Fórmulas milagrosas que se difunden
boca a boca o por Internet. Muchas no tienen el menor rigor científico
y hasta pueden poner en riesgo la salud.
La mayoría de las dietas que se difunden en forma masiva hacen
perder líquidos, “no grasas”. Recién después
de una semana con una dieta armónica empieza a bajar grasas.
“Todas las dietas a corto plazo son restrictivas, inarmónicas
y desbalanceadas”, y si llegan a funcionar y se pierde peso, después
se recupera enseguida.
Bajar de peso no es lo mismo que adelgazar, que significa reducir la
grasa corporal. Como tampoco es igual ser obeso que tener sobrepeso.
La dieta debe adecuarse a cada persona según su patología,
gustos, tiempo y posibilidades económicas, como así también
hábitos personales.
La dieta que no contenga un poco de todo lo que figura en la pirámide
nutricional, con el tiempo, va destruyendo el cuerpo, como si fuera
una pared que pierde ladrillos.
Las personas que intentan todo el tiempo hacer dietas desbalanceadas
o recetas mágicas terminan sometiendo al cuerpo a estar enfermo.
Si hubiera una dieta milagrosa que funcionara y no perjudicara al organismo,
no saldrían 500 dietas por año.
Mientras haya gente obsesionada con la figura perfecta habrá
sobredosis de recetas milagrosas en la búsqueda del talle extra
small. Sin embargo puede haber un efecto rebote: el que hace que todo
se vuelva en contra. La falta de nutrientes esenciales, fomenta la pérdida
de masa muscular y agua, no de grasa.
Recordemos que la mejor dieta es la que cumple con las leyes de la cantidad,
calidad, adecuación y estado del individuo sano.