En aquel tiempo con mi familia, papá, mamá, y seis hermanos
vivíamos en la calle Patagones casi Luna, que es calle que daba
justo a uno de los arcos de la cancha del Club Huracán.
Allí los sábados a la noche se reunían los vecinos
para jugar a la lotería de cartón o a los naipes.
Unos traían café, otros bizcochos, y algunas señoras
cebaban mate.
En la calle se escuchaba algún perro ladrar o el paso del tranvía
73 que hacía un ruido fuerte porque justo frente a mi casa los
rieles estaban separados.
A la lotería para darle un incentivo se jugaba por $ 0,10 centavos.
Otros jugaban por quien cebaba mate, o el sábado próximo
tenía que traer azúcar o yerba.
Nuestros padres, a los más chicos los mandaba a dormir, y recuerdo
que una vez a las 3 de la madrugada me golpearon la ventana y pegunté
¿Quiénes? Yo Cholo... Juan che... Te entré la bicicleta
que te la olvidaste en la vereda.
¡Bueno, gracias! ¡Chau Juan!. La puerta cancel hacía
más de veinte años que no se cerraba, las bisagras debido
al óxido del tiempo le había dado la forma de dos pelotas
de rugby. Eso impedía de cerrar o abrir (son años), por
eso digo...
¡Qué tiempos aquellos!