intérpretes de
almas sin titulo académico.
Por todo lo dicho, vaya hoy nuestro sincero y humilde homenaje a estos
hombres que son el verdadero punto de apoyo de toda organización,
soportando a un tiempo las presiones de la Empresa y la resistencia
de sus subordinados, cuya suma vectorial equivale a muchos dolores de
cabeza.