N° 099 - La Confitería Rex Retrovisor


Estampas con sabor antiguo

Abrió sus puertas en la cuadra de Vicente López entre Belgrano y Dorrego allá por los primeros años 50 del siglo pasado. Los hermanos Julián y Felipe Pérez Olascoaga le dieron forma de confitería moderna para esa época. Lo original fue que la crearon como confitería bailable para personas que concurrían juntas. Sin embargo, con el correr del tiempo derivó en un baile del que participaban todos, porque se seguía la costumbre de “sacar a bailar” a las damas, y hasta se lograba eso mismo mediante el clásico “cabezazo” que significaba un “¿bailamos la que viene?” (por la pieza musical).

La música era aportada a veces por orquestas o conjuntos locales (alguna vez escuchamos a los hermanos Rossi, o a Milani, o a la característica de Giancola), o se aceptaban, sólo porque no había otra, las grabaciones que se pasaban por un equipo que gobernaba Felipe. Se bailaba los fines de semana y los jueves. El resto de los días se escuchaba música en vivo, sentado al piano el popular Toto Blanco o el Negro Velazco y algunos más que se vuelan del recuerdo. El negocio logró muy pronto gran popularidad y se convirtió en un reducto social donde se reunía lo más conspicuo de la sociedad olavarriense. Los hermanos Pérez atendían el mostrador, y los mozos Canevello, Hada, Ferro y otros se encargaban de la atención al público.

Como no había “derecho de admisión”, ocurrían situaciones de incomodidad por la presencia no deseada pero frecuente de cierta “madama” de casa “non sancta”, que solía concurrir acompañada por una de sus “pupilas” y ocupaba una mesa junto a la vidriera, lo que llegó a escandalizar a la pacata comunidad de ese tiempo. No se las podía sacar del lugar, pero se recurrió a un expediente que ganó por cansancio: los mozos no atendían los requerimientos de esas mujeres, y se hacían los distraídos o demasiado ocupados. Pero finalmente ellas dejaron de ir, tal vez cuando el resto de la gente se había acostumbrado a esa presencia y hasta disfrutaba con los comentarios que sugerían sus mentas, ocupaciones y... clientela.

Otro hecho que jalona estos recuerdos de la Confitería Rex es la huelga de gastronómicos que lograron, al cabo de muchas jornadas de paro, el “laudo”, un porcentaje sobre la consumición, que venía a reemplazar a la tradicional propina, de la cual decían los mozos que querían liberarse porque “denigra a quien la da y ofende a quien la recibe”. Con el correr del tiempo se demostró que la propina le sobrevivió al “laudo” después de haber convivido con él durante mucho tiempo.

Durante sus años de existencia, la Confitería Rex mantuvo su prestancia, aunque dejó de ser bailable después de un tiempo, para constituirse en un buen lugar de reunión donde se escuchaba música y se conversaba de bueyes perdidos... o no tan perdidos. Fue un buen lugar, sin duda alguna.

 
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