Nº 096 - De Nuestra Fauna La Cigueña – Carlos Arraga

Perteneciente a la familia de las Ciconiidae , científicamente denominada Euxenura Maguari. Blancas con alas negras; pico recto, patas rojas; fácilmente reconocibles por sus largas patas y también pico; frecuenta esteros, bañados y campos cultivados y se distribuyen desde el norte del país hasta la Prov. del Chubut. Son aves acuáticas muy grandes; se alimentan de peces, bactracios, reptiles, etc.; nidifican sobre los árboles y ponen hasta tres huevos; en nuestro país hay tres especies.
Don José Hernández en su Martín Fierro le dedicó unos versos muy tiernos a este animal que dicen: “La cigüeña cuando es vieja, pierde la vista y procuran cuidarla en su edad madura, todas sus hijas pequeñas. Aprendan de las cigüeñas este ejemplo de ternura”.
Nosotros que viajamos por los senderos estrechos e inseguros de los tiempos terminales donde las oportunidades se acortan a medida que transcurren los días, los meses y a veces los años, sabemos que los tiempos suelen tener sus limitaciones, reconocemos en las sabias reflexiones de Don Hernández una verdad de peso que pocos tienen en cuenta hoy en día. Por suerte nosotros gozamos de la compañía de nuestra permanente compañera que desde hace 53 años nos viene soportando con nuestros manifiestos defectos y por otro lado, contamos con el sincero afecto y cariño de nuestros hijos, todos los cuales con su continuidad afectiva, demuestran un razonamiento de respeto tan poco común en estos tiempos que hace recordar, nuevamente, aquello que enseñara Hernández en su Martín Fierro y que dice: “Respeten a los ancianos, el burlarse no es hazaña...” y lo más triste es que se estila hoy la burla cotidiana. En primer lugar está la chabacanería y mala educación del tuteo descarado, Mocosada imberbe que pulula por la vida y que apenas tienen unos pocos años de existencia, tutean a los mayores que no conocen, con una suficiencia hiriente que intenta igualar lo inigualable desconociendo la razonable diferencia generacional que ellos olímpicamente ignoran suponiendo que están tratando con uno de sus pares. Siempre recuerdo aquella anécdota que aprendimos cuando niños y que hablaba del Gral. Bartolomé Mitre. Dicen que él estaba caminando por la calle Florida en Buenos Aires, cuando de pronto lo paró un chiquilín que le espetó sin más ni más ¿“Me das fuego”?. Mitre lo miró y se puso el cigarro que venía fumando en la boca. El muchacho molesto le dijo: “Oiga, no alcanzo”. Mitre, serenamente le contestó: “Ah bueno, cuando crezcas pídeme fuego de nuevo y entonces podrás fumar”. Y siguió su camino sin detenerse a contemplar el fastidio estupefacto del niño que tal vez haya aprendido la lección o no.
Hay buenos ejemplares de juventud que hacen honor a sus años y a su gente, con unas muy buenas conductas. Cuando las encontramos se nos ilumina la esperanza de que todo no está perdido , en cambio, en otras tristes oportunidades, temblamos por las intemperancias que suelen usar otros jóvenes no tan bien educados.
Hace un tiempo, mientras viajábamos en un remís, comentábamos con su joven chofer sobre las irregularidades que suelen hacer ciertos personajes que gustan esquilmar a sus empleados a pesar de tener el suficiente capital para poder pagarles buenos sueldos que le permitan vivir decentemente. “Yo conozco dos tipos que por unos pesos se encargan de limpiar a esa clase de individuos miserables y mezquinos”. No podía creer lo que estaba oyendo. “Por favor, no te metas con esa gente de averías. Vas a tener muchos problemas” “ recordá siempre lo que enseña Martín Fierro... si andas entre gente extraña, debes ser muy precavido, pues por igual es tenido, quien con malas se acompaña no lo olvides nunca, te vas a ahorrar muchos inconvenientes.”
Cuando bajé del auto, por unos cuantos días seguí pensando en el tema. Obviamente, las cosas están trastocadas, aunque ello no es sólo patrimonio de estos tiempos. Ya en la época de José Hernández. allá por 1871, se señalaba la anormalidad como lo podemos leer en el Martín Fierro en la reflexión del hijo del sargento Cruz llamado Picardía y que expresaba: “Y he de decir ansí mismo, porque de adentro me brota, que no tiene patriotismo quien no cuida al compatriota”. Y sin lugar a dudas , estas inconductas juveniles son como consecuencia de la falta total de cuidado en la enseñanza y la educación que no reciben, tanto de sus padres como de los “patriotas” de hoy que están ocupados en otras cosas más redituables para sus intereses personales o en las luchas de poder que los mantiene ocupados en diatribas y antinomias partidarias por ganar la hegemonía de sus partidos, antes de estar dedicados a full a atender a las necesidades de sus representados por los cuales fueron votados en su momento. Lo más triste de todo esto es que con estas desprolijidades gubernamentales se está lastimando al nudo central de la sociedad que es la familia.
Hoy, los jóvenes, salvo honrosas excepciones que las hay por suerte, suelen menospreciar a sus mayores. Los padres son molestos y los abuelos son gerontes que estorban en demasía. No los tienen en cuenta para nada, ni los visitan con frecuencia y algunos en años, ni se ocupan de saber cómo están. Da la impresión que no les interesa nada. Da la impresión que para ellos, ya fueron, no existen.
Esos gerontes que andan por la vida con sus errores y aciertos, merecen un trato mejor, por lo menos por respeto a lo que hicieron al criar y educar a sus padres. Los que tienen la suerte de ser bien tratados, gozan de una fortuna inmensa que deben agradecerla siempre. Es una pena que haya otros que no puedan decir lo mismo, Creemos que tanta falta de respeto, es alimentada por una indiferencia social que parte, en gran medida, de la educación familiar y se enraiza en la enseñanza recibida escolásticamente, los medios de difusión impresos, radiales, televisivos, y la lectura desviada de lo fundamental que estriba en respetar la vida por lo que es y lo que fue.
Tal vez, con el tiempo, esa juventud desinteresada de sus mayores llegue a crecer lo suficiente y por sobretodo a madurar con sensatez para darse cuenta que lo que hoy menosprecia por suficiencia o ignorancia, mañana lo habrá de añorar por su ausencia con cierto dolar y angustia por lo que no supo apreciar. Esperamos que no lleguen a ello y sepan reconocer a sus mayores antes que estos no estén más. Que así sea.

 
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