Arq Augusto Pablo Bologna
A las 7 de la mañana en verano,
no era muy temprano. Así y todo me sentí con ganas de
mover los músculos y arremetí contra el césped.
La pala salió con toda esa tierra húmeda mezclada con
verde. Las primeras paladas fueron para delinearlo, nada menos que 3
metros de diámetro.
Ya es de noche. Estoy a 5 metros de profundidad y me siento satisfecho.
Está bien contorneado y perfilado ¡Qué se ponga
verde de envidia cuando lo vea! ¡Y así es! Ahí está
Mauro el vecino, con las manos atrás mirando atentamente mi trabajo.
No se mueve y pienso que se va a ir. ¡Eso me molesta! ¡Todo
el tiempo perdido!, pero no. Se acerca, me saluda y comenta:”¡Qué
lindo pozo!”. Me hizo tocar el cielo con las manos: ¡mordió
el anzuelo!;“¿Te gusta? Te lo cambio por las risas de tu
loro Elviro”, le contesto.“¡Hecho!”, dijo. Sé
que no resiste la tentación de sacarme algo todo mío”.
Voy a buscar la 4x4 para cargarlo”, dice con suficiencia.“Ya
te vas a atragantar”, pienso yo y sigo con la excavación.
De color azul metálico, esa 4x4 es todo un fierro. No es fácil
poner el pozo en la caja, pero lo logramos. Mientras Mauro contempla
la carga, desinflo una rueda delantera y me hago el distraído.
¡Cómo reniega cuando se da cuenta! Enseguida le ofrecí
mi criquet especial para volquetes. Lo calza y levanta. La goma la puede
cambiar de pié (ji ji). Termina la operación y todavía
enojado por el pinchazo, se sube a la camioneta pone marcha atrás
y sale.
Han pasado 2 horas. Desde la ventana contemplo mi obra maestra. La grúa
comienza a sacar la 4x4 del pozo. Atrás mío escucho la
sonrisa cómplice de Elviro.