Nº 096 - Un Poco de Censura Daniel Hoxmark


No mucho. Sólo lo necesario. Un poquito de coraje, de ganas, de sinceridad y en una de esas... comenzamos a cambiar algunas historias.
En esta sociedad hace falta censurar. El libertinaje de muchos medios de comunicación y la permisividad de los gobiernos en lo que respecta a los controles necesarios que deberíamos tener son las causas principales de la debacle moral en la que nos vemos envueltos. Por supuesto que esto no significa sacarse el lazo de encima. Todos nosotros también somos culpables y lo sabemos; lo que ocurre es que alguien tiene que animarse a marcar una línea y mal que les pese eso es obligación de quienes nos gobiernan, que en definitiva son elegidos por nosotros mismos.
Veamos algunos casos puntuales:

La Emulación
Tomemos al animal de la especie mono como ejemplo. Veremos que de acuerdo al medio en que se desenvuelva y de acuerdo a la estimulación recibida puede incrementar su respuesta cerebral en la medida de sus limitaciones. También puede aumentar su posibilidad de desordenarse al no saber que hacer con lo aprendido.
En la especie humana y principalmente en esta sociedad capitalista (?) en la que nos toca vivir, con el océano atlántico al este y el pacífico al oeste, vemos que, como integrantes de la misma, recibimos un cúmulo de informaciones, imágenes, ejemplos, sonidos, que nos van estimulando, para bien o para mal, cada día de nuestra existencia. Y nosotros vamos emulando, luego de los descartes correspondientes decididos y siempre que podamos, esa información recibida.
Entonces está muy claro que si nosotros consumimos violencia en cualquiera de sus formas a través, por ejemplo, de las imágenes televisivas o cinematográficas y luego debemos descartar por propia decisión los contenidos es como que debemos eliminar todo lo que comemos y todos sabemos que no es así, siempre algo queda.
Para contrarrestar este argumento nos dicen hipócritamente que no nos preocupemos que todo es un “entretenimiento”. ¡Mentira! Yo diría que nos están “educando”. No se acuerdan ustedes del actor Humprey Bogart que fue tan famoso por su rudeza, pero también por sus cigarrillos y su copa de whisky. Era la época en que emular a Bogart fumando o tomando era conseguir la trascendencia ante el sexo opuesto. Nunca me voy a olvidar de una experiencia de hace muchos años con un actor de cortos publicitarios de los cigarrillos Jockey Club llamado Matías que en una charla de trabajo en Buenos Aires confesó que la empresa le pagaba para que no fumara otra marca y para que fumara delante de los demás como él lo hacía en los cortos, difundiendo el hábito, todo con un contrato expreso.
Ahora lo tenemos a Michael Douglas luchando contra los narcotraficantes en una pelea desigual donde involucra a su propia familia y termina agobiado y vencido por las circunstancias. Mientras tanto, en el desarrollo de la película nos van “enseñando” como se consume, cuál es la que se calienta en la cucharita para inyectarla, cuál se inhala, etc. En definitiva nos enseñan que no hay otro camino, que ése es el único que se puede recorrer.
La respuesta hipócrita a este planteo es que si alguien quiere consumir droga que lo haga sin joder a nadie.
Pero todos sabemos ahora que cualquier hecho delictivo está asociado con la estimulación producida por alguna droga o especie de ella. Los guardias de infantería montada que impidieron con sus caballos la salida de los simpatizantes en la famosa puerta 12 de la cancha de River produciendo una de las mayores tragedias que se recuerdan, estaban estimulados con un poco de “algo”. El “caballo” que estaba a cargo de esa puerta se pasó de vueltas..
O sea que si se hiciera como en Holanda donde el estado provee la droga a los terminales siempre y cuando se recluyan en un ámbito cerrado hasta su muerte, los dependientes serían inofensivos. Pero aquí y sin delimitar el grado de dependencia, el consumo puede producir agresiones y mucho más. Por consiguiente, la estimulación para conseguir “bravura” no es nueva pero si se hace cada vez más popular y fácil obtener el estimulante, los hechos de “bravura” se multiplican.

La “Educación”
Siempre aspiramos a tener una educación del “primer mundo”. Bueno, ahora ya lo hemos conseguido. En Argentina, el nivel cultural de las escuelas, sobre todo de enseñanza media es de la misma calidad que en EE. UU. Los chicos pueden tener hasta 27 faltas en el año sin quedar libres y los preceptores responden ante una pregunta de por qué se es tan flexible, con la frase “Y que podemos hacer, si apretamos nos quedamos sin alumnos”. Los profesores hasta que acomodan sus horarios pasan dos o tres meses faltando algunas horas. Los perfeccionamientos, los días feriados y las huelgas completan un esquema ejemplar de desidia. Los padres no reaccionan, se dejan vencer como Michael Douglas y en definitiva obtenemos esa “educación” tan anhelada que seguramente nos va a permitir desarrollarnos como nación (inculta)
Allá en Columbine o acá en Carmen de Patagones o Salta las historias se repiten con armas más o menos sofisticadas. Indudablemente hay un factor común entre ambas educaciones y es sencillamente el grado de vivencias violentas que los chicos perciben a través de los medios de comunicación. Siempre algo queda y a veces se desordena (como los monos) si el receptor es de poca lucidez o tiene conflictos sin resolver.

La “solución”
A) Prohibir la difusión cinematográfica o televisiva de cualquier acto de consumo de estupefacientes. Si esto “daña” la producción de una película es porque está “dañando” los intereses de los delincuentes (el negocio de la droga es absolutamente en negro) que ponen su dinero como “sponsorización” para que esto se difunda.
B) Restringir los horarios de difusión de las producciones “muy” violentas. Las violentas solamente ya están hasta en los dibujitos.
C) Prohibir el uso “comercial”, a través de la televisación, de los cortes de rutas, de las protestas piqueteras, de los reclamos como el de la legislatura del Gobierno de la Ciudad de Bs. As. donde un grupo rompió todo. No me digan que no se debe o que no se puede. Los partidos de fútbol muchas veces no se ven porque el canal no tiene los derechos comprados y listo. Bueno, acá no debemos “vender” los derechos a emitir violencia. Esta es una posición discutible porque algunos van a hablar de que no se puede prohibir la imagen y otros vamos a defender el hecho de prohibir el uso inapropiado de las mismas. Sí, a la emisión de las movilizaciones de Blumberg y otras pacíficas similares.
D) Sancionar legalmente la apología de la violencia.
E) Todo lo que se le ocurra y se pueda agregar.

Sin lugar a dudas hay muchas cosas más que en el ejercicio de la imaginación habrá que discutir pero lo que no debemos hacer es bajar los brazos y condescender la penetración cultural interesada de los grupos de poder que manejan el mundo del espectáculo, de las armas y de los estupefacientes y que en su amplitud van desde el opio de Bin Laden, los narcos de Colombia, los paraísos fiscales hasta los grandes sellos cinematográficos de América del Norte.

 
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