Antes contestábamos: Siiii... O
querés que te cuente! de una forma tal que no había dudas
de que el horno no estaba para bollos.
Ahora la respuesta es más cómplice, quizás hasta
la acompañamos con una sonrisa temerosa como precaución
de que el interlocutor tenga algún problema y pueda resultarle
soberbio el gesto ante la pregunta habitual. Pero sin duda el ánimo
para responder es diferente. Ya nos animamos a decir que en algo, aunque
sea, nos está yendo mejor.
Y tal vez sea cierto... y la crisis esté aflojando. Hay algunos
síntomas llamativos que dan la pauta de la supuesta mejora, que
aunque parezcan pavadas dan esa sensación que se siente en la
piel. Nunca en los últimos años el mes de diciembre tuvo
los comercios tan rebosantes de clientes. Era un loquero donde se fuera
a comprar. Se estima que hubo un incremento del 20 al 40% con respecto
al año pasado y algunos casos excepcionales que superaron esos
porcentajes.
Entre los ejemplos destacados de aquellos días de diciembre hubo
heladerías que, al contar de su dueño, los que trabajaban,
incluyéndolo a él y su familia, estaban tan pero tan cansados
físicamente que terminaban haciendo chistes tontos deseando que
terminara la noche, pues cada vez que veían hacia la puerta,
el desfile de clientes era incesante. Y así, por suerte, le ocurrió
a casi todos entre el calor y las fiestas.
Para llegar a esta actual semisonrisa
tuvimos que atravesar muchos años de vilipendio forzoso, de agoreras
estadísticas y de tristes realidades. La crisis económica
parecía no terminar nunca. La gente se quedaba sin trabajo con
el sapo tragado de que había que reducir costos porque sino no
podíamos competir con los precios internacionales. Los ultraliberales
levantaban la bandera del libre comercio donde los precios debían
regirse simplemente por la oscilación de la oferta y la demanda
mientras avalaban sin empacho un dólar recontrafijo en el nunca
mal ponderado uno a uno. Esas contradicciones hicieron mella y hasta
desastres en las economías regionales y en toda la economía
en general hundiéndonos en el fondo del mundo.
Por un lado había un grupo de empresarios argentinos que creía
enriquecerse siguiendo estas consignas (por ejemplo la de achicar personal)
y lo único que terminaron haciendo fue vender sus riquezas acumuladas
durante mucho tiempo y seguramente con mucho esfuerzo, dejando sus sueños,
esperanzas, familia y argentinidad por un puñado de dólares
que en definitiva resultaban ser sólo papeles impresos con ese
color de tinta por alguien que tenía la potestad de fabricarlos
a su antojo (sólo el respaldo de un déficit comercial
anual impresionante?) Por el otro lado un proletariado que pasó
a ser lumpen y una miseria galopante en el país de las vacas
gordas. Y la pregunta era ¿qué nos sucede vida que? (como
la canción) ¿Cómo podía ser que con tanta
riqueza fuéramos tan imbéciles de desaprovecharla? ¿Cómo
podía ser que con tan pocos habitantes en semejante extensión
de país no pudiéramos organizarnos mejor?
La respuesta parece haber llegado. El mundo (occidental y oriental)
se ha dado cuenta que a pesar de nuestras corrupciones, somos un país
con recursos apetitosos y que como en la Bolsa de Valores hicimos “piso”.
Ahora viene el rebote y ya es la mejor oportunidad para invertir.
Después de la segunda guerra mundial y probablemente también
después de muchas otras hubo países que desarrollaron
su economía aceleradamente. Los casos de Alemania, Italia, Japón
son muestras acabadas de que ello es posible. Ojo, también Somalía
tuvo su guerra interna pero está cada día peor.
Mirándonos desde afuera seguramente debe haber muy pocos lugares
en el mundo como nuestro país y tener algún dinerillo
colocado en tierras u otros, no estaría nada mal. ¿No
le parece? De ahí deducimos el porqué de toda la movida
turística que se está dando a pasos acelerados. ¡Ahora
sí va a servir la carrera de Licenciado en Hotelería y
Gastronomía! Vamos a tener cada vez más hoteles y a quien
atender.
Entonces, si tenemos ingresos por turismo, por cereales, por carnes,
vinos y mucho más, la cosa va a ser que el dinero de alguna manera
y con un poquito de sentido común, se va a redistribuir, favoreciendo
a todos.
La media estimada de crecimiento de las ventas de todo el 2004 tuvo
niveles muy aceptables de entre el 20 y 30%. La gente dispuso de más
dinero y ahí está la clave de la cuestión. Si la
población tiene dinero automáticamente esto se transforma
en consumo y dinamización de la economía. Aparentemente
ésta es una verdad de perogrullo por todos conocida incluidos
los gobernantes nacionales, pero muchas veces nos preguntamos y repreguntamos
porqué cuesta tanto entenderla. Al final los que trabajen más
tendrán más y los que apenas arañen una changa
o un plan tendrán menos pero lo que es importante es que TODOS
tengan la OPORTUNIDAD de trabajar.
Entonces, dentro de poco tiempo, cuando nos pregunten: Hola ¿cómo
estás, todo bien? Contestemos con una sonrisa a todo lo ancho:
Pero por supuesto... me va MUY BIEN!