Nº 090 - La Sociedad Civil Inventa el Futuro – Marcos Rodriguez


Participé el año pasado, en oportunidad de realizar una estancia de trabajo como becario en la Universidad de Salamanca, España, de gigantescas manifestaciones de protesta y me sentí rodeado por una multitud plural, parcialmente concorde y parcialmente contradictoria. Había banderas de la república española, viejas banderas anarquistas, símbolos de organizaciones múltiples, carteles contra Aznar, contra Bush, contra la globalización, a favor de los palestinos, de los iraquíes, de los niños de todo el mundo, jóvenes, viejos y muchos matrimonios con niños. Para mi sorpresa, se habían juntado cincuenta mil personas en la Plaza Mayor de Salamanca; una ciudad que no supera los ciento noventa mil habitantes.
La sociedad civil ya comenzó a influir en forma tímida en la agenda internacional con motivo de la Cumbre de Río de Janeiro de 1992 sobre el clima y el medio ambiente. Aquí, fueron las organizaciones no gubernamentales las que introdujeron objetivos y compromisos que los dirigentes debían debatir y aprobar o rechazar. Después vinieron más cumbres, sobre la mujer o sobre la población, y, posteriormente, la revuelta de Seattle y el movimiento antiglobalización.
La sociedad civil es más que una idea, es un movimiento y un despertar de las personas que se sienten interpeladas ante la injusticia. Se trata de participar en movimientos organizados con objetivos muy diversos: el voluntariado, tanto social como de medio ambiente y cultural; los grupos de mujeres, las organizaciones de promoción de la salud, la educación y el desarrollo, las microempresas, las cooperativas, las asociaciones de vecinos, los movimientos sociales y toda una gama infinita de maneras de agruparse para expresar las opiniones y participar en acciones concretas que mejoren el bienestar de los pueblos, en lucha por una sociedad más justa y solidaria para todos.
La crisis de la política y de los sistemas de representación clásicos, el debilitamiento de los Estados nacionales y el aumento de las desigualdades sociales dieron lugar a un torrente de protesta cosmopolita y multinacional, que se expresa en varias lenguas, se comunica a través de Internet y se organiza en forma de red. Aparece en diferentes lugares del mundo (Seattle, Porto Alegre, Génova, Florencia), a modo de réplica de las reuniones de organismos internacionales o grandes foros empresariales como el de Davos, y puede llegar a congregar a centenares de miles de personas en cada ocasión. Sus banderas principales son el pacifismo, la preservación del medio ambiente, una efectiva libertad de comercio, el desarrollo económico sustentable, la igualdad social y la defensa de los derechos de los inmigrantes, los consumidores y las minorías. El Social Forum empezó como un rechazo a la globalización, y por eso dio el nombre de no global. Pero con el tiempo se invirtió esa relación: ya no se trataba de impugnar la globalización sino de plantear una nueva globalización. De festejar la globalización pasamos a la preocupación de cómo administrarla. De no global comenzó a llamarse new global o neoglobal. La idea de una "ciudadanía global" y de un cosmopolitismo de masas caló muy hondo y puso de manifiesto la necesidad de generar alternativas que permitan a la sociedad recuperar el control democrático sobre las decisiones económicas y a los individuos -a muchos, a millones de ellos- recuperar el control sobre sus propias vidas, esto es, su autonomía.
Desde la protesta contra la globalización que se llevó a cabo en Seattle, en diciembre de 1999, se han sucedido grandes actos ciudadanos de protesta. Son movilizaciones semiespontáneas, flexibles, en cuya organización intervienen centenares de grupos diversos y desperdigados, pero capaces de concentrarse en actos simbólicos de gran repercusión, que aprovechan internet y los celulares para comunicarse, porque son tecnologías rápidas y baratas. Demostrando así una capacidad organizativa inusitada de actos simultáneos en todo el mundo.
La agitación ciudadana ha sido tan heterogénea y numerosa que pocas personas recuerdan o han dado importancia al nombre de los que dirigen las diferentes plataformas convocatorias. Pero lo que si tienen presente son los dos factores que contribuyen al clamor social: la exhibición escandalosa de poder militar por parte de EE.UU. y la sensación de peligro ante la imposición de la ley del más fuerte a nivel universal, y que de repente la gente se siente poco representada por sus representantes.
Así las cosas, resulta sorprendente que tantos millones de personas en el mundo dejen su sofá y su televisor y se vayan a algo tan incómodo como una manifestación. ¿A qué se debe? Quizás estemos asistiendo a un cambio de paradigma ciudadano. Esto se vincula a algunos fenómenos sociales contemporáneos: el aumento de las ONG y del voluntariado, los movimientos de desobediencia civil, las manifestaciones antiglobalización, las muestras de solidaridad y las manifestaciones contra la guerra en Irak. Son movimientos de rebelión contra el destino, de afirmación del protagonismo ciudadano, que rechazan los causes convencionales de participación política, y que, por eso, mantienen relaciones contradictorias con el sistema actual. Pero el núcleo de estos movimientos no es ni violento ni revolucionario. Son movimientos de “objeción de conciencia”, critican aspectos legales, económicos o políticos que les parecen crueles o injustos. No pretenden, afortunadamente, cambiar el sistema democrático. La características de la manifestación llevada a cabo en la plaza de los Dos Congresos pidiendo seguridad y justicia es clara prueba de esto.
Tal vez estemos asistiendo a un nuevo orden social. Algunos lo llamarían desorden por su carácter transversal, multiclasista y multigeneracional, y por su espectro ideológico abigarrado y su posible dispersión más allá de su oposición concreta a la guerra. En cualquier caso, el fenómeno de rebelión moral parece paralelo a la formulación de un confuso nuevo orden internacional aún no totalmente definido, que algunos llamarían desconcierto de naciones porque se resume en que una potencia hegemónica impone las reglas del juego. Una potencia ante la que no existe ningún poder estatal o económico que pueda oponerse, sino una corriente de opinión que certifique o desapruebe la legitimidad y la moralidad de ese poderío y del uso que hace de él.
Una contestación moral y cívica de carácter universal ha generado expectativas del nacimiento de una nueva conciencia social y política que no tolera la ley del más fuerte para resolver los conflictos. Quizás estemos dejando de creer en el destino para empezar a creer que podemos cambiar el mundo. Se está construyendo una sociedad civil mundial, cuyo impacto va aumentando. Por su interpelación a las instituciones, por su trabajo de análisis, ella ha acelerado, por ejemplo, la toma de conciencia sobre la relación entre la globalización y el aumento de las desigualdades.
Vivimos en una democracia, que es un sistema que da el poder al ciudadano y que le permite desinteresarse de ese poder. La representación se interpreta como un descanso. Pero la democracia es un modo arduo y exigente de vivir. No es un modelo vulgar sino noble. De aquí la importancia de recrear y formar al hombre-ciudadano; una ciudadanía con derechos y deberes, mas no una ciudadanía gratuita. Una democracia más participativa suena como la reivindicación más factible en una época en que las revoluciones han perdido base ideológica sin que se haya apuntado alternativa para evitar los problemas de pobreza, injusticia y representatividad que afectan a la inmensa mayoría de los habitantes del planeta.
El que la ciudadanía se tome una siesta no quiere decir que todo el mundo lo haga. La naturaleza odia el vacío, incluido el vacío de poder. Y alguien estará ocupándose de nuestros asuntos mientras nosotros dormimos. De vez en cuando abrimos el ojo y nos damos cuenta de que hemos abdicado excesivamente de nuestra responsabilidad y a menudo creemos que ya no hay remedio. Eso es lo que parece que está cambiando. La sociedad civil quiere recuperar la iniciativa frente a la sociedad política. Quiere participar de otra manera. Quiere crear un mundo mejor. Por eso el eslogan de Porto Alegre era: “Otro mundo es posible”. Claro está que este fenómeno se da con diferentes matices de acuerdo a la sociedad y realidad nacional de la que hablemos.
¿Se mantendrá esta actitud de rebelión contra el destino? Posiblemente, no. Las fuerzas de la pasividad y la inercia son poderosísimas. La guerra ocurrió a pesar de las protestas. Después de mucho hablar del poder de la opinión pública, al final resulta que el poder verdadero está en otra parte. Pero para evitarlo hay que cambiar muchas cabezas y muchos corazones. Tenemos no que vivir de simulacros, sino de acción. Debemos retornar a una etapa creadora y activa. Hay esperanzas de que ello ocurra. Por ejemplo a través del surgimiento de un nuevo concepto de solidaridad que se expresa en la participación individual, en una solidaridad directa, que, si no va contra el Estado (en cuyo accionar antes se centraba el deseo de solidaridad), al menos marcha paralelamente a él.
Para que estos movimientos sean beneficiosos, deben, sin embargo, alcanzar una conciencia reflexiva. Hasta ahora son heterogéneos y sólo se unen para la protesta. Tras la movilización hay que ir a la definición de alternativas. El ciudadano debe ver con claridad por lo que lucha. De lo contrario, acabará desconfiando de la anarquía “light” de las manifestaciones. En un mundo de desconfianza generalizada, necesitamos ser capaces de generar confianza.
Lo primero es “echar en falta” algo; lo segundo “convencerse de que ese algo es posible”, y lo tercero, empeñarse en conseguirlo. Debemos fomentar este cambio de paradigma social y aprender a trabajar simultáneamente para conseguir la felicidad personal y la felicidad social y política. Seamos realistas y exijamos lo que parece imposible y pretenden que es locura: poder político para los ciudadanos y ciudadanas (pues es suyo) y una economía al servicio de la inmensa mayoría.

