| Nº 091 El Hornero – Carlos Arraga | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
De nuestra fauna
Su nombre científico es Furnarius Rufus de la familia de las Furnariidae. Pájaros insectívoros; generalmente de alas cortas redondeadas y obtusas; cola larga; pico en general más largo que la cabeza; tiene un comportamiento ligero, vivaz y nervioso. Son de color pardo; cuello rojizo con la garganta blanca; pecho pardo; vientre blancuzco; cola rojiza. En la familia de los horneros hay otras aves similares y sumando esas variaciones son aproximadamente más de cien especies y subespecies distribuidas por el país desde el norte hasta la provincia de Río Negro. Este espléndido animalito, como dijimos, inquieto y vivaz, alegra el alma cuando lo vemos construir solícito su nido de barro y paja. Los que hemos tenido la fortuna de poder contemplar su laborioso trabajo, nos deleitamos observando la minuciosa tarea que lleva a cabo durante varias jornadas trayendo desde el suelo hasta el lugar elegido para armar su casa el material necesario. Así, día a día, sobre todo en lugares húmedos que le proveen barro, va apisonando la base del nido, luego irá levantando las paredes dirigidas en círculo con la mezcla necesaria para ir construyendo primero lo que sería su antesala, luego el lugar de estar en donde pondrá los huevos, hasta que, siempre en sentido circular, cierra todo con el techo apretando el material velozmente con sus patitas ayudándose con el pico el que también le sirve para acarrear el material que usa. Una vez terminado se posa sobre el techo y emite unos chillidos que alborotan el lugar como si quisieran decir: “Ya está”. Así el hornero marca el camino del cual el hombre suele apartarse llevado por los cantos de sirena, la inexperiencia o la fatalidad. Ya lo dijo Hernández: “El trabajar es la ley porque es preciso alquirir. No se expongan a sufrir una triste situación, sangra mucho el corazón del que tiene que pedir”. Sobre todo cuando el que pide tiene algo de dignidad. Duele hasta el tuétano el tener que mendigar obligado por la necesidad y cuando el honor personal es mansillado por la prepotencia o indiferencia patronal. La suficiencia de ciertos personajes, marca a fuego las diferencias sociales y lo que piden suelen sostenerse con las manos tendidas sufriendo las vejaciones de los que los hacen esperar. Nadie niega que el que no tiene debe trabajar para poder algún día tener algo aunque sea poco pero algo que le permita seguir sobreviviendo si tiene la suerte de conseguir algún trabajo. Cuando la desocupación es congénita, ahí está el problema por más buena voluntad que se tenga y entonces se sufre el doble cuando se tiene que pedir. Martín Fierro dice: “Debe trabajar el hombre para ganarse su pan pues la miseria en su afán de perseguir de mil modos llama a la puerta de todos y dentra en la del haragán”. Y el oficio de haragán, gracias a la brutal desocupación que hay en el país, varios desalmados caudillos la han instalado para que los desamparados y/o ignorantes les sirvan sumisos pagándoles con un mendrugo de pan, vino o carne podrida. Por el norte del país y la región andina, abunda el caudillaje descarado que, en manos de magnos “doctores”, abusan de las necesidades populares para sus beneficios. Otra cosa es la región central. Ésta está más sofisticada. Los aprovechamientos políticos y patronales usan otros sistemas. Por un lado la inseguridad en el trabajo alimenta el terror y somete a la parte laboral ante la posibilidad de poder perder el laburo; eso sí, ellos lo hacen con una amplia sonrisa y pegajosa amabilidad escondida detrás de la inhumana personalidad que se abusa de la necesidad de sus semejantes. A muchos de ellos los vemos el domingo rezando en la iglesia del lugar con el rosario blanco en la mano o en el Templo de su rito preferido con la Biblia abierta. En el libro de Santiago en el Nuevo Testamento en su cap.5 versículos 1 al 6 podemos constatar que desde hace milenios existe la explotación del hombre por el hombre. Meditando sobre estas tristes cosas, remonté la Vicente López hacia la plaza central y al llegar me senté frente al monumento del Cnel. Olavarría constatando que seguían sobre sus charreteras los dos nidos de horneros los que, en un extraño ritual de tiempo en tiempo desaparecen para retornar luego. El pobre Cnel., héroe de la Independencia y de las guerras con el Brasil junto a su camarada de luchas el Cnel. Suárez, mueren en el Uruguay con muy pocos días de diferencia y son enterrados a la par uno del otro. Una inundación en el cementerio uruguayo hace que se abran los féretros y se mezclen los restos de ambos a tal punto que, al trasladarlos para Buenos Aires para ser depositados en el Cementerio de la Recoleta, se ignore quien es quien. Ahora también está en las tinieblas en el pueblo que lleva su nombre, gracias a la voluntad de un patriota que dispuso que todos trabajen en el día de la fundación de la Ciudad del Trabajador, por lo que, el aniversario de la ciudad no es declarado feriado, como tampoco el Cnel. Olavarría tiene todos sus huesos en el lugar que le corresponde en la Recoleta. Con los nidos sobre sus hombros, el Cnel. parece decir resignado, por una u otra cosa. “Qué le vamos a hacer” encogiéndose de hombres con las cargas nidales sobre sus charreteras. No hay duda que el argentino se ha convertido en un “ilota”, es decir, en un desposeído de sus derechos. Lo que se declama habitualmente son puras patrañas de una dirigencia verborrágica y dialéctica que, mientras habla en abundancia articula solapadamente leyes, decretos u ordenanzas en ajuste a una Constitución ambivalente que les permite accionar a su antojo y libre albedrío. La necedad es la madre incestuosa del individualismo reinante en el país desde hace siglos. Volviendo a la falta de feriado en la conmemoración de la fundación de la Ciudad, cuando estudiábamos Administración de Empresa nos enseñaron que había que tener un espacio de “divertimento”, es decir de recreo. Debía haber un espacio que permita distender la presión que se produce con la labor diaria. Por eso no es recomendable el trabajar de lunes a lunes sin descanso ni tampoco es razonable el no tener un descanso anual que nos permita renovar energías y a su vez el permitirnos el goce de ese reparador “divertimento” el que ayuda a seguir viviendo a pleno con las tareas que nos esperan cuando retornamos al trabajo diario. Por suerte los horneros que, no saben de hipocresías de una u otra catadura, día a día nos dan su ejemplo que muy pocos saben observar y estimar; ellos también toman su descanso para, luego de ese remanso, seguir con su labor. Mientras haya un hornero siempre habrá un buen ejemplo de trabajo, de dedicación, de tenacidad, de empuje, de constancia desplegada en forma coherentemente ordenada. En cambio, mientras sigan reinando las individualidades inhumanas o prepotentes, la sociedad, de cualquier lugar del país, vivirá en la soledad, la indigencia, hambreada, desocupada u ocupada con sueldos de miseria mientras la patronal se regodea comiendo a satisfacción y por demás. Así es la realidad aunque queramos ignorarla. Por eso le decimos a esa ave ejemplar, gracias hornerito por el bello modelo que nos das permanentemente; a los otros, que Dios los perdone porque sólo son ignorantes de toda ignorancia hasta el punto que dan lástima por sus pobres maneras de ver las cosas y de tratar a sus semejantes. La impiedad es la madre de todas las soberbias. “Dios perdónalos porque no saben lo que hacen”. |
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