No mucho. Sólo lo necesario. Un
poquito de coraje, de ganas, de sinceridad y en una de esas... comenzamos
a cambiar algunas historias.
En esta sociedad hace falta censurar. El libertinaje de muchos medios
de comunicación y la permisividad de los gobiernos en lo que
respecta a los controles necesarios que deberíamos tener son
las causas principales de la debacle moral en la que nos vemos envueltos.
Por supuesto que esto no significa sacarse el lazo de encima. Todos
nosotros también somos culpables y lo sabemos; lo que ocurre
es que alguien tiene que animarse a marcar una línea y mal que
les pese eso es obligación de quienes nos gobiernan, que en definitiva
son elegidos por nosotros mismos.
Veamos algunos casos puntuales:
La Emulación
Tomemos al animal de la especie mono como ejemplo. Veremos que de acuerdo
al medio en que se desenvuelva y de acuerdo a la estimulación
recibida puede incrementar su respuesta cerebral en la medida de sus
limitaciones. También puede aumentar su posibilidad de desordenarse
al no saber que hacer con lo aprendido.
En la especie humana y principalmente en esta sociedad capitalista (?)
en la que nos toca vivir, con el océano atlántico al este
y el pacífico al oeste, vemos que, como integrantes de la misma,
recibimos un cúmulo de informaciones, imágenes, ejemplos,
sonidos, que nos van estimulando, para bien o para mal, cada día
de nuestra existencia. Y nosotros vamos emulando, luego de los descartes
correspondientes decididos y siempre que podamos, esa información
recibida.
Entonces está muy claro que si nosotros consumimos violencia
en cualquiera de sus formas a través, por ejemplo, de las imágenes
televisivas o cinematográficas y luego debemos descartar por
propia decisión los contenidos es como que debemos eliminar todo
lo que comemos y todos sabemos que no es así, siempre algo queda.
Para contrarrestar este argumento nos dicen hipócritamente que
no nos preocupemos que todo es un “entretenimiento”. ¡Mentira!
Yo diría que nos están “educando”. No se acuerdan
ustedes del actor Humprey Bogart que fue tan famoso por su rudeza, pero
también por sus cigarrillos y su copa de whisky. Era la época
en que emular a Bogart fumando o tomando era conseguir la trascendencia
ante el sexo opuesto. Nunca me voy a olvidar de una experiencia de hace
muchos años con un actor de cortos publicitarios de los cigarrillos
Jockey Club llamado Matías que en una charla de trabajo en Buenos
Aires confesó que la empresa le pagaba para que no fumara otra
marca y para que fumara delante de los demás como él lo
hacía en los cortos, difundiendo el hábito, todo con un
contrato expreso.
Ahora lo tenemos a Michael Douglas luchando contra los narcotraficantes
en una pelea desigual donde involucra a su propia familia y termina
agobiado y vencido por las circunstancias. Mientras tanto, en el desarrollo
de la película nos van “enseñando” como se
consume, cuál es la que se calienta en la cucharita para inyectarla,
cuál se inhala, etc. En definitiva nos enseñan que no
hay otro camino, que ése es el único que se puede recorrer.
La respuesta hipócrita a este planteo es que si alguien quiere
consumir droga que lo haga sin joder a nadie.
Pero todos sabemos ahora que cualquier hecho delictivo está asociado
con la estimulación producida por alguna droga o especie de ella.
Los guardias de infantería montada que impidieron con sus caballos
la salida de los simpatizantes en la famosa puerta 12 de la cancha de
River produciendo una de las mayores tragedias que se recuerdan, estaban
estimulados con un poco de “algo”. El “caballo”
que estaba a cargo de esa puerta se pasó de vueltas..
O sea que si se hiciera como en Holanda donde el estado provee la droga
a los terminales siempre y cuando se recluyan en un ámbito cerrado
hasta su muerte, los dependientes serían inofensivos. Pero aquí
y sin delimitar el grado de dependencia, el consumo puede producir agresiones
y mucho más. Por consiguiente, la estimulación para conseguir
“bravura” no es nueva pero si se hace cada vez más
popular y fácil obtener el estimulante, los hechos de “bravura”
se multiplican.
La “Educación”
Siempre aspiramos a tener una educación del “primer mundo”.
Bueno, ahora ya lo hemos conseguido. En Argentina, el nivel cultural
de las escuelas, sobre todo de enseñanza media es de la misma
calidad que en EE. UU. Los chicos pueden tener hasta 27 faltas en el
año sin quedar libres y los preceptores responden ante una pregunta
de por qué se es tan flexible, con la frase “Y que podemos
hacer, si apretamos nos quedamos sin alumnos”. Los profesores
hasta que acomodan sus horarios pasan dos o tres meses faltando algunas
horas. Los perfeccionamientos, los días feriados y las huelgas
completan un esquema ejemplar de desidia. Los padres no reaccionan,
se dejan vencer como Michael Douglas y en definitiva obtenemos esa “educación”
tan anhelada que seguramente nos va a permitir desarrollarnos como nación
(inculta)
Allá en Columbine o acá en Carmen de Patagones o Salta
las historias se repiten con armas más o menos sofisticadas.
Indudablemente hay un factor común entre ambas educaciones y
es sencillamente el grado de vivencias violentas que los chicos perciben
a través de los medios de comunicación. Siempre algo queda
y a veces se desordena (como los monos) si el receptor es de poca lucidez
o tiene conflictos sin resolver.
La “solución”
A) Prohibir la difusión cinematográfica o televisiva de
cualquier acto de consumo de estupefacientes. Si esto “daña”
la producción de una película es porque está “dañando”
los intereses de los delincuentes (el negocio de la droga es absolutamente
en negro) que ponen su dinero como “sponsorización”
para que esto se difunda.
B) Restringir los horarios de difusión de las producciones “muy”
violentas. Las violentas solamente ya están hasta en los dibujitos.
C) Prohibir el uso “comercial”, a través de la televisación,
de los cortes de rutas, de las protestas piqueteras, de los reclamos
como el de la legislatura del Gobierno de la Ciudad de Bs. As. donde
un grupo rompió todo. No me digan que no se debe o que no se
puede. Los partidos de fútbol muchas veces no se ven porque el
canal no tiene los derechos comprados y listo. Bueno, acá no
debemos “vender” los derechos a emitir violencia. Esta es
una posición discutible porque algunos van a hablar de que no
se puede prohibir la imagen y otros vamos a defender el hecho de prohibir
el uso inapropiado de las mismas. Sí, a la emisión de
las movilizaciones de Blumberg y otras pacíficas similares.
D) Sancionar legalmente la apología de la violencia.
E) Todo lo que se le ocurra y se pueda agregar.
Sin lugar a dudas hay muchas cosas más
que en el ejercicio de la imaginación habrá que discutir
pero lo que no debemos hacer es bajar los brazos y condescender la penetración
cultural interesada de los grupos de poder que manejan el mundo del
espectáculo, de las armas y de los estupefacientes y que en su
amplitud van desde el opio de Bin Laden, los narcos de Colombia, los
paraísos fiscales hasta los grandes sellos cinematográficos
de América del Norte.