Mi querido General:
Yo, común ciudadano de mi patria argentina, os hago llegar por
esta sencilla misiva, los saludables plácemes a que con creces
es acreedor su honorable persona.
Ya que Ud. ha sido capaz de llevar a cabo los innumerables servicios
prestados con su reconocida capacidad de honestidad y patriotismo.
Su desinterés, demostrando en todas las ocasiones en que fue
galardonado por el Superior Gobierno de la Nación; aquellos cuarenta
mil pesos obtenidos por la batalla de Salta y que Ud. supo destinar
con su debida instrucción a la dotación de cuatro Escuelas
en Jujuy, Tarija, Tucumán y Santiago del Estero.
Y su medio sueldo en ocasión de ser nombrado Comandante del Regimiento
de Patricios, y a pesar de su indigente situación económica.
Una lágrima enturbia mis ojos que apenas contienen mis párpados
cansados por los tantos años transcurridos y no avizoramos los
que abrazamos con fervor la poesía.
Y como el Ave Fénix, que renace para encender de nuevo, el fuego
maravilloso de su talento.
Su sencilla costumbre de comprender a los que de su noble alma dependen,
por ser mayor su privilegiada inteligencia, y por el dorado crisol en
que se funden las desinteresadas ideas de Amor hacia los desheredados;
al par que con ellos compartió la mayor parte de su vida.
Porque su vida, querido general Belgrano, aún refulge, como ese
sol que día a día, nos acompaña con su recuerdo.
Porque allí, en esa sublime enseña que Ud. creó,
para insignia perenne de todos los argentinos.
Allí, en sus pliegues ondulados por ese mágico viento
que hace flamear los recuerdos de los acontecimientos pasados y presentes.
Querido General Belgrano:
Loado sea su nombre en su merecido descanso, y quiera el cielo mantener
su estrella rebosante de Amor, para iluminarnos en estas horas de un
camino con tropiezos, y que seguramente, en su honor deberemos sortear
para ser dignos soldados de su causa: ¡La causa maravillosa de
la Libertad!
20/5/2001 Olavarría, Roberts Bastida
Publicaciones: Hombre (Poesía) 1998
Versos para Tí (Poesía), 2000