Decía el poeta, escritor, político
y funcionario de origen riojano Joaquín V. González que
protagonizó el bochorno de sustraer los dientes del sepulcro
del apóstol de la patria el Dr. Manuel Belgrano, el día
que mudaban sus restos hacia el mausoleo erigido en el atrio de la Basílica
de Santo Domingo. El mismo escribía aquello de que: “Cada
comarca en su tierra tiene un rasgo prominente...” Y es cierto,
ningún lugar es idéntico a otro, algo diferente tienen
entre sí. Quienes hemos viajado por las diversas rutas que atraviesan
el país visitando varios centenares de localidades de las diferentes
provincias, lo podemos certificar. Nada es igual. Todo es diferente.
Unos por la diversidad de paisajes, otros por sus orígenes.
El origen viene a ser como la marca registrada que lo identifica de
los demás. El origen viene del pasado. En aquel tiempo vivido
donde aprendimos lo que hoy sabemos, sentamos las bases de la identidad
que nos caracteriza. Hoy, cierto nivel juvenil, algunos inmaduros viajantes
de la estupidez reinante en estos tristes días plenos de mediocridad
congénita que esconde la inteligencia y la sabiduría proverbial
que suele adornar a algunos humanos.
Yo me permito decirles con todo respeto, que la humanidad no sería
lo que hoy es, sino hubieran habido genios que fueron marcando el camino
a seguir. Por ejemplo, cuando estudiábamos Ciencias Sociales
y Política hace ya más de cuarenta años atrás,
el insigne profesor que dictaba el curso de Historia Argentina, el Dr.
Antonio Sobral, docente, político, legislador provincial como
nacional, a su vez presidente del Bloque Radical en la Convención
Nacional de la Reforma Constitucional del 49, quien ante la manifiesta
prepotencia del gobierno nacional de esa época, el que hacía
imposible razonar u obtener resultados positivos que no se ajustaran
a sus propósitos personales, el Dr. Sobral y su bloque de convencionales
decidieron retirarse del lugar dejando en manos del oficialismo la continuidad
de la mala dada Reforma, salvando con ello el buen nombre y el honor
radical que supo no avenirse a la democrática dictadura militar
instaurada desde el año 46, cosa que no supieron hacer otros
representantes del centenario partido cuarenta y cinco años después
para vergüenza del mismo y sus partidarios en la otra mala dada
Reforma del 94, que por extraño destino al invertir los números
coincidió con la anterior.
El Dr. Sobral al iniciar sus cursos en su Instituto de Enseñanza
Superior en la ciudad de Villa María (Córdoba) decía:
“¿Ustedes quieren que les dicte el cuento de la Historia
Argentina o la Historia Argentina?”. Unos y otros nos sorprendimos
y le dijimos extrañados “¿Por qué Doctor?”
- “Bueno, porque si ustedes quieren escuchar el cuento de la Historia
Argentina, yo les relato que San Martín cruzó los Andes
o que French y Berutti repartían escarapelas en la semana de
mayo o que Moreno enfermó en su viaje marítimo y murió
inesperadamente; ahora si quieren conocer la verdadera Historia Argentina
y saber lo que somos, tenemos primero que incursionar por la Historia
Española para saber de donde venimos, mucho más atrás
de las inmigraciones que llegaron al país alrededor del 1890.
Así nos fuimos introduciendo en los pormenores de la Historia
Española desde que se supone se conocen sus orígenes.
El Dr. Sobral decía que España durante los siglos vividos
era escudo del mundo al detener cada invasión de los conquistadores
que se querían apoderar de la península.
Incursionando por los extensos andariveles de la historia, si alguna
comarca o porción del globo terráqueo pareciera haber
sido hecha por el autor de la naturaleza para ser habitado por un pueblo
aguerrido y luchador, sin lugar a dudas esa tierra es España.
Separada del continente europeo por una importante cadena de montañas,
circundada en las dos terceras partes de su perímetro, por las
aguas del Océano Atlántico y del Mar Mediterráneo,
diríase que el Supremo Hacedor habría querido dibujar
con su dedo omnipotente sus naturales límites, defendiéndola
de Europa con el antemural de los Montes Pirineos y del resto del mundo
con los dos mares que la bañan como si se hubiera propuesto que
pudiera ser la mansión o morada de un pueblo aislado y uniforme,
ni inquietador de los otros, ni inquietado por ajenos. Lamentablemente
no siempre pudo gozar de paz, pues tuvo sus grandes problemas.
Las extensas serranías que la cubren formando valles productivos,
corriendo en irregulares y tortuosas direcciones, extendiéndose
y desparramándose por todos los ámbitos de la península
como las arterias de un gran cuerpo, formando profundas, anchas y dilatadas
planicies, sirven como frontera a otras tantas comarcas independientes
que van conformando comunidades libres unas de otras hasta parecer que
pertenecen a otros países.
Así se va conformando España ante nuestros ojos y si sabemos
tener paciencia y tolerancia, habremos de poder interiorizarnos de muchas
de sus singulares particularidades heredadas de varios de sus conquistadores
y que tuvieron su incidencia cuando arremetieron contra América.