N° 099 - Los Conquistadores Carlos Arraga


Decía el poeta, escritor, político y funcionario de origen riojano Joaquín V. González que protagonizó el bochorno de sustraer los dientes del sepulcro del apóstol de la patria el Dr. Manuel Belgrano, el día que mudaban sus restos hacia el mausoleo erigido en el atrio de la Basílica de Santo Domingo. El mismo escribía aquello de que: “Cada comarca en su tierra tiene un rasgo prominente...” Y es cierto, ningún lugar es idéntico a otro, algo diferente tienen entre sí. Quienes hemos viajado por las diversas rutas que atraviesan el país visitando varios centenares de localidades de las diferentes provincias, lo podemos certificar. Nada es igual. Todo es diferente. Unos por la diversidad de paisajes, otros por sus orígenes.
El origen viene a ser como la marca registrada que lo identifica de los demás. El origen viene del pasado. En aquel tiempo vivido donde aprendimos lo que hoy sabemos, sentamos las bases de la identidad que nos caracteriza. Hoy, cierto nivel juvenil, algunos inmaduros viajantes de la estupidez reinante en estos tristes días plenos de mediocridad congénita que esconde la inteligencia y la sabiduría proverbial que suele adornar a algunos humanos.
Yo me permito decirles con todo respeto, que la humanidad no sería lo que hoy es, sino hubieran habido genios que fueron marcando el camino a seguir. Por ejemplo, cuando estudiábamos Ciencias Sociales y Política hace ya más de cuarenta años atrás, el insigne profesor que dictaba el curso de Historia Argentina, el Dr. Antonio Sobral, docente, político, legislador provincial como nacional, a su vez presidente del Bloque Radical en la Convención Nacional de la Reforma Constitucional del 49, quien ante la manifiesta prepotencia del gobierno nacional de esa época, el que hacía imposible razonar u obtener resultados positivos que no se ajustaran a sus propósitos personales, el Dr. Sobral y su bloque de convencionales decidieron retirarse del lugar dejando en manos del oficialismo la continuidad de la mala dada Reforma, salvando con ello el buen nombre y el honor radical que supo no avenirse a la democrática dictadura militar instaurada desde el año 46, cosa que no supieron hacer otros representantes del centenario partido cuarenta y cinco años después para vergüenza del mismo y sus partidarios en la otra mala dada Reforma del 94, que por extraño destino al invertir los números coincidió con la anterior.
El Dr. Sobral al iniciar sus cursos en su Instituto de Enseñanza Superior en la ciudad de Villa María (Córdoba) decía: “¿Ustedes quieren que les dicte el cuento de la Historia Argentina o la Historia Argentina?”. Unos y otros nos sorprendimos y le dijimos extrañados “¿Por qué Doctor?” - “Bueno, porque si ustedes quieren escuchar el cuento de la Historia Argentina, yo les relato que San Martín cruzó los Andes o que French y Berutti repartían escarapelas en la semana de mayo o que Moreno enfermó en su viaje marítimo y murió inesperadamente; ahora si quieren conocer la verdadera Historia Argentina y saber lo que somos, tenemos primero que incursionar por la Historia Española para saber de donde venimos, mucho más atrás de las inmigraciones que llegaron al país alrededor del 1890.
Así nos fuimos introduciendo en los pormenores de la Historia Española desde que se supone se conocen sus orígenes. El Dr. Sobral decía que España durante los siglos vividos era escudo del mundo al detener cada invasión de los conquistadores que se querían apoderar de la península.
Incursionando por los extensos andariveles de la historia, si alguna comarca o porción del globo terráqueo pareciera haber sido hecha por el autor de la naturaleza para ser habitado por un pueblo aguerrido y luchador, sin lugar a dudas esa tierra es España.
Separada del continente europeo por una importante cadena de montañas, circundada en las dos terceras partes de su perímetro, por las aguas del Océano Atlántico y del Mar Mediterráneo, diríase que el Supremo Hacedor habría querido dibujar con su dedo omnipotente sus naturales límites, defendiéndola de Europa con el antemural de los Montes Pirineos y del resto del mundo con los dos mares que la bañan como si se hubiera propuesto que pudiera ser la mansión o morada de un pueblo aislado y uniforme, ni inquietador de los otros, ni inquietado por ajenos. Lamentablemente no siempre pudo gozar de paz, pues tuvo sus grandes problemas.
Las extensas serranías que la cubren formando valles productivos, corriendo en irregulares y tortuosas direcciones, extendiéndose y desparramándose por todos los ámbitos de la península como las arterias de un gran cuerpo, formando profundas, anchas y dilatadas planicies, sirven como frontera a otras tantas comarcas independientes que van conformando comunidades libres unas de otras hasta parecer que pertenecen a otros países.
Así se va conformando España ante nuestros ojos y si sabemos tener paciencia y tolerancia, habremos de poder interiorizarnos de muchas de sus singulares particularidades heredadas de varios de sus conquistadores y que tuvieron su incidencia cuando arremetieron contra América.

 
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