| N° 099 - República Cromañon – Eduardo Adrián López | ||||||||||||||||||||||||||
Desidia,
vale todo, ilegalidad, fueron las palabras que intentaron explicar la
tragedia en el boliche “República Cromañón”. Se me dirá que es hilar muy fino si se analizan cuestiones más profundas que atraviesan el fenómeno. Pero las malditas llamas de la noche del 30 de diciembre, iluminaron las patologías y problemas más serios que aquejan a nuestra sociedad. La cadena de descuidos que tuvieron lugar en el incendio de “República Cromañón”, no se interrumpe en el maltrato del lugar hacia el público debido al hacinamiento. Tampoco el tema se agota en la falta de control de las normas de seguridad por parte de los organismos estatales de regulación. Hubieron desaforados que encendieron las bengalas que provocaron el fatal incendio. El hecho reveló también el estado de crispación en que viven ciertos sectores de la sociedad, el desprecio por la vida, la ausencia de horizontes. Allí estaban, en República Cromañón, las madres y el embarazo adolescente, los baños convertidos en guarderías en donde por 1 pesito se condenaba a los bebes a cuatro horas de hacinamiento. Los jóvenes de esta época fueron a ver a su banda, a canalizar sus angustias y a ver si en un verso de canción se encuentra el sentido al mundo y a la vida, un sentido que antes se hallaba en los partidos políticos, en los ideales, en la escuela o la universidad, y en la esperanza de hacer que el mundo sea todos los días un poco mejor. ¿Cuántas Repúblicas Cromañón hay que no salen a la luz?. Una República Cromañón fue iluminada por las malditas y despreciables llamas del 30 de diciembre. En nuestra ciudad ¿hay Repúblicas Cromañón?.... porque aquí también los jóvenes tienen heridas profundas y en muchos sectores de la sociedad local también reina la crispación, junto con la ausencia de proyectos de vida. Hay bolsones de República Cromañón, que son ni más ni menos que la niñez y la juventud desclasada, desafiliada socialmente, donde también existe el embarazo adolescente y el desprecio por la vida, así como también los actos al margen de la legalidad. La desafiliación social de ciertos jóvenes, es más que la pobreza digna de otros tiempos que consistía en soportar solo algunas privaciones. Es la clase media pauperizada y sectores populares devenidos en indigentes, empobrecimiento de la cultura, mientras suenan los compases monocordes de la cumbia Villera o un rock que no existe en el mundo. A propósito de la tragedia en “República Cromañón”, Jorge Iacobellis (ex baterista de “Todos Tus Muertos”, banda de los '80) residente en los Estados Unidos, dijo: “se crearon estereotipos de mucha diversión, falta de educación y eso hace que se pierda el valor del ser humano”. La juventud sin destino es una herida profunda en las sociedades. La dirigencia política nacional y local (porque aquí no estamos exentos, a la noche del 31 me remonto), deberá unirse y ayudar a encontrar cauces a esta problemática, que no la tapa el boom de la soja, ni el crecimiento económico. Deberán dejarse de lado las miradas líricas de la marginalidad, ya que no se trata de carasucias futboleando en el potrero con rodillas heridas y cicatrizadas por el destino. El problema es grave. Junto con la seguridad habrá que educar y formar. Sólo con el crecimiento espiritual, vendrá el crecimiento material. Hay que cambiar la República Cromañón. El hombre de Cromagnón fue un antepasado del hombre actual, era primitivo, elemental. Va a costar mucho, pero debemos volver al homo sapiens. (*) Sociólogo. Graduado en la Univ. de Buenos Aires. |
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