Nº 096 - Manzana de las Luces – Alberto Tridone |
En el antiguo barrio de Catedral al Sur, habitado por las familias más destacadas del viejo Buenos Aires, se halla la denominada Manzana de las Luces, nombre con que la bautizó el periódico Argos en 1822, por ser asiento de importantes instituciones de la cultura. Allí estaban emplazados el Museo Público, la Universidad, la Sala de la Antigua Junta de Representantes y otras instituciones que conformaban el centro intelectual de la ciudad durante el siglo XIX. Su historia se inició en 1607, bajo el gobierno de Hernando Arias de Saavedra, cuando desembarcaron en las costas del Río de la Plata los padres de la Compañía de Jesús, quienes habían solicitado licencia para fundar en Buenos Aires el Colegio San Ignacio. El llamado “colegio” no era precisamente un establecimiento de enseñanza, sino la casa donde se reunía la comunidad jesuítica. Sin embargo, todos los pobladores que tenían a su servicio indios infieles, los enviaban una hora por día para que se les enseñara la doctrina cristiana. Las primeras construcciones, con paredes de adobe y techo de tejas, fueron edificadas entre lo que es hoy el Banco de la Nación y el emplazamiento de la estatua ecuestre del general Manuel Belgrano en Plaza de Mayo. Durante la gestión del gobernador Alonso de Mercado y Villacorta, en cumplimiento de una real cédula, se exigió a los jesuitas que desocuparan el lugar porque sus edificios obstruían el campo de tiro de la Fortaleza. Se les entregó $ 22.299 con seis reales en concepto de indemnización, y la manzana comprendida entre las calles que hoy llevan el nombre de Moreno, Perú, Alsina y Bolívar, donde erigieron una capilla provisional (hoy Iglesia de San Ignacio) Contiguo al templo, funcionó desde 1783 el famoso Colegio de San Carlos, o Carolino, denominado así en homenaje al rey Carlos III. Fue sostenido con los fondos de los expulsados jesuitas, reconocidos por el monarca español como “bienes temporales”. Por tal motivo, la manzana se llamó durante muchos años “de las Temporalidades”. De los edificios que aún se conservan se destaca la Iglesia de San Ignacio. Se inauguró en 1675 y, entre 1680 y 1700, se le agregaron el frente y las torres. Su planta es una cruz latina compuesta por una nave central y cinco capillas laterales en forma de altas galerías (se buscaba que el sermón se pudiera oír en todo el templo) Para su construcción se utilizaron bloques de piedra traídos de la isla Martín García. Ofició de Catedral entre 1822 y 1836, mientras aquella era reconstruida. La residencia del Procurador General de
la Orden albergó desde 1822 la Academia de Medicina, dependiente
de la Antigua Universidad de Buenos Aires. Los universitarios concurrían
vestidos con una toga de raso negro, larga y abotonada desde el cuello,
una esclavina bordada sobre los hombros con los colores alusivos a la
facultad, y un birrete cuadrangular, de cuyo centro partían unos
flecos. Todo este aparato exterior quedó suprimido en 1828 a
instancias del rector de la universidad, don Valentín Gómez,
quien argumentó que ello creaba entre los estudiantes un espíritu
de necia y carnavalesca vanidad. Los túneles, utilizados en épocas coloniales para el contrabando de mercancías, tienen sección ojival y más de un metro de ancho. Hasta el momento no se ha podido determinar el trazado completo, ni tampoco una teoría precisa sobre los motivos que impulsaron su construcción. En la actualidad se efectúan visitas guiadas.
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