Maestro / Estudiante Tecnicatura en Gestión Política y Municipal
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Al encender la televisión una multitud
en nuestra Plaza de Mayo, anonadó mis acciones, causando el hervor
del agua para mi mate de la tarde.
El silencio de mi barrio en el interior de la Provincia de Buenos Aires,
contrastó tan fuertemente con la realidad capitalina, que seccionó
mi cabeza y con un movimiento mágico, traté de trasladarme
cientos de kilómetros... “he estado en tantas marchas,
como no puedo estar allí”.
Miles de ciudadanos bajo una misma causa, la demanda de justicia.
El silbar de la pava me llevó a levantar el volumen; la multitud,
a sentarme y a tratar de interpretar la situación en la lejanía.
Miraba sus rostros, la ausencia de banderas, el lugar del palco, la
vestimenta, me metía en el entorno desde mi pantalla.
Hace pocos años que este pueblo me ha recibido, toda mi vida
transcurrió en mi amado barrio de Mataderos, a unos metros del
glorioso club Nueva Chicago, enfrente del santuario de San Pantaleón,
a unas pocas cuadras de la villa “Ciudad Oculta”; lugares
que aún sigo visitando, a mis padres que continúan viviendo
en mi casa natal, a mis amigos y vecinos.
Pensaba en ellos cuando miraba a esta multitud y... no los veía,
mis padres estaban en casa, mis vecinos no habían concurrido.
¿Quienes estaban allí?, comencé a preguntarme,
¿por qué no tenían banderas, acaso no pertenecían
a nada?
¿Porqué esta muerte había causado tan grande movilización,
no hubo otras muertes, tantas, porqué ésta congregó
a tantos?
La lejanía tiene estas cosas, al no estar presente, uno quiere
situarse de alguna manera y analiza, observa, medita.
Llegué a la conclusión que una multitud estaba reunida
específicamente tras el tema de “la mano dura” (porque
justicia es otra cosa), mejor dicho “la tolerancia cero”.
Que resurgía nuevamente esta “solución” ciega
y que seguramente estarían allí algunos de los tantos
periodistas que nos alimentan con sangre a través de la pantalla
para que nuestra esperanza en el ser humano decaiga continuamente, que
estarían allí los políticos que la propusieron
algunos años atrás.
No estaban mis amigos, mis vecinos, ni mis parientes, evalué
que tampoco hubiera estado yo, y... parecería que no padecemos
el temor y la inseguridad, que viviríamos en una burbuja, pero
no... era justamente todo lo contrario, somos nosotros y muchos más,
que somos muy realistas de los acontecimientos que suceden, porque dejamos
atrás la conciencia ingenua, de pensar que esta metodología,
propia de tantos asesinos neoliberales, que no tuvieron tolerancia con
el pueblo, que ejercieron la “tolerancia cero” en su ajuste
perverso, que nos llevaría a un horizonte de prosperidad.
Una multitud bizca proclama la dosis de un remedio que pretende calmar
el dolor de cabeza, cuando el cáncer está diagnosticado.
O acaso ¿lo que le sucede a nuestra sociedad, como a la de tantos
países que también han sido victimas, no es el resultado
de lo que nos han hecho?.
¿Como no se relaciona la explotación, la desocupación,
la marginalidad, la deserción en las escuelas, con tantos años
de acciones negando al pueblo, a su bienestar, a su felicidad, a su
crecimiento?.
Y seguí preguntándome ¿a quien habrá votado
toda esta gente?, no sea que promovieron un modelo y que ahora cuestionan
sus consecuencias, o apoyan a los que necesitan ajustar más,
aunque alguna relación hay; porque la ecuación de más
armas y uniforme en las calles es el resultado de un país discriminado,
de un sociedad privilegiada para algunos y marginada para otros.
A ver... tampoco deseo la muerte de mi hijo, como tampoco quiero las
cárceles llenas, tanto uno u otro resultado es promovido por
lo mismo.
Una sociedad con empleo, con pibes que estudien sabiendo que su futuro
será favorable y provechoso, con una salud para todos, sin necesidad
de miserables planes sociales, con igualdad de oportunidades, con una
riqueza distribuida equitativamente; promoverá cárceles
vacías, menos uniformes, menos delincuencia, mayor seguridad.
Pero entonces... si ésta es una clara receta, ¿cuándo
saldrá el pueblo a la calle con banderas, consignas, cantos y
fundamentalmente lucha, por sus hijos, por su futuro, por su país...?
bueno ahora yo soy el ingenuo... hay muchos de los que tienen el poder
de convocar que si sucediera esto dejarían de vivir como viven,
porque paradojalmente es como la libertad, uno la lucha hasta que la
posee, luego puede obrar contrariamente a ella para mantener la libertad
adquirida (E. FROMM), es así que van a nuestra Plaza para que
otros hagan sin que se esté involucrado.
No, sus soluciones son otras: la cárcel como rehabilitación,
cuando la misma sociedad lo lleva a ingresar a ella, pero no a todos
sólo a algunos, algunos gozan de una “sentencia sin castigo”,
otros tienen el privilegio del apellido, del poder y gozan verdaderamente
de la cárcel como su hogar, porque son presos VIP.
Bajar la edad de imputabilidad, ¿hasta dónde?, ¿haremos
de las escuelas cárceles?, cuando destilan por las pantallas
de la televisión y las computadoras, la sangre de los malos,
la de todos los que logro asesinar en un combate virtual que prepara
a nuestros hijos para un futuro cibernético; donde los ganadores
vivirán en la superficie en un mundo ideal y los excluidos bajo
tierra, en las cloacas, organizándose para ocupar el lugar que
no tienen.
Necesariamente como seres sociales queremos ser reconocidos por lo que
somos, por lo que logramos.
Cuando tenemos posibilidad de ser profesionales exitosos, de poseer
nuestro hogar, nuestro trabajo, el dinero suficiente para comprar los
medicamentos, tener nuestro auto, un sistema de salud o una obra social,
un teléfono, música y el gozo de una familia constituida...,
estamos en el centro, somos reconocidos, tenemos porqué seguir
viviendo, el porqué de amar la vida y respetarla.
Pero... cuando uno vive en la marginalidad, en la angustia constante,
en ver a una familia que día a día se deteriora o ya no
existe, cuando los pibes no tienen zapatillas, útiles, guardapolvo
para ir a la escuela, cuando se duerme temprano porque no se tiene luz
o porque no se soporta el frío, cuando el caracú flota
solitario en un mar donde se mezclan las angustias y el agua salada
y cuando se sabe que ya no se podrá entrar al mundo que viven
otros, que no se sabe porque mierda del destino uno está donde
está y que el voluntarismo que el otro sector le reclama, no
dará la solución.
Cuando sigamos ejercitando una sociedad de estilo “gallinero”,
va a ver siempre gente que desde abajo no quiera seguir recibiendo excremento,
entonces... unos salimos a la calle, otros se resignan y otros equivocadamente
delinquen.
¿No será entonces el momento en que dejemos de observar
la realidad desde la óptica de lo que perjudica nuestra vida
y llenar nuestra Plaza para que armemos una sociedad de iguales?.
Vayamos a la raíz que alimenta este perverso sistema, es allí
donde está lo podrido, es desde allí donde podremos modificar
la realidad o... indefectiblemente, la ciencia ficción que nos
proponen los del norte, será realidad y estarán los de
la superficie y los de las cloacas y... lejos no estamos.