Daniel N. Hoxmark Una Generación de Trabajo y Cambio
Ocatvio Físner Olvia de pronto ¡Blumberg!
Eduardo A. López El Tiempo del Amor
Marcos Rodríguez La Sociedad Civil
Carlos Zángara Deportes... Básquetbol - Liga Nacional... ¿Pudimos dar Más?
Carlos Arraga De nuestra Fauna - Avestruz o Ñandú Americano

José Eseverri y
Andrés Malamud

Dividir la Provincia de Buenos Aires
Virginia Bevegno De Soledades y Principitos
Hedono Otoño Olavarriense
Luján M. Lorenzo Charlas de Café
Retrovisor Estampas con aroma Antiguo - Cuando se Hacía Buena Letra
Ceferino D. Lazcano La vida de nuestros pueblos a través de la Literatura
Educación Educación - Anecdotario
Educación Educación - Efemérides
Educación Educación - Nutrición Escolar
Educación Educación - Propuesta 2004
María Esther Gattella Salud - Hipertensión arterial
Eugenia Randazzo Salud - Nos estamos olvidando de reír
Andrea yunes Salud - Alimentación en la madurez
Alberto Tridone Turismo - Pensamiento Mágico - Ajedrez - L.A.D.A.C.
Hermes Dirazar Memoria Presente - Los Mandos Medios

diseño y hosting digitalone.com.ar

AntiCopyright Toda la información de este sitio puede ser reproducida libremente, en forma total o
parcial, aunque agradeceríamos que citaran la fuente mailingolavarriense.com