Ayer se habló sobre
lo que está bien o lo que está mal en referencia al proceder
del pueblo musulmán o el proceder de otros pueblos y cayó
al ruedo la palabra cultura.
Al respecto dije que es difícil establecer lo bueno o lo malo
cuando el proceder que se juzga pertenece a dos culturas diferentes.
Para establecer esto último me basé en la segunda acepción
de la palabra cultura, que dice: conjunto de condiciones materiales
e intelectuales que caracterizan a una sociedad en cada etapa de su
existencia de acuerdo al lugar donde se desarrolla su formación.
De acuerdo a ello debemos coincidir que lo que está bien para
el pueblo musulmán puede llegar a estar mal para nosotros y lo
que está bien para nosotros puede estar mal para ellos y esto
en culturas milenarias no cambia porque se cambie al líder, muy
por el contrario, solamente llegará a ser líder aquel
que pueda erigirse en el conductor y contenedor de los usos y costumbres
de la población a la cual pretende conducir.
Como ejemplo de lo que está bien o está mal para dos culturas
diferentes, expuse lo siguiente:
Para nosotros están mal ciertos castigos a los seres humanos
que ellos llevan a cabo en su creencia de que están bien de acuerdo
a su formación, es decir de acuerdo a su cultura.
Para ellos están mal las manipulaciones genéticas sobre
seres humanos que llevamos a cabo nosotros en nuestra creencia de que
las efectuamos en pos de una vida mejor, creencia que sustentamos en
principios establecidos de acuerdo a nuestra formación, es decir,
de acuerdo a nuestra cultura.
Resumiendo: lo que está bien para una parte de la humanidad puede
estar mal para la otra y viceversa. Que la una pretenda cambiar a la
otra es, al menos en el presente, una quimera o dicho más prudentemente,
una utopía y pretender cambiarlas con una guerra de algunos días
resulta simplemente una hipocresía.
Con la guerra se podrán cambiar, en forma inmediata, las condiciones
geopolíticas y las económicas. Cambiar el uso y las costumbres
de una sociedad puede llevar miles de años y nadie puede asegurar
el éxito de tal gestión. Así lo prueba la historia.
“El cafetero